Fermín Bocos – La lista.


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

No se habla de otra cosa. Aunque llevaba ya algunos años circulando por los cajones con llave de los ministros de Hacienda de Francia, Alemania, Holanda y España, la «Lista Falciani» vuelve a estar en la cima de la curiosidad. Reparte curiosidad e indignación a partes iguales. Curioso resulta saber que gobiernos de países políticamente tan alejados como son los EE.UU. y Venezuela tuvieran miles de millones de dólares en la sede suiza del HSBC

Indignación, con los españoles que figuran en la lista porque remiten a un registro de doble moral. No todos eran evasores fiscales, algunos titulares de esos depósitos estaban al día con Hacienda, pero otros -la mayor parte-, no. Entre algunos de los que llevaban años engañando al Fisco figuran gentes dadas a la prédica moral o las conferencias sobre las buenas prácticas empresariales. Otros estaban en la cúspide de empresas de medios de comunicación muy dados, también, a dictar recetas de recta conducta política y cívica. Y no podían faltar, claro está, los familiares más allegados de alguno de los políticos que durante más años nos han estado dando la tralla recordando que hay que pagar impuestos porque de otra manera no se podía «hacer país».
Los efectos colaterales provocados por la aparición de la famosa «Lista Falciani» ya dieron en su día pie a una gran polémica a raíz de conocerse que Hacienda había «invitado» a regularizar su situación a los 600 españoles que figuraban en la lista. Fue una operación que coincidió en el tiempo con la amnistía fiscal decretada y defendida por el ministro Montoro.
Es verdad que en caso de apertura de sumario por evasión fiscal el origen de la lista -Hervé Falciani está reclamado por la justicia helvética por romper la confidencialidad de los datos bancarios, un hecho tipificado como delito en Suiza- anulaba todo valor probatorio ante un juez, pero no es menos cierto que hay sobradas razones para concluir que, a la postre, frente a la justicia no todos somos iguales. Que a un pobre empresario autónomo si le pillan en un renuncio le abren una paralela y le crujen mientras que estos pájaros de cuello duro y cara a juego siempre se libran. ¡Qué golfos! podríamos exclamar y nos quedaríamos cortos.

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