La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

No a una Europa sin entrañas de madre

Hubo un día, antes de nacer yo, en que la simple mención de Europa evocaba en los españoles ilusión, anhelo, orgullo. No obstante, salíamos de la caverna de Platón. Creo que ya quedan pocos que aún no han desvelado la farsa y siguen inertes ante la jodida realidad: la Unión Europea no es Europa, sino simplemente un conglomerado diseñado por una élite financiera para mantener el máximo tiempo posible su estatus privilegiado, levantado sobre un montón de miseria e inequidad. Hasta que el chiringuito aguante, los de siempre seguirán sosteniendo la apariencia de función. Espero que sea pronto cuando bajemos el telón. Los que queremos una Europa con alma, con entrañas de madre.

Este conjunto de intereses podridos es el que hace oídos sordos ante el sufrimiento de los parados, de los engatusados en hipotecas impagables, de los cegados por lobbies bastardos, de los desahuciados, de los que se han quedado al margen de aulas y quirófanos. Pero si hay algo que ejemplifica todo es la indiferencia ante los refugiados que claman una mínima acogida ante nuestras puertas. Hay 60 millones de exiliados por la guerra o la persecución en todo el mundo. A la Unión Europea, a la pretendida potencia mundial que dice ser la UE, han llegado un millón de personas sin nada. Todos conocemos la respuesta: excusas, migajas, oídos sordos. La nada.

Hace cinco meses la sociedad europea se convulsionó ante la imagen de un niño muerto en una playa. Hoy la misma Europol, la agencia policial europea, reconoce que 10.000 niños refugiados llegados en el último año están en paradero desconocido. Perdidos, con el gravísimo riesgo que para muchos es realidad de caer en manos de mafias. ¿Las consecuencias? Adopciones ilegales, tráfico de órganos, explotación laboral, prostitución forzada. El drama es mayúsculo… Y no pasa nada. Los medios, esta vez, apenas han contado los hechos, que, por tanto, no son noticia. Por tanto, no hay clamor, ni peticiones de explicaciones a nuestros gobernantes, conscientes plenamente de esta pavorosa situación. La dictadura mediática es el mayor síntoma de cuanto ocurre: medios ni siquiera entregados a una ideología o unas siglas, sino al servilismo a empresas, a las multinacionales que dirigen la rapiña en los países de los que huyen los refugiados.

Europa es una gran ramera. Sin alma, sin sentido, no merece la pena. Volvamos a la caverna de Platón y calentémonos al fuego. Todos valiendo lo mismo, aunque sea poco.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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