Antonio Casado – Escáner de cuerpo entero.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Me sorprende el rasgado de vestiduras ante la posibilidad de que se acabe implantando, también en España, el llamado escáner en tres dimensiones. O sea, ese artilugio radiológico que te desnuda en los controles policiales de seguridad aérea. En nombre de la defensa de la intimidad, se considera un intolerable salto cualitativo en el ya de por sí incómodo ceremonial aeroportuario previo al embarque en un avión.

Y digo que me sorprende porque la invasión de la intimidad es ya un hecho desde hace algún tiempo, casi siempre en nombre de la seguridad. Por nuestro bien funcionan las cámaras de vigilancia en los grandes almacenes, en los bancos, en los edificios oficiales y hasta en la vía pública. El tráfico de intimidades, consentido o no, está a la orden del día en Internet, en la Prensa del corazón y en los teléfonos móviles.

Por no ir a los bancos de datos, más o menos legales, donde están almacenados nuestros historiales financieros, clínicos, fiscales, policiales, etc. No siempre con nuestro conocimiento. Al menos no conocemos su verdadero grado de exposición. O de riesgo de usos indebidos. Por mucho que la protección de datos ya haya encontrado su hueco regulador en el BOE. Ese es el problema. El uso indebido. De total aplicación a la puesta en práctica del dichoso escáner en los aeropuertos, ya con algunos precedentes europeos que aún no han llegado a España.

En realidad, no es el ciudadano común o el españolito de a pié el que corre los mayores riesgos frente al uso del escáner de cuerpo entero. Más expuestos están los personajes públicos, las personas de cierta relevancia política o social. Sus imágenes, sus intimidades en tres dimensiones pueden ser objeto de tráfico comercial o mediático en supuestos de malas prácticas por parte de agentes de la vigilancia oficial o privada a los que se encargan los consabidos controles en los aeropuertos.

Ese tipo de personajes deberían estar preocupados. La alarma entre el conjunto de ciudadanos ordinarios es la que no acabo de entender aquí y ahora. Porque no es nada nuevo la invasión de la intimidad en nombre de la seguridad. Si acaso estamos ante una nueva vuelta de tuerca relacionada directamente con el reciente gatillazo de un suicida en el vuelo Amsterdam-Detroit.

Sin embargo, no acabo de ver el interés que puede tener el desnudo radiológico, incluidas las prótesis o el tamaño de sus joyas familiares, del pasajero número 14.780 que pasa por el escáner de un control policial. Otra cosa es que se trate de un famoso. Entonces cualquiera de esas cosas pueden convertirse en mercancía. Ya sé que es un delito. Pero por ciertas cantidades de dinero, hay mucha gente dispuesta a correr el riesgo de acabar en la cárcel después de haber causado un daño irreparable al famoso en cuestión.

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