Después de quinientos años de historia compartida, queda en el acervo popular características comunes: idioma, religión, costumbres, arquitectura, sistema jurídico… Sin embargo, hay enemigos que se empeñan en dividir y separar, en construir un relato histórico que no se ajusta a lo que realmente fue.
El flujo migratorio de hoy es en sentido contrario al que un día emprendiera Cristóbal Colón. Si bien las segundas y siguientes generaciones de españoles asentados en Hispanoamérica -conocidos como “criollos”- fueron construyendo el futuro, las ilusiones y aspiraciones de pueblos constituidos en naciones, los nuevos madrileños, nuevos hispanos y españoles que han decidido emprender una nueva vida en nuestro país y en nuestra región, nos enseñan y demuestran que, con su trabajo y esfuerzo, eligen y apuestan por construir un futuro mejor.
Y es que fuimos testigos del sorprendente progreso económico que, por un tiempo, desarrollaron muchos aquellos países hispanoamericanos -como Cuba, Venezuela, Argentina, México, Chile o Colombia- pero también lo fuimos del sorprendente retroceso económico, social y político de algunos de ellos –Cuba, Argentina o Venezuela-, clásicos casos de estudio en las principales escuelas de negocio y facultades en el mundo.
Sin embargo, y por desgracia, lo que impulsa a muchos a cruzar el Atlántico no está únicamente relacionado con las escasas oportunidades laborales y económicas de sus países de origen, sino que también se ven obligados a huir de los regímenes totalitarios, dictatoriales, antidemocráticos y populistas que vienen extendiéndose en las últimas dos décadas. Peor aún, muchos buscan escapar de aquellas dictaduras que perviven desde hace más de tres décadas, como el régimen sandinista de Nicaragua o el régimen de los Castro en Cuba, los cuales no garantizan el ejercicio de las libertades individuales, la independencia de los poderes del Estado, el imperio de la ley o el Estado de derecho.
Así, durante el tiempo que llevan viviendo entre nosotros, los hispanos nos advierten de que no quieren perder otro país como el que ya perdieron de origen, al tiempo que nos exponen que sus valores y principios están enraizados en el humanismo cristiano. A todos ellos, a los madrileños de siempre y a los nuevos madrileños, desde el PP de Madrid les decimos que creemos en la libertad y en la igualdad de oportunidades de los individuos; en la familia como institución básica de la sociedad que merece una protección especial; en la educación como el mejor ascensor social y en que la mejor política social es la creación de empleo.
Los madrileños de Chamberí, Villaverde, Carabanchel o Lavapiés; los madrileños de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay o Perú, entre otros; o los madrileños de Andalucía, Castilla La Mancha o Extremadura, por ejemplo, hemos sido los protagonistas, impulsores y ejecutores de un Madrid en libertad, diverso, respetuoso y conviviente con el que piensa u opina diferente.
El que viene a Madrid, el que se queda en Madrid, busca oportunidades de un futuro mejor que le permita hacer lo que mejor sabe hacer: poner en marcha su idea de negocio, su proyecto de vida, de pareja y/o de familia. Y eso es por lo que Madrid se ha convertido en una escuela de libertad y el Partido Popular la casa de todos.
