La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

El día para que renazca UPyD

Hubo un tiempo en el que tenía convicciones marcadas: me sentía “orgulloso” de ser español, católico, taurino, madridista… Y de UPyD (antes, sí, del PP). Me siento agradecido con la vida por haberme enseñado a estar en este mundo con mucha más humildad. Ya no me siento orgulloso de nada de eso, aunque siga formando parte de mi ser. Antes bien, defiendo como puedo ideas y creencias esenciales que espero que maduren en mí a lo largo de todo mi discurrir vital. Mientras, solo creo de verdad en las personas. En la buena gente sí que me entrego con confianza, y me siento orgulloso de lo que son.

Muchas veces he aprendido estas cosas a base de decepciones. Es lo que me ha pasado con UPyD. Sigo creyendo en sus principios fundamentales, que son los que deseo para mi país: equidad, separación de poderes, una democracia más profunda. Pero ya no idealizo a las personas que han vehiculado esas ideas. Hoy, Rosa Díez ha dejado el partido que fundó. La han acompañado, entre otros, Carlos Martínez Gorriarán y Andrés Herzog, pidiendo todos la desaparición de las siglas que un día alumbraron. A todos los he admirado, pero lo de Rosa Díez era especial: nunca he defendido a nadie con tanta pasión y fe ciega como a ella. Por eso hoy abrigo sentimientos contradictorios: al pesar por la nostalgia de lo que fue se une la alegría porque se cierra una pesarosa agonía. Rosa Díez fue la llama que prendió una causa justa, pero también ha sido la sombra paralizante que ha estado a punto de apagarla.

Que nadie se engañe, lo que han hecho hoy los fundadores de UPyD ha sido un golpe sentimental en toda regla. No ha habido tanques en las calles ni tiros en las cortes, pero sí se ha intentado chantajear moralmente a los miembros del partido que aún creen que este debe seguir. Muchos de ellos, con Gorka Maneiro a la cabeza, han comprobado al fin lo que muchos vaticinábamos: el personalismo, la incapacidad de dialogar o el señalar al compañero crítico como un traidor estaba ahogando un proyecto sano, justo y necesario; deformándolo, prostituyéndolo. Con su “jugada”, los tres y muchos más que conforman un trágico búnker de esencias podridas quieren hacer ver eso mismo: que los que siguen, encabezados por Gorka Maneiro, son unos traidores.

Por todo ello, precisamente hoy y tras meses de desilusión absoluta con UPyD, al que me negué a votar en las últimas elecciones generales, vuelvo a ilusionarme mínimamente. Nada de orgullo ni de fe ciega. Pero al fin, aunque sea tristemente, ya no están los representantes de lo que han sido lo mejor y lo peor del partido magenta. Tampoco están muchos que me ilusionaron aún en esta última etapa, como Irene Lozano o Toni Cantó. Y muchos más, a los que no cito porque somos amigos y son demasiados para que entren aquí. El panorama es prácticamente de desierto. Pero también de tibia esperanza. Ya no están los entregados a las amenazas, al dedo acusador, a la piedra en la mano a punto de ser arrojada en la cara de un compañero. En el silencio, la brisa fresca de un nuevo día despunta ligeramente. Queda buena gente y quedan las mejores ideas. Ni siquiera sé si este mínimo despunte me dará para votar otra vez a UPyD, pero al menos me alegro en este buen día para la formación. Los chantajistas han quedado desnudos. Al fin, ya a todos se les ha debido caer la venda de los ojos. Renazca o no, hoy UPyD es más puro que ayer.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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