Antonio Casado

Se masca la tragedia

Grecia sigue sin mover ficha después de la absurda e innecesaria meta volante del domingo pasado. Me refiero al referéndum convocado unilateralmente por su Gobierno después de la patada unilateral al tablero de las negociaciones. En cuanto a la parálisis, esperemos que sea momentánea, tras los anuncios del primer ministro, Alexis Tsipras, ante el Parlamento Europeo, donde este miércoles dijo que presentará de forma inminente -tal vez lo haya hecho al publicarse este artículo- una nueva petición de asistencia financiera.

Quedamos a la espera. El ambiente se ha enrarecido y la palabra de Tsipras se ha devaluado en los mercados de la confianza. El martes no puso ninguna oferta sobre la mesa del Eurogrupo (ni para desbloquear el último tramo del segundo rescate, de 15.000 millones, ni para negociar un tercer rescate) esperando que en la subsiguiente cumbre de jefes de Estado y presidentes de Gobierno el problema se encauzase de nuevo por los caminos de la política. Pero no hubo tal. Todo lo contrario. La voz política de la Cumbre europea sonó más dura. Se recordó a Grecia que la pelota está en su tejado y que esta vez no habrá benevolencia.

En contra de lo calculado por los ganadores del «no», la posición negociadora de Grecia se ha debilitado frente a unos acreedores cansados de tanto tacticismo. A día de hoy, negociar un tercer rescate (el primero fue en mayo de 2010 y el segundo, caducado de hecho el martes pasado, en marzo de 2012) será más difícil después de cubrir esa absurda e inútil meta volante de la crisis que fue el referéndum del domingo pasado.

Así las cosas, reaparece en el horizonte el fantasma de la salida de Grecia del euro. En el peor de los casos, la salida de la Unión Europea. Una tercera hipótesis, absolutamente tóxica, empieza a ser citada por los analistas: la del Estado fallido. Son los tres niveles de la tragedia que todos quieren evitar y todos ven cada vez más verosímil, aún en el menos malo de los tres escenarios: el de la salida del euro, que se produciría no por expulsión técnica (no está contemplada en los tratados) sino por falta de liquidez en el sistema bancario.

Solamente el Banco Central Europeo puede facilitar a Grecia esa liquidez, si recibe el correspondiente mandato político. Lo malo es precisamente que la generalizada falta de confianza en los gobernantes helenos es un pésimo antecedente. No menos malo será el previsible impago de los 3.500 millones que Grecia debe devolver al BCE el próximo 20 de julio. Si no lo hace, entrará en suspensión de pagos (default).

Según todos los analistas, sería el principio del fin. Por eso es ya un lugar común decir que el futuro de Grecia está en manos del Banco Central Europeo, gracias al cual los griegos han podido sacar de los cajeros automáticos hasta sesenta euros diarios. Veremos lo que pasa este jueves, cuando el Gobierno griego anunció la reapertura de los mismos.

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