Hasta Tsipras lo ha terminado de entender

No, no ha ganado Grecia

No, no ha ganado Grecia
El líder de Syriza, Alexis Tsípras, con Pablo Iglesias.

Escribía Monedero hace dos días: «Sea cual fuere el resultado, los griegos ya han ganado. Son las cosas de la dignidad. Siempre ayudan a que el espíritu se despliegue».

No está mal como frase aun reconociendo que el resultado iba a ser durísimo para Grecia; pero las grandes frases suelen estar vacías de contenido.

Se mire por donde se mire, los griegos han perdido, profesor Monedero, porque el gobierno de Tsipras se equivocó en prácticamente todo y desde el principio: se equivocó cuando en campaña electoral prometía a su pueblo algo que era imposible porque ni siquiera estaba en sus manos; es lo que se llama «populismo».

Se volvió a equivocar cuando, ganadas las elecciones, en lugar de intentar mantener un diálogo coherente con los acreedores de una Grecia arruinada (no por él) se empeñó en un monólogo desafiante, amenazador y fuera de tono en un club al que pertenecía para bien y para mal y en el que no sólo no pagaba las cuotas sino que daba sablazos.

Se equivocó al convocar sobre la marcha un referéndum sólo explicable si su intención era perderlo para justificar así después frente la Unión Europa que reculaba por el mandato de su pueblo.

Pero lo ganó y ya ni había tiempo ni había razones y pasó lo que más o menos era previsible una vez que la cuerda se había tensado tan excesivamente: tuvo que ceder incluso más de lo que se le pidió al principio para poder sobrevivir y ahora se lo tendrá que explicar a sus gentes.

«Sea cual fuere el resultado, los griegos ya han ganado» ha escrito Monedero. Preguntemos a los griegos sobre esa victoria, profesor, y sobre el valor de la dignidad en las filas del corralito. Manipular con valores tan complejos como el de la «dignidad» cuando en un país no quedan billetes de 20 euros, es un juego peligroso que vuelve a estar en la frontera de la emoción facilona del populismo.

La realidad de Grecia es la que es y de esa realidad que menos culpa tiene es Syriza, pero es a la que Syriza se enfrentó heredando los desmanes de gobiernos pasados.

Quizás las cosas no hubieran sido igual si el gobierno de Tsipras hubiera enfocado el problema de otra manera pero la pregunta es inmediata: ¿hubiera entonces ganado las elecciones? Y añade el profesor Monedero otra reflexión:

«El ensañamiento con un pequeño país que apenas es el 2% del PIB tiene una voluntad disciplinadora para que no surjan en Europa alternativas como Podemos. Bien lo sabe Rajoy, que prefiere apoyar a los falsificadores de Nueva Democracia antes que permitir que el pueblo griego construya una política diferente».

Sigue valiendo como frase salvo por un detalle que desbarata todo: si se está dentro de la Unión Europea no es fácil «construir una política diferente» al resto de los socios y menos fácil aun cuando el papel que se juega es el de pedir y no el dar.

El que quiera hacer su propia política no tiene más que pedir la baja y organizarse solo. Es una posibilidad. Lo que pasa es que, hoy por hoy, estar solo y estar fuera resulta muy complicado.

Hasta Tsipras lo ha terminado de entender y no ha tenido más remedio que ceder por el bien de Grecia. Y eso le honra

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