Parece ser que aplicando el ángulo de paralaje la pelota que dio lugar al segundo gol de los japoneses no salió.
Si salió o no salió es la veta que han encontrado los periódicos deportivos para emborronar páginas a destajo. Sin embargo, no hablan para nada de la mierda de partido que realizó España ante un equipo que tan solo disponía de velocidad y coraje. El ángulo de paralaje le ha venido de perlas a Luis Enrique para que la prensa deportiva oculte, tras las tonterías geométricas, su equivocado planteamiento del partido, sobre todo en el segundo tiempo cuando se le ocurrió quitar a Morata que era el único que podía hacer daño a una defensa bajita como se demostró en el primer y único gol de España. A esto hay que añadir que Balde era un coladero para ese japonés rubio que marcó el primero de Japón. Unai Simón, ese portero que, por cojones, tiene que participar en todos los rondós previos a la salida hacia el campo contrario, cuando tuvo que actuar como portero de verdad y no como líbero, se le doblaron las manos como si fueran las de una monjita ursulina. El segundo tiempo de España fue una exposición de pasecitos hacia atrás y adelante con los que su línea medular hacía encajes futbolísticos que se quedan en la nada porque ni tienen profundidad, ni fuerza, ni convicción. Eso sí, los arabescos de Busquets, Pedri y compañía quedaban muy rococós.
Arabescos rococós no están a la altura de los japoneses y ellos lo saben, así que decidieron ir por la tremenda, por la velocidad, por el coraje, por el arreón que, aunque los gourmets del fútbol no lo crean, ganan muchos partidos, porque una premisa fundamental del fútbol es que hay que corre más que el rival, hay que ser más veloz.
Luis Enrique ha dicho que si se hubiese enterado qué durante unos minutos estaban fuera del mundial, le hubiera dado un infarto. Menos mal. Yo le sugiero a Luis Enrique que se quede tranquilo y que para afrontar el encuentro contra Marruecos tenga presente que el debe actuar como entrenador de los jugadores y no como un padre que aconseja a sus hijos, además de que nunca debe olvidar que los marroquíes corren que vuelan y que, a falta de técnica, nos pueden joder por lo físico.
Octavos del mundial que, al menos para nosotros los españoles, va a resultar divertido. No quiera la caprichosa fortuna que seamos para Marruecos, desde el aspecto deportivo, lo que somos desde el aspecto político: una marioneta que mueven a su antojo.
MAROGA
