Ruptura en la cima entre política y tecnología en EE UU

Trump y Musk: ¿quién esconde un AS bajo la manga?

La batalla pública entre el presidente de EEUU y el hombre más rico del mundo dinamita una alianza clave y abre incógnitas sobre el futuro de la política republicana y los negocios del magnate

Trump vs Musk
Trump vs Musk. PD

Este sábado, 7 de junio de 2025, la política estadounidense asiste atónita a la implosión de una de sus alianzas más poderosas: la que unía a Donald Trump y Elon Musk.

Apenas cuatro meses después de sellar un pacto destinado a transformar Washington, ambos se han declarado la guerra en público, cruzando acusaciones y amenazas que resuenan tanto en los pasillos del poder como en las bolsas de valores.

Las palabras clave aquí son poder, influencia y negocios.

La ruptura no solo desgarra el núcleo duro del movimiento MAGA, sino que amenaza con alterar el equilibrio entre los intereses empresariales y las estrategias políticas del Partido Republicano.

La pregunta central: ¿Quién tiene realmente las cartas en esta batalla?

¿Sale perdiendo Musk por su enfrentamiento con el presidente o será Trump quien vea resquebrajada su hegemonía?

Una alianza que prometía cambiarlo todo

La relación entre ambos arrancó con promesas grandilocuentes: eficiencia gubernamental, reformas radicales y un apoyo mutuo sin fisuras. Musk, que había donado cerca de 300 millones de dólares a los republicanos en 2024, fue recibido por Trump en el Despacho Oval como un “líder empresarial ejemplar”, dispuesto a poner su ingenio al servicio del país.

La luna de miel duró exactamente 136 días. Todo saltó por los aires cuando Musk criticó abiertamente una ley republicana impulsada por Trump, tachándola de “abominación repugnante” por eliminar exenciones fiscales clave para vehículos eléctricos, lo que afectaba directamente a Tesla. Trump respondió asegurando que Musk renunció porque él se lo pidió e insinuó que podría cortar todos los contratos gubernamentales con las empresas del magnate.

La escalada fue inmediata. Musk contraatacó en X (antes Twitter), reivindicando su papel decisivo en la victoria republicana (“Sin mí, Trump habría perdido las elecciones”) y lanzando acusaciones sin pruebas sobre la supuesta implicación de Trump en el caso Epstein. El presidente replicó amenazando con eliminar subsidios y contratos federales para Tesla y SpaceX, que suman decenas de miles de millones de dólares.

El pulso político: ¿quién pierde más?

La ruptura deja al Partido Republicano ante un dilema inédito. Por un lado, Trump conserva el control institucional y el respaldo mayoritario del partido. Su capacidad para influir en políticas regulatorias y contratos públicos sigue siendo enorme; puede poner trabas significativas a los intereses empresariales de Musk si decide llevar sus amenazas hasta el final.

Por otro lado, Musk no es solo un empresario más. Su fortuna personal —la mayor del mundo— le permite financiar campañas enteras, crear movimientos alternativos e incluso amenazar con fundar un tercer partido político que podría fragmentar el voto conservador durante años. Ya ha empezado a movilizar a su base digital —decenas de millones de seguidores— para desafiar abiertamente al aparato republicano tradicional.

Los republicanos se debaten entre dos fuegos:

  • Mantener la fidelidad a Trump, imprescindible para sobrevivir políticamente hoy.
  • No enemistarse con Musk, cuyo apoyo financiero será clave para campañas futuras.

Algunos senadores y congresistas intentan mediar o rebajar tensiones. Otros guardan silencio ante el temor a quedar atrapados entre dos potencias capaces de arruinar carreras políticas o dejar campañas sin fondos.

Impacto directo en los negocios de Musk

La repercusión inmediata se ha sentido también en Wall Street. Desde que comenzó la disputa pública, las empresas de Musk han perdido alrededor de 34.000 millones de dólares en valor bursátil. La mera posibilidad de que Tesla o SpaceX pierdan acceso a contratos federales —como insinúa Trump— ha puesto nerviosos a inversores e incluso directivos internos.

  • Tesla depende en parte importante de incentivos públicos para vehículos eléctricos.
  • SpaceX tiene contratos multimillonarios con la NASA y el Departamento de Defensa.
  • Starlink también recibe subvenciones federales para expandir sus servicios.

Si el enfrentamiento se prolonga o Trump materializa sus amenazas, Musk podría ver recortada una parte vital del flujo de ingresos futuros para sus compañías.

Por otro lado, Musk ha demostrado resiliencia empresarial frente a crisis políticas previas. Su capacidad para diversificar mercados —con inversiones crecientes fuera de EE UU— podría amortiguar parcialmente el golpe si opta por acelerar su internacionalización o buscar alianzas fuera del marco federal estadounidense.

¿Daño o catapulta para Musk?

El efecto sobre la reputación pública del magnate es ambivalente:

  • Entre inversores institucionales y grandes clientes gubernamentales puede ser visto como un riesgo creciente.
  • Sin embargo, para una parte significativa del electorado conservador desencantado con Trump —y para libertarios o independientes— Musk refuerza su imagen de outsider dispuesto a enfrentarse al establishment político.

Además, la guerra abierta le ofrece visibilidad para lanzar nuevas iniciativas políticas propias (como el anunciado referéndum digital sobre crear un tercer partido) o incluso preparar una eventual candidatura futura.

Un futuro abierto: ¿quién dominará el tablero?

Ninguno sale indemne —al menos a corto plazo— pero ambos conservan armas poderosas:

  • Trump puede castigar económicamente a Musk desde Washington.
  • Musk puede erosionar el bloque republicano tradicional con su influencia financiera y mediática.

El desenlace dependerá ahora tanto del pulso interno republicano como de la reacción del mercado ante posibles represalias reales contra Tesla o SpaceX. Mientras tanto, la fractura deja al descubierto una verdad incómoda: cuando política y negocios chocan al más alto nivel, nadie tiene todas las cartas garantizadas.

En este duelo titánico entre poder político e innovación empresarial, lo único seguro es que ni el Partido Republicano ni Silicon Valley volverán a ser los mismos tras este choque público entre dos gigantes que aspiraban —hasta hace días— a gobernar juntos Estados Unidos.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído