Fernando Jáuregui – Rubalcaba, El Faisán y otros pájaros.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Tengo que confesarlo: no veo nada claro el caso del «Bar Faisán» y, allí donde otros encuentran obviedades aplastantes, yo, sin duda por mis limitaciones, me topo con dudas y oscuridades. Hablo, claro, del caso que toma su nombre del establecimiento de Irún donde habría tenido su epicentro el sistema de «chantaje» de ETA a empresarios. Como ya sabe usted de sobra, algún policía presuntamente -el caso no está ni juzgado ni, menos aún, sentenciado- se chivó a un colaborador de ETA, el «recaudador de fondos» Elosúa, avisándole de que iba a ser detenido y propiciando que la caída de toda la red de extorsión etarra se retrasase unas semanas. Unas semanas en las que, al parecer, se produjeron algunas nuevas extorsiones y/o pagos de empresarios a la banda terrorista. Hasta aquí, muy resumidos como corresponde, los hechos.

A partir de ahí, empiezan las incógnitas, las hipótesis y conjeturas, las especulaciones más o menos arriesgadas: ¿quiso el juez Garzón impedir la investigación del «caso Faisán» porque ello convenía a la negociación entonces en curso entre el Gobierno y ETA? ¿Estaba enterado el ministro del Interior de lo que presuntamente se traían entre manos algunos policías adscritos al País Vasco? ¿Fueron condecorados los policías que elaboraron el correspondiente informe sobre el caso precisamente como recompensa por no haber querido llegar al fondo de las implicaciones en el mismo?

Ya digo: yo todo eso, aunque lo afirmen rotundamente algunos, o bastantes, no acabo de verlo claro. Lo que yo sé del caso es que en el bar Faisán había más movida que en el café de Rick en la película «Casablanca»: filoetarras, confidentes, agentes de paisano, transeúntes, pretendientes, militares sin graduación, comerciantes al por menor… Puede que el bar fuese un centro de esos en los que, en plan cenáculo y mentidero, te enteras de cosas al pasar, uno de esos sitios de obligada visita cuando vas a lo que vas. Y puede que su dueño, Joseba Elosúa, fuese, en determinadas circunstancias, más útil fuera que dentro de prisión; ¿quién es capaz de entender los complicados vericuetos de la lucha antiterrorista? Yo, al menos, siempre procuraré extremar la prudencia a la hora de condenar o aprobar según qué cosas: ni carta blanca ni juicios apresurados.

Digo todo esto porque acaso haya habido quien se haya pasado de frenada en la condena de unos hechos no del todo probados y menos corroborados. Pero debo decir que me cuesta pensar que una parte de nuestra policía es prevaricadora, que una parte de nuestros jueces, ídem (otra cosa es que instruyan mejor o peor los casos, que en el caso de Garzón estamos más bien en la segunda hipótesis que en la primera). Y me cuesta más aún creer que el responsable máximo de Interior es alguien que antepone no sé qué circunstancias y maniobras políticas a nuestra seguridad, que es el bien supremo que tiene encomendado. Lo diré sin ambages: creo que Alfredo Pérez Rubalcaba es un buen ministro de Interior, y quizá uno de los más competentes de un elenco ministerial que en no pocos casos deja bastante que desear. Fuere lo que fuere lo del faisán y sea lo que sea lo que dicen otros pájaros piadores.

Por eso me atrevo a discrepar de algunas voces que, me parece que interesada o precipitadamente, se han lanzado a juzgar sin tener constancia de la veracidad de una rumorología sin duda inevitable, pero no basada en datos concluyentes. Lo cual no quiere decir que no me una al coro de los que piden explicaciones completas, claras y sin recovecos acerca de un caso que, obviamente, no puede ser despachado así, sin más, como si no hubiera pasado nada. Pero que tampoco puede, tan solo con lo que con certeza sabemos, incrementar la nómina de la lista nacional de los infames, que en este país, tantas veces calumniador y malintencionado, ya es lo suficientemente larga.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído