La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Irene Lozano y el cainismo en UPyD

Son muchos los amigos que me preguntan qué opino de “lo de Irene Lozano”. Evidentemente, no voy a dar la callada por respuesta. En primer lugar: me siento muy decepcionado, hasta el punto de, por primera vez en mi vida, saberme absolutamente huérfano en política. Sobre todo porque me apena que, quien lleva años luchando con todas sus fuerzas por una alternativa a los males del bipartidismo (corrupción a manos llenas, politización de la Justicia, reforma de la Ley Electoral para que el voto de cada ciudadano valga lo mismo, llamada a que el Estado recupere las competencias en Sanidad y Educación), haya de conformarse con mejorar la democracia interna de uno de los dos grandes partidos. El reto no es pequeño, pero se me antoja muy escaso. Las grandes aspiraciones son imposibles en un PSOE que es parte esencial de ese sistema.

Dicho esto, quiero que quede claro que respeto absolutamente la decisión de Irene Lozano. No creo que lo haga por afán de poder o apego a la silla. Es una persona muy válida, apasionada por la política y, por su juventud, está llamada a hacer grandes cosas. Lo va a hacer fantásticamente bien en el PSOE y, si llega a ministra, seguramente en Asuntos Sociales o Defensa, dejaría huella en su mandato. Me consta lo muchísimo que ha luchado en UPyD por conseguir su sueño: que los magenta fueran la alternativa para construir una España más justa y profundamente democrática. Pudo haberse ido a casa cuando algunos de sus compañeros de partido la tacharon de traidora por discrepar en la estrategia a seguir. Siguió por compromiso con sus ideas y con personas muy válidas que trabajaron a su alrededor en una candidatura, Renovadores UPyD, que, de haber conseguido el apoyo de la mayoría de sus militantes, habría dado el impulso necesario para recuperar el UPyD de las esencias, el de los primeros tiempos. No ha sido así y, ahora, elige un camino. No es el mío, pero la respeto y la apoyo, pues tengo la creencia de que lo hace de buena fe.

Finalmente, hay un hecho que ha de hacer reflexionar en UPyD: al partido lo ha destrozado su cainismo. En solo unos meses se ha desmoronado de un modo miserable por los ataques cruzados de sus representantes en los medios y, sobre todo, en las redes sociales. Puede haber tensión entre las dos almas de un partido, pero que dé la sensación de que solo una puede subsistir da idea de que las sanas ideas de este partido (el mejor proyecto posible para España) está podrido en su raíz: la “democracia” interna. El máximo estrambote se ha vivido hoy, cuando Rosa Díez ha pedido “perdón” por contar en su día con Irene Lozano. Por favor, hablamos de la Diputada del Año por su mayor compromiso social… Sé que muchos de los miembros o simpatizantes de Renovadores UPyD que aún siguen en el partido han sido orillados y despreciados por el simple hecho de haber apoyado a Irene Lozano. Este no es el UPyD que un día me ilusionó.

Así, ante el 20-D, tengo tres cosas claras: que votaré, que aún no sé a quién y que, tras hacerlo, por primera vez en mi vida no regresaré a casa ilusionado.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Lo más leído