La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

No es la segunda Transición

Mariano Rajoy no es Adolfo Suárez, Pedro Sánchez no es Tierno Galván y, desde luego, Pablo Iglesias no es Santiago Carrillo. Me encantaría formar parte de la explosión de algarabía que algunos ostentan y felicitarme porque esta es la oportunidad idónea para que nuestros políticos demuestren que son personas con altura de miras y entrarán en una dinámica de pactos que salvaguarde, ante todo, el mínimo y esencial bien común.

Será que soy un gruñón, pero soy de los convencidos de que dentro de tres meses estamos votando de nuevo en unas elecciones generales. En ellas, por cierto, cuando la mayoría de la gente vaya a “asegurarse” y no haya tanto voto fraccionado, creo que los sufragios se van a concentrar en dos opciones: en la derecha, el PP; en la izquierda, aunque la lógica dicte que se opte por “lo malo conocido”, tengo la sensación de que Podemos se comería a un PSOE liderado por un timorato Pedro Sánchez.

Precisamente, en el líder socialista está la clave de bóveda de los próximos acontecimientos. Y es cierto que su posición es complejísima: si se abstiene con Ciudadanos y deja gobernar a Rajoy, el PSOE muere por una década, siendo muy pocos los que le reconoceremos su generosidad por asegurar un Ejecutivo estable en un tiempo convulso (y que no tendría la barra libre de la mayoría absoluta, sino que habría de vérselas con su función fiscalizadora). Si trata de aglutinar a la izquierda, entonces también se arroja al vacío: no solo es que Podemos sería su gran sustento y a la vez su gran devorador de apoyo popular (salvo que Pablo Iglesias se empeñe en lo contrario, como hace ahora, haciendo ver que su prioridad es un referéndum en Cataluña y no un conjunto de políticas sociales de choque); no solo es que IU habría de aliarse al fin con el liderazgo podemita que los acaba de rechazar como pareja de baile; no solo es que deba contar con los independentistas catalanes de ERC o la antigua Convergencia que se están saltando la ley a la torera; no solo es que, como mínimo, habría de contar con la abstención de un PNV que no se ha echado al monte con Urkullu pero sí está en sus antípodas ideológicas… Es que habría de lidiar con todo eso a un tiempo. Ahora y durante una legislatura. Porque, por si faltara poco, debería sacar cada ley de mínimos con efecto retardado, pues le sería devuelta tristemente por un Senado con mayoría absoluta azul.

Haga lo que haga, Pedro Sánchez está abocado al fracaso. Obviamente, no es la solución ideal, pero lo más razonable sería volver a convocar a los españoles y que estos opten por la brocha gorda. Es triste, sí, pero toca aceptar un drama: ni somos Suecia ni nuestros políticos actuales tienen la capacidad de consenso de los que pergeñaron la Transición desde el empuje de un pueblo ilusionado.

Artículo publicado en Cuadrilátero 33, dentro del combate Tiempo de pactos o nuevas elecciones.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Lo más leído