La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Un voto contra el odio y por la Constitución

Lo he intentado hasta el final, pero mañana no votaré a UPyD. Mis ideas siguen concordando con las del partido que más me ha ilusionado en toda mi vida y al que he defendido durante años con pasión; como ciudadano de a pie y no militante, en ciertos sentidos, me ha permitido hacer política real. Pero si con algo no trago es con la incoherencia. Así, no puedo confiar hoy en un partido que pretende sanear nuestra democracia y en cuyo seno esta ha sido vilmente arrastrada: de unas primarias a la dirección del partido se hizo una guerra civil despiadada, con insultos y argucias de todo tipo. Yo lo viví de un modo cercano, pues apoyé a la candidatura de Irene Lozano simplemente como un voluntario externo. Y aún así me salpicó ese maldito fragor de la batalla donde unos y otros erran tachados de traidores.

¿Se imagina alguien esto en un partido normal? ¿Es lógico que, tras unas primarias, el “bando perdedor” se haya de dar baja del partido casi en bloque por un clima tan irrespirable? Y es que, a los que no se fueron, si destacaron mucho en su apoyo a Irene Lozano, ya se les negó el pan y la sal (conozco casos). En UPyD sigue habiendo políticos de primera condición a los que votaría sin dudarlo (pienso, sobre todo, en Beatriz Becerra). Pero hoy hay un desierto en la dirección. Mis últimas dudas se disiparon esta semana cuando, en Twitter (es tremendo que un partido se haya suicidado en una red social, pero su gran sangría ha venido por aquí), gentes destacadas del partido seguían apoyando mofas contra Irene Lozano y Toni Cantó. ¿Para qué este ataque gratuito? ¿Para qué ofender a militantes que apoyaron a su candidatura y que hace solo cuatro meses logró casi la mitad de los votos? ¿Para qué evidenciar ese odio paralizante?

Sin ilusión, mañana voy a votar a Ciudadanos. Me es impensable apoyar al bipartidismo que ha hecho de España una barra libre para lucrarse y que no ha querido avanzar hacia una democracia más plena (lo peor, la politización de la Justicia). Y lo que jamás haré será votar a Podemos: tras su sonrisa se esconde un discurso del odio y la revancha contra quienes no piensan como ellos. Cuando dicen ser “la voz del pueblo”, digan lo que digan, jamás piensan en ciudadanos de un componente tradicional y conservador. En esta misma línea, pese a las muchas iniciativas orientadas hacia la equidad, lo que me fascina, tampoco votaría nunca a IU.

Por todo ello, mañana votaré a Ciudadanos. Por estar frente a toda esa oleada negativa, por compartir muchas ideas con UPyD (aunque no llegan a su nivel de exigencia y soy consciente de que han emergido por una operación de marketing impulsada desde la élite del país, temerosa de la caída del bipartidismo y el auge de Podemos), por ser una voz significativa para caminar hacia una Cataluña en España y, sobre todo, por su apoyo explícito a los logros del régimen del 78, en especial la Constitución de todos. Hay que reformarla, sí, pero no es el “candado” que muchos, desde el discurso del odio y la tabla rasa, quieren hacer ver.

Si UPyD vuelve a ser lo que era, contará con mi apasionado apoyo. Si surge una nueva fuerza que recoja ese testigo fiel de lo que fue UPyD, contará con mi apasionado apoyo. Hoy, sin una ilusión desmedida, voto a Ciudadanos.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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