La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

No hay debate ante los refugiados

Puedo debatir sobre la unidad o no de una nación, sobre los posibles excesos de una ley, sobre el modelo político y económico más justo en un determinado ámbito, sobre si la tauromaquia es arte o simple maltrato… Pero, ante el drama de los refugiados que llaman a las puertas de Europa, en lo que es la mayor crisis humanitaria desde la II Guerra Mundial, lo siento pero no, no hay debate posible. Solo una obviedad: urge la acogida. Porque es justa. Porque es necesaria. Porque lo contrario es, simplemente, la deshumanización de lo que queda de los homo sapiens sapiens, esa especie capaz de lo mejor y lo peor que somos nosotros.

No exijo a nuestros gobernantes que actúen sin orden ni concierto, sí que actúen de verdad, ahuyentando los prejuicios y los intereses egoístas. La Unión Europea, ese ente levantado a modo de milagro tras siglos de guerras, caos, robos y odios, existe solamente por la evidencia que un día unos pocos líderes consensuaron, encendiendo las ascuas del deseo en la masa: juntos podemos ser más. La nueva Europa no debía ser solo un conglomerado de intereses económicos y comerciales. Estaba destinada a tener alma, a ser un motor de cultura, respeto, creación, identidad multicolor pero con ecos de ilustrados pasos. Hoy todos somos conscientes de su corrupción, como la ONU, pero aún no todo está perdido. Esos sueños de ser mejores, que pese a todo anidan en la mayoría de los europeos, tienen ahora una última oportunidad acogiendo como es debido a los cientos de miles de refugiados que huyen de una muerte segura bajo el machete del yihadismo, la dictadura y la guerra (auspiciados en buena medida por empresas y gobiernos que están dentro de nuestras fronteras y que se lucran con un negocio de sangre). Es la acogida o la nada: si no, ¿para qué seguir siendo algo sin sentido?

Si Turquía acoge a casi dos millones de sirios, Líbano a casi un millón (en un país de cinco millones de habitantes) o Jordania a 620.000, ¿de verdad es tan inasumible como algunos quieren hacer ver que la Unión Europea, una potencia mundial de primer orden, no pueda hacer lo propio con 400.000 personas en una situación absolutamente desesperada? Toca actuar, y hacerlo ya. Y nada de migajas: un sistema coordinado, equitativo y acorde a la potencialidad de cada estado miembro. Y nada de estereotipos: los gobiernos húngaro y eslovaco abochornan el sentido común cuando dicen que no aceptarán a musulmanes. Esto no es una ONG: es un compromiso de primer orden en el que lo prioritario es ofrecer una salida real y eficaz (un hogar, un trabajo, una educación para los más jóvenes) a personas, más allá de sus ideas, creencias, raza, género o preferencias sexuales.

Lo contrario tiene un nombre: fundamentalismo. El mismo que ha ocasionado el mayor drama en seis décadas. La Europa que merece la pena sobrevivir no es así. Aún estamos a tiempo. Demostrémoslo.

Artículo publicado en Cuadrilátero 33, dentro del debate La crisis de refugiados marca la Europa del mañana.

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