La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Salgo del armario

Ante las repercusiones del caso Guillermo Zapata, ese concejal de Cultura de Madrid que ya no lo será y que incluso ha sido imputado por decir ciertas miserias morales en Twitter, quiero salir del armario y sacar a la luz parte de lo más truculento de mi pasado. Transparencia absoluta. Sí, puesto que soy el fundador del Partido Decente (con la escalofriante cifra de 40 seguidores en Twitter) y no es descartable que algún día llegue a ocupar La Moncloa, confieso:

He escrito relatos en mi blog en los que unos políticos corruptos reciben el castigo de ser orinados en la cara por un comando de musas justicieras. En Facebook me he ciscado en la madre de banqueros y empresarios ladrones pillados in fraganti. Hace mucho, desde lo más alto de la Sagrada Familia, me dirigí al pueblo catalán y grité “viva España”. Cuando Zapatero aprobó el matrimonio homosexual, me manifesté en contra (siempre he estado a favor de las uniones civiles entre homosexuales, pero entonces no quería que se las llamara “matrimonio”). De hace muchos años (como Pablo Casado y Albert Rivera, que, según algunos, son la misma persona), tengo decenas de fotos con el brazo en alto y bastantes menos con el puño en alto: nunca he sido fascista ni comunista, pero entonces “me hacía gracia” rememorar determinada simbología de la Guerra Civil que, eso de verdad, me apasionaba estudiar. He votado a Esperanza Aguirre.

Ahora me pongo serio. Salvo las dos primeras cosas, me avergüenzo del resto. Hoy no las volvería a hacer, pero forman parte de lo que soy. Todo el mundo tiene derecho a evolucionar, a madurar. Lo cual no quiere decir que, a lo largo de toda nuestra vida, haremos muchísimas más gilipolleces. No me gusta lo que escribió Guillermo Zapata. Aún menos lo que salió de la cuenta de Twitter de su compañero Pablo Soto, que, pese a interesarle menos a quienes orquestaron una campaña mediática de proporciones desmesuradas, pidió “empalar a Toni Cantó”. En general, no me gusta la excesiva tensión que se respira en las redes sociales por parte de muchos intolerantes con afán de protagonismo.

Pero aún hay algo que me gusta menos que todo eso: la renovada Inquisición. ¿De verdad merece la pena rastrear en el pasado de todo nuevo cargo público? ¿No existe el derecho a la segunda oportunidad, a enmendar los errores? Dudo mucho que alguna vez pase de presidente de la Peña Taurina Casa Malavia, pero, por si acaso el destino me tiene preparado algo más apasionante, aquí está mi cabeza. Hoy he salido del armario. Transparencia absoluta: sí, he hecho muchas tonterías.

PD: Artículo publicado en Cuadrilátero 33, dentro del combate ‘El caso Zapata y la doble vara de castigar.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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