Cayetano González – Muerte en el fútbol.


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

La muerte este pasado domingo en Madrid de un aficionado del Deportivo de la Coruña, -Francisco Javier Romero, de 43 años de edad, miembro del grupo ultra «Riazor Blues»-, como consecuencia de un enfrentamiento violento con los ultras del Atlético de Madrid, lo primero que suscita es la reflexión de que poco valoran algunos la vida, cuando son capaces de provocar la muerte de un ser humano en las circunstancias y en el contexto en que se produjo la de este hincha del Depor que fue arrojado al río Manzanares.
En segundo lugar, uno se pregunta que habita en el cerebro de esos hinchas del Atlético y del Depor cuyo máxima diversión en la mañana de un domingo es organizar una «quedada» en los alrededores del estadio Vicente Calderón para liarse literalmente a palos entre ellos, con armas blancas incluidas, destrozando el mobiliario que encuentran a su paso y que termina con el lanzamiento al río Manzanares del citado Francisco Javier Romero, que cuando consigue ser rescatado por los bomberos está ya prácticamente clínicamente muerto. El resultado de todo esto es dos hijos que se han quedado sin padre y una mujer sin marido.
Trascendiendo el lado humano trágico de estos hechos y de degradación moral que conlleva, también es evidente que han fallado las medidas preventivas que los clubes de fútbol y la policía deberían haber tomado para evitar los mismos. De nada vales que se pasen la pelota unos a otros diciendo que no se habían detectado los movimientos del grupo «Riazor Blues» del Deportivo porque habían alquilado los dos autobuses en los que se desplazaron a Madrid en Lugo y no en la Coruña como hacen habitualmente; que ante la falta de informes alarmantes el partido no había sido calificado de «alto riesgo» y que por eso había una escasa presencia policial en los alrededores del estadio de fútbol del Atlético de Madrid. Hay muchas cuestiones que las autoridades gubernativas tendrán que aclarar, como por ejemplo, cuanto tardaron en llegar al lugar de los incidentes los efectivos policiales. La Delegada del Gobierno en Madrid ha dicho que diez minutos. Si eso es así, ¿cómo estuvieron tanto tiempo los dos grupos radicales y ultras dándose tantos palos?

Por parte de los clubes de fútbol hay que exigir que expulsen de su masa de socios y de aficionados a los elementos violentos, como en su día hicieron Joan Laporta en el Barcelona o Florentino Pérez en el Real Madrid. Hay que exigir a todos los clubes «tolerancia cero» con estos grupos ultras, para evitar que con su comportamiento irracional y violento acabe convirtiendo algo que no deja de ser un espectáculo y una diversión en un campo en el que se den rienda suelta a los peores instintos de la persona.

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