ELECCIONES DEL 8 DE FEBRERO

Aragón: la socialista Pilar Alegría se despeña en la encuestas víctima de Pedro Sánchez y de sus imposturas

Las encuestas previas a las elecciones muestran al PSOE en un descenso alarmante en la comunidad, con la exministra a 10 puntos del PP y sin opciones viables de gobernar

Pilar Alegría (PSOE).
Pilar Alegría (PSOE). PD

Dicen que el cacharrazo será monumental.

Y razones sobran.

Pilar Alegría se enfrenta el próximo 8 de febrero a una situación que cualquier candidato consideraría desastrosa.

Las encuestas más recientes son contundentes: la exministra de Educación y portavoz del Gobierno de Pedro Sánchez ha pasado de tener un despacho en la Moncloa a enfrentarse a un desplome electoral sin precedentes en su comunidad autónoma.

La más reciente, la del sanchista El País este mismo viernes, vaticina que Aragón se encamina a un escenario similar al de Extremadura: pequeña subida del PP y doble de diputados para VOX y cacharrazo del PSOE.

A 16 días de los comicios autonómicos, el sondeo muestra una caída de cinco escaños del partido de la impostada Pilar Alegría.

Ni el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de Tezanos puede vender la mentira y refleja que su intención de voto se sitúa en un escaso 26,7%, frente al 35,3% que logra Jorge Azcón, una diferencia de casi diez puntos que resulta especialmente humillante, sobre todo viniendo del mismo instituto que históricamente ha sido benevolente con los intereses del Ejecutivo socialcomunista.

Cuando ni siquiera el árbitro local te da opciones, el problema no es la encuesta: es el candidato.

Los números se vuelven aún más crueles al examinar la proyección de escaños.

El PSOE podría pasar de los 23 diputados actuales a un rango entre 17 y 23, según el CIS, aunque otras encuestas como la realizada por Sigma Dos apuntan a que podrían ser apenas 18 escaños, acercándose al mínimo histórico para los socialistas en unas elecciones autonómicas. La fuga de votos es notable: un 8% de los votantes socialistas de este año se irían directamente al PP, mientras que otro 3,1% optaría por Vox, y un preocupante 19,5% permanece indeciso. Esto no parece ser una mera fluctuación temporal, sino una erosión estructural que pone de manifiesto el rechazo profundo que sienten los aragoneses hacia la candidata.

El fantasma de Lambán y la ausencia del «efecto ministra»

La comparación histórica resulta inevitable y devastadora. Javier Lambán atravesó una crisis similar en 2015 cuando Pablo Echenique y Podemos hicieron su aparición con fuerza en la política aragonesa. Ahora, Alegría repite ese guion trágico, pero sin la justificación de una irrupción externa.

El «efecto ministra» que el PSOE esperaba que catapultara a su candidata ha demostrado ser solo un espejismo. No hay tirón mediático, no hay entusiasmo entre sus bases y tampoco hay remontada milagrosa. Alegría no suma: resta. Y esto ocurre en una comunidad donde el socialismo siempre ha tenido una fuerte implantación territorial y una estructura orgánica que debería haberle permitido competir con dignidad.

El dato más revelador es que ni siquiera entre sus propios votantes genera apoyo. Mientras Jorge Azcón obtiene un notable 7,3 entre los electores del PP, Alegría apenas alcanza un mediocre 6,1 entre los socialistas. En términos generales, su valoración se mueve entre el 3,7 y el 4,14 sobre diez, colocándola por debajo incluso de candidatos de formaciones menores. El electorado aragonés ha emitido un juicio claro: no confían en ella; no la consideran capacitada para gobernar la comunidad y lo más preocupante es que la perciben como una impostora política.

La disparidad entre su narrativa pública y su realidad familiar resulta especialmente perjudicial en política. Los aragoneses son conscientes de estas contradicciones y menos aún cuando provienen alguien con responsabilidades gubernamentales. La percepción sobre Alegría como impostora no es casualidad; es fruto de años donde ha existido una distancia significativa entre lo que dice hacer y lo que realmente hace.

Vox casi duplica su representación mientras la izquierda se fragmenta

En medio del desplome de Alegría, VOX experimenta un crecimiento sin precedentes: podría pasar de siete escaños actuales a un rango entre diez y trece, casi duplicando así su presencia parlamentaria. Según el CIS, alcanzaría el 15,1% del voto popular, consolidándose como actor clave en la gobernabilidad aragonesa. La suma de PP y Vox superaría por primera vez el umbral del 50% (53,9%).

Por otro lado, la izquierda aparece fragmentada e irrelevante.

El Partido Aragonés Regionalista, histórica fuerza política que llegó a gobernar la región y fue bisagra en numerosas ocasiones, podría desaparecer del mapa político con solo un 1,5% de intención de voto. Podemos corre peligro inminente mientras que la coalición IU-Sumar apenas mantendría su único escaño actual. La Chunta Aragonesista podría mejorar ligeramente sus tres diputados pero sin capacidad para alterar el equilibrio general. Ni sumando todos los votos de la izquierda alternativa tendría Alegría posibilidades reales para gobernar.

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