La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Cataluña, más que una nación, es un régimen

Parto de una base: salvo que seas David de Gea, si eres futbolista y quieres irte de un club, al final te vas. Con Cataluña pasará lo mismo: si realmente el pueblo catalán, en su mayoría, no quiere ser España, al final dejará de ser España. Eso sí, ya que nos embarcamos en tamaña aventura (no deja de serlo desgajar a una sociedad de un miembro esencial), comprobemos al menos que, efectivamente, el proceso es limpio.

Permítaseme que lo dude. Varios síntomas así me lo hacen ver. El principal: si los soberanistas catalanes llevan años exigiendo un referéndum (“lo que quiera como mínimo la mitad más uno”), ¿por qué ahora, ante lo que quieren vendernos como un plebiscito y no unas elecciones autonómicas, ponen el listón en la simple suma de escaños? ¿Será porque las encuestas no indican que la mitad más uno de los catalanes que votarán el 27-S están realmente por la independencia? Y, ya de paso, ¿por qué, si todos sabemos que Artur Mas lideraría el proceso postelectoral, se esconde en el cuarto lugar de una lista? ¿El 28-S habrán de renunciar el primero, el segundo y el tercero de dicha lista? ¿Y esto no es una chapuza disfrazada de consenso?

Por cierto, ¿vieron al teórico número uno de la lista independentista, Raül Romeva, entrevistado en la BBC hace unos días? Hablo como ciudadano y periodista devorador de entrevistas a políticos de toda condición: hizo el ridículo. No tanto por lo que dijo entre balbuceos (que también), sino por un momento clave. Cuando el riguroso entrevistador (así son los periodistas de verdad, casi siempre británicos) le citó a Jordi Pujol, él se rió, como diciendo “ya me imaginaba que iría por ahí”… ¿Y qué esperaba? El otrora prohombre de Cataluña, líder de un clan envuelto en mil corruptelas, siguió el mismo patrón de los tunantes marca España que, cuando su poltrona se extiende durante décadas, se creen que un territorio es patrimonio personal (el PSOE en Andalucía o el PP en Valencia). ¿Lo peor? El sincero desgarrarse la camisa de una inmensa mayoría de la sociedad catalana, que se quedó boquiabierta cuando supo que su patrón había sido un ladrón. ¿De verdad resultaba tan extraño?

Tamaña ceguera solo la predispone un régimen, aunque sea plenamente democrático. Educación manipulada (y no hablo de la lengua), medios controlados (lo de TV3 supera las desfachateces de todas las televisiones autonómicas juntas, pues, a su servidumbre de un partido, suma el ser instrumento que alumbre el surgimiento de un Estado), equiparación de sus políticos con mesías que, en caso de ser investigados por la Justicia (de una democracia), reflejan un “ataque a la nación”… En definitiva, un estado de ceguera colectivo. Concluyo con otro guiño deportivo: ¿cómo se entiende, si no, que la simple apelación a que una Liga catalana integre a todos sus clubes de fútbol sea vista como un estrambote españolista? Porque, digo yo, ¿para qué quiere ser el Barça campeón de España pudiéndolo ser de la anhelada Cataluña?

Artículo publicado en Cuadrilátero 33, dentro del debate ‘España se juega su unidad en las elecciones catalanas.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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