Francisco Muro de Iscar – Ejemplaridad pública.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Dicen los libreros que hay un libro que está arrasando en ventas -con todos los matices que ustedes quieran- y que no es una novela de aventuras ni fantástica ni un thriller sino un libro de pensamiento. Su autor es un vasco de 44 años, que dirige la Fundación March y que se atreve a escribir sobre «Ejemplaridad pública», una reflexión sobre el presente, pero también sobre el futuro de un autor que ya fue Premio Nacional de Ensayo en el 2003. Hay que tener bemoles para proseguir en ese camino.

Javier Gomá reconoce que «ha saltado por los aires el principio de autoridad que era un elemento vertebrador de la sociedad». La libertad individual era pequeña, las creencias colectivas -patriotismo, religión- muy fuertes, y la jerarquización de la sociedad muy fuerte y dominada por una minoría muy poderosa. Todo eso ha cambiado, ha estallado en nuestro tiempo: los jóvenes viven en sociedad, pero no están socializados. Y propone volver a recuperar las conquistas de la libertad: el derecho a la intimidad, a la reunión, al propio nombre Los jóvenes, dice, «no saben cuánto costó esa liberación porque el precio no lo pagaron ellos, sino sus padres».

Decía Elvira Lindo que «los listos tienen prestigio y los pedantes viven abrumándose por sus conocimientos». Hace poco discutía con dos de estos últimos que trataban de convencerme de que vale igual la opinión de un médico o de un abogado que la de cualquier otro ciudadano, incluso cuando se discute de aspectos quirúrgicos o jurídicos, y que los jóvenes no tienen por qué escuchar a los mayores, sino hacer su vida y equivocarse solos. Seguramente los jóvenes siempre hemos escuchado poco -antes más, porque como dice Gomá del hecho mismo de ser padre se derivaban «un arsenal de poderes» coercitivos- pero una sociedad que no escucha a sus mayores, que no conoce el valor de las conquistas que han logrado, que ignora y maltrata el lenguaje y lo codifica, acaba casi siempre en el hedonismo, en el «todo, ya» y en el «todo vale». Y la vida, los derechos, el prestigio, la autoridad hay que ganárselos con esfuerzo y con conocimientos.

Dice Gomá que otra de las características de este tiempo -que tiene muchas cosas buenas, por otra parte porque la libertad es un espacio para lo positivo igual que para lo negativo- es «la vulgaridad. Se trata de una espontaneidad no refinada, directa, elemental, sin la posible estilización de un yo civilizado». Y al mismo tiempo señala que lo que falta es la ejemplaridad, «las conductas ejemplares». Lo apunta también para los políticos: «el ejemplo negativo de los políticos desmoraliza a la sociedad, se generaliza la vulgaridad en la conducta y los propios políticos reaccionan con más leyes». Y es cierto, sobran leyes, generalmente cada vez más restrictivas de la libertad, y faltan conductas ejemplares. Sobra vulgaridad y falta ejemplaridad. En la vida pública y en la de cada uno de nosotros.

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