Manuel del Rosal

Angela Merkel: la pirómana que quieren sea el bombero

Angela Merkel: la pirómana que quieren sea el bombero
Manuel del Rosal García. PD

Todo en este mundo tiene su tiempo y su medida, y nada de lo que se hace sin contar con el tiempo y la mesura sale bien

Hipócrates, médico griego, lo dijo hace casi 2.500 años: «Si no puedes hacer el bien, por lo menos no hagas daño»

Yo no soy analista político, ni periodista, ni sociólogo y es por eso por lo que escribo desde la óptica del hombre corriente. Mis fuentes están entre mis amigos, familiares y conocidos que, también, son gente corriente. Puedo asegurarles que el tendero de la esquina hace un análisis mucho más certero, claro y entendible para la gente del común que el que pueda hacer el intelectual o el analista de más prestigio. Ni yo ni todas las personas corrientes entendemos ciertas cosas, aseveraciones, dogmas, palabras, noticias, decisiones y globos sonda que los medios de comunicación hacen llegar al vulgo. Lo último que no hemos entendido es lo que, desde que la victoria de Trump ha agravado -según dicen – la amenaza populista, vienen recitándonos como un mantra sagrado todos los medios de comunicación de Europa, principalmente los alemanes. Este es el mantra: «Solo Ángela Merkel puede detener el avance del populismo en Europa»

Ángela Merkel asumió el poder en Alemania y por ende en Europa en el año 2005. Lleva 11 años en la cúspide del poder. Y durante todo ese tiempo ha vivido los años de falsa riqueza cubierta con el oropel de los créditos facilones, de la creencia en que seriamos ricos y para siempre y de que el papá Estado ya se encargaría de pagar los platos rotos de nuestra estupidez. Durante esos años nada hizo para advertirnos que no era oro todo lo que relucía, para sujetar a los bancos en su desmesurado reparto de dinero con aspersores a todo el que en ese momento pasara por el banco, para sujetar a los especuladores del sistema y para atajar los demenciales gastos de unos gobiernos en orden a mantener el llamado Estado del Bienestar que pronto se convirtió en Estado del Malestar. Y ha vivido los años de la crisis provocada por lo anteriormente señalado, crisis descomunal por no haber actuado a tiempo en esta Europa que está enferma de buenismo, de relativismo, de buen rollito, de lo políticamente correcto y de abrir sus puertas a todo aquel que quiera venir a vivir aquí a pensión completa y gastos de desplazamiento pagados. Y ha vivido – como nadie, pues fue ella quien tomó la decisión – los años de austeridad que han sumido en la pobreza, en la desigualdad y en la desesperanza a millones de hombres, mujeres y niños que creyeron en que los dirigentes de sus países y de Europa, con ella al frente, habían descubierto la forma de hacer de Europa el jardín del Eden cuando, lo que estaban permitiendo al ocultar la terrible verdad que se escondía tras las bambalinas de la falsa riqueza, era la inminente ruina de los que siempre pagan el pato de las crisis: las gentes del común. Fíjense si le importaba una mierda a esta señora la crisis que, mientras recorrían Europa los hombres de negro enviados por ella para ahogar en la miseria a naciones enteras, el Banco Central Europeo se construía en Frankfort su nueva sede por un importe de 1.300 millones de euros, Que sí, que vale, que a veces es necesario ser austero, por supuesto. Pero la austeridad se debe aplicar con una acertada duración en el tiempo y con las medidas necesarias, pues si dura más de lo que los pueblos y las personas pueden aguantar y si las medidas tomadas son excesivas, pues miren ustedes se nos pueden morir nuestros niños y nuestros viejecitos de frío y de hambre y, claro, las gentes echan mano de lo que sea en la esperanza de que eso a lo que agarran sin saber muy bien si será la solución, les saque de una situación desesperada. Es cuando los populismos, que se desarrollan precisamente en organismos enfermos, débiles y desesperanzados, crecen como los hongos en un cuerpo sin defensas. A mi modo de ver las cosas Ángela Merkel se pasó en el tiempo y en la medida de su austeridad. Ángela debería haber meditado sobre la frase de Hipócrates, antes de implantar una austeridad que, según dicen las crónicas, ella practica en su vida personal, pero no así en su vida política, pues llevando como lleva ya 11 años en el poder, quiere perpetuarse en él. Debe ser que Ángela entiende la austeridad para unas cosas y no para otras. Y es eso lo que no entiendo: que al pirómano que provocó con su desmesurada austeridad el incendio del populismo, quieran convertirlo en el bombero que apagará ese fuego

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