Todo es muy confuso.
Pero la cosa pinta rara.
Delcy Rodríguez asumió este lunes el cargo de presidenta interina de Venezuela.
Lo hizo bajo la mirada expectante de Donald Trump.
El presidente estadounidense la eligió, aparentemente, para traer estabilidad al país tras la detención de Nicolás Maduro.
Sin embargo, esta jugada tiene todos los visos de terminar en un sangriento fracaso.
Siguen sufriendo en mazmorras infames un millar de presos políticos y la ciudadanía venezolana, la mayoría decente de la población, no acepta el chavismo reciclado.
Si deciden salir a las calles, el pacto entre los jerarcas chavistas y la Casa Blanca saltará en pedazos.
La operación fue precisa. Fuerzas estadounidenses arrestaron a Maduro y su esposa Cilia Flores en Caracas, llevándolos a Nueva York bajo cargos de narcoterrorismo. Trump celebró este hecho, afirmando que Venezuela es un «Estado fallido» que necesita volver al orden.
Su secretario de Estado, Marco Rubio, detalló el plan: nada de empezar desde cero. Delcy asegura control militar y policial, lo que evitaría un caos tras la caída de Maduro.
Sin embargo, Delcy no es precisamente Adolfo Suárez.
Tal comparación, que no ha sido hecha por Trump sino por algún analista desde España, resulta poco apropiada.
Mientras que Suárez fue clave en la transición española hacia la democracia, Delcy, como vicepresidenta chavista, ha estado rodeada de escándalos.
En España, el Delcygate le dejó una mancha; viajó a Madrid esquivando sanciones y se le vincula con acusaciones relacionadas con financiación del PSOE desde PDVSA, así como con el rescate de Plus Ultra y encuentros con Koldo en Caracas. Su nombramiento parece dar alas al «corrupto sanchismo», según sus detractores.
Las amenazas de Trump son claras. En una entrevista con The Atlantic, advirtió: “Si no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente mayor que Maduro”. Exige acceso total al petróleo: carreteras, puentes, todo para llevar a cabo una reconstrucción. Si se opone, promete un «segundo golpe». En este sentido, Rubio respalda esta postura: se juzgará por acciones concretas y no por palabras vacías. Mantienen el embargo petrolero como herramienta clave.
En Venezuela, la cúpula militar muestra desconfianza.
Figuras como Vladimir Padrino y Diosdado Cabello sostienen actualmente el gobierno. Los paramilitares bajo mando de Cabello patrullan Caracas en motos o a pie, apuntando a comercios y transeúntes mientras buscan ejercer control absoluto. Por su parte, Delcy parece dispuesta a perpetuar el chavismo bajo amenaza mortal; su discurso ha cambiado ligeramente al aceptar «trabajar conjuntamente» con EE.UU., invitando así a una agenda cooperativa.
La oposición clama con fuerza.
María Corina Machado exige libertad para los presos políticos; hay cerca de mil personas tras las rejas, muchos torturados en el Helicoide. «Las dictaduras no se derrocan a medias», afirmó Alberto Núñez Feijóo, quien defiende a Machado, resaltando que «ella representa la vía democrática». Los venezolanos residentes en España han salido a manifestarse celebrando el arresto de Maduro, exigiendo un proceso democrático en Madrid, Barcelona y otras ciudades.
Antecedentes de una transición forzada
Venezuela no comienza desde cero; lleva 27 años bajo el dominio del chavismo.
Las elecciones del 2024 fueron robadas por el dictador: aunque ganó Edmundo González, tuvo que huir. Antes de las elecciones, se vetó a Machado -y a su primera opción -, algo que parece ignorar Trump al optar por un enfoque pragmático que evita repetir errores del pasado como los vividos en Irak. Busca estabilidad para asegurar el petróleo venezolano.
Analistas como Enderson Sequera apuntan que tiene sentido: si bien es cierto que Delcy mantiene el control del aparato represor, no opuso resistencia alguna durante la captura de Maduro.
Por su parte, Jorge Rodríguez, hermano de Delcy, presidió hasta ahora la Asamblea Nacional y cuenta con el respaldo del Tribunal Supremo chavista para validar esta transición; sin embargo, opositores denuncian su inconstitucionalidad ya que la Constitución estipula elecciones dentro de 30 días. Pero Washington ya ha dictado sus condiciones: entre 12 y 24 meses para estabilizarse y reactivar así a PDVSA.
Durante años, mediaciones como las realizadas por Zapatero, cercano al clan Rodríguez, han buscado soluciones; sin embargo dentro del PSUV no gozan del apoyo masivo necesario para llevarlas a cabo. Fuentes aseguran que el equipo de Machado intentó obtener poder mediante Washington pero fracasaron rotundamente. Como bien dice Rubio: «María Corina es fantástica, pero la oposición no está en Venezuela».
Tensiones en la calle y riesgos de violencia
La población enfrenta una dura realidad mientras compra comida y combustible con nerviosismo palpable; temen una explosión social si Delcy no libera pronto a los presos políticos encarcelados injustamente. Es urgente liberar al millar aún tras las rejas; Machado pide apoyo internacional: «Venezuela será libre».
Feijóo resume bien ese sentimiento generalizado: no se derrocan dictaduras haciendo concesiones suaves. Los venezolanos en España continúan manifestándose exigiendo el regreso seguro tanto de Machado como González.
Mientras tanto, Cabello moviliza paramilitares para vigilar puntos estratégicos; esto infunde miedo entre los ciudadanos. Si finalmente deciden salir masivamente a protestar podría desencadenarse un baño de sangre terrible. El pacto entre Casa Blanca y chavistas es extremadamente frágil; Delcy deberá decidir entre obedecer las órdenes provenientes desde Washington o ceder ante las presiones del PSUV radical.
Cómo puede evolucionar: escenarios posibles
- Escenario 1: Obediencia de Delcy: Libera presos políticos y abre las puertas al petróleo; se establece una transición controlada durante 12-24 meses donde EE.UU. levanta sanciones parciales; hay estabilidad pero también mutaciones dentro del chavismo.
- Escenario 2: Resistencia chavista: Cabello junto con militares desafían abiertamente cualquier intento estadounidense; Trump activa un «segundo golpe», resultando en más arrestos e incremento del caos y violencia callejera.
- Escenario 3: Pueblo en las calles: Una masiva protesta ciudadana emerge frente a esta situación; los paramilitares responden brutalmente generando un baño de sangre impresionante; la oposición regresa impulsada por apoyo internacional logrando así una rápida pero sangrienta transición democrática.
Rubio señala momentos cruciales en las próximas dos o tres semanas mientras Trump gestiona todo desde lejos exigiendo acabar con narcotráfico, pandillas e influencia iraní sin mencionar explícitamente democratización alguna.
Delcy prometió defender los recursos nacionales aunque suavizó su postura hablando sobre paz y diálogo; Trump respondió claramente diciendo que «no tiene más opción». La presión sigue aumentando.
En Caracas reina la confusión total entre los ciudadanos quienes dudan sobre Delcy alegando simplemente que es «lo mismo» que Maduro; si ignora derechos humanos fracasará inevitablemente pues su legitimidad realmente dependerá tanto de Machado como González.
