Fernando Jáuregui – Bien, Rajoy, bien. Pero…


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Numerosas emisoras de radio, no solamente españolas, me han llamado en las últimas horas para preguntarme mi opinión sobre el nuevo Gobierno. A todas he respondido que me parece un buen equipo, veterano -lo cual, para mí, es una ventaja y no un inconveniente–, con títulos para ejercer de ministros, salvo en un par de casos. Me siento bastante identificado con este elenco, al que, sin embargo, no estoy dispuesto a dar más voto de confianza que el del respiro de alivio porque no hay en el equipo ningún talibán, apenas ningún premio de consolación, pocos elementos mal situados -sigo sin entender a Ruiz Gallardón colocado en justicia, la verdad-. La confianza definitiva se la tendrán que ganar con sus actuaciones ulteriores y cuando Rajoy tenga a bien explicar qué piensa hacer con este buen elenco ministerial.

Porque si hay un error que debo achacarle al presidente del Gobierno en su por lo demás bastante afortunada andadura inicial es la manera como presentó a su flamante Gobierno: noventa y cuatro segundos para leer la lista de ministros, ni una pregunta concedida a los informadores y una ligera coña marinera para (no) responder a la curiosidad extemporánea de una periodista. Este gran equipo, del que, como ciudadano español, me enorgullezco, merecía una presentación más florida. A menos que Rajoy nos reserve una sorpresa para las próximas horas y comparezca para decirnos qué pretende hacer con este Ejecutivo.

Por ejemplo, con los dos superministros económicos. A mí, la designación de Luis de Guindos, a quien desde la oposición le achacan haber sido cabeza ibérica de Leman Brothers, me parece más bien un acierto que otra cosa: ¿quién mejor que él puede conocer las causas que motivaron la crisis global? Pero ¿por dónde va a ir la pareja De Guindos-Montoro? Y ¿cómo se va a desempeñar la nueva ministra de Empleo en la reforma laboral? O también ¿qué lecciones a seguir o a evitar aprenderá la nueva ministra de Sanidad, Ana Mato, de lo que acaba de ocurrir en Portugal, donde han decidido cobrar -y cómo_por las consultas médicas? Más aún, ¿cómo enfila el nuevo titular de Interior la recta final hacia la desaparición segura de ETA? Incluso: ¿cómo coordinará la superministra-vicepresidenta-portavoz las reclamaciones de reformas profundas en la Constitución y en la normativa electoral? Y así, un largo etcétera.

Porque, a mi entender, no bastan los nombres conocidos, los rostros fiables: es preciso saber a qué se van a aplicar las trayectorias académicas de tanto opositor brillante, de tanto talante amable, de tanto barniz centrista. Y eso no lo puede explicar la nueva vicepresidenta, ni ningún otro ministro cuando hable del futuro de su Departamento: lo tiene que hacer Rajoy, que parece haber contraído alguna extraña alergia a las ruedas de prensa con preguntas. Será entonces, cuando haya comprobado que los «segundos escalones» siguen la pauta favorable de los primeros y cuando el primer ministro-presidente nos amplíe la fría enumeración de una lista con trece nombres, cuando yo empiece a aplaudir. O no, que diría la fuente de todo poder.

fjauregui@diariocritico.com

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