
Natural de Valdeolivas de la Sagra, Segismundo Porreta lleva presentándose a las elecciones de su pueblo desde 1982. Siempre cree que lo logrará, pero la anhelada alcaldía jamás llega. ¿La razón? Muy simple: no le cae bien a la mayoría de sus conciudadanos. ¿Tiene esto solución? Ninguna. Imposible. “¿Aunque las cosas de las que me acusan sean falsas y mi programa, objetivamente, sea el mejor?”, se cuestiona sudoroso el interpelado. Le responden sus vecinos, tú y yo: ninguna. Imposible.
Desgraciadamente, esto es lo que ocurre en UPyD. Y digo “desgraciadamente” porque somos muchos los que creemos que Rosa Díez habría sido una gran presidenta del Gobierno. Pero hay un hecho insoslayable: Rosa Díez no gusta a una mayoría de españoles. Justificadamente o no, tiene imagen de intransigente. Y estamos en un tiempo político en el que el diálogo real con todos los interlocutores es una exigencia ciudadana. Entonces, ¿tiene posibilidades UPyD de remontar su caída con Rosa Díez al frente? Ninguna. Será injusto o no, pero es así. Se ha tocado techo y ya solo queda caer, salvo que haya una reacción.
¿Existen esperanzas para UPyD? Por supuesto. ¿O acaso no cambia el panorama político cada dos meses de un modo vertiginoso? Por no haberse celebrado un congreso extraordinario antes de las autonómicas y municipales, en ellas pagará caro su inmovilismo. Pero, de ahí en adelante, puede atravesar una travesía por el desierto que al final purifique una imagen del partido ya muy deteriorada. Mi creencia: si se apuesta por Irene Lozano, habrá muchas perspectivas de mejora.
¿Por qué Irene Lozano? Porque defiende lo mismo que defiende Rosa Díez (solo las separa una estrategia a la hora de dialogar con Ciudadanos, dejando claro Irene Lozano que su postura es preguntar a los militantes qué quieren hacer y que ella no es partidaria de la fusión y sí de pactos concretos allí donde sea positivo para la ciudadanía), porque es tan esencia de UPyD como Rosa Díez y cualquiera de las caras más representativas del partido, que son muchas. Porque es dinámica, constructiva. Porque no es muy conocida aún (eso hoy es bueno) y, por lo que se la conoce, es siempre positivo, siendo su defensa de la militar Zaida Cantera un hito a tener muy en cuenta a la hora de dar un mensaje a la ciudadanía: nos ocupamos de ti, de todos. Porque, como periodista que es, siempre da una excelente imagen en los medios. Y eso es esencial hoy en nuestra mediatizada España (que se lo pregunten si no a Albert Rivera o a Pablo Iglesias).
¿Por qué Irene Lozano? Porque gusta a la gente y puede gustar mucho más cuando se la conozca. En definitiva, porque aún no tiene techo. Porque apostar por ella es lógico, natural y fácil.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
