En honor de Gabriel Rufián, hay que decir que tiene todas las papeletas para convertirse en presidente de ‘Caraduras sin Fronteras’.
Y muy poco sentido del ridículo.
Antonio R. Naranjo, conocido periodista, tertuliano y presentador de televisión, publica hoy en El Debate del 21 de febrero de 2026: «Rufián y la famélica legión».
Su argumento central se centra en el espectáculo ridículo que ofrece la izquierda al lanzar un nuevo proyecto bajo la dirección de Rufián, una jugada de Pedro Sánchez para sobrevivir en el ámbito electoral, envuelta en una escenografía infantil y marcada por divisiones internas.
Naranjo comienza su crítica comparando estas renovaciones dentro de la izquierda con un truco comercial desgastado: «Resulta casi cómico y entrañable el espectáculo que monta la izquierda periódicamente para renovarse utilizando la misma fórmula con la aspiración de que a algún incauto le parezca nueva: cambian el nombre del mismo producto, que suele nacer de una pelea interna a garrotazos y de la necesidad de muletas del PSOE».
Resalta el excesivo amor propio en las presentaciones, como si estuvieran forjando un hito histórico, con figuras como Pablo Iglesias, Yolanda Díaz o Ada Colau repitiendo sus epifanías en espacios como Vistalegre.
El autor no escatima en ironía al referirse a la falta de seriedad del evento organizado por Rufián, evocando un ambiente similar al de un viaje de fin de curso con escasos asistentes: «Casi hay que retirar la vista cuando ves a dos o tres o cuatro personajes con edad ya de entrar a las discotecas bajando la mirada, guardando pausas dramáticas, poniendo la voz afectada y finalmente alzando un puño esperanzado entre grititos un poco por debajo en madurez de un rito iniciático de hermandades púberes en una película americana tipo Los albóndigas en remojo«.
Describe una auténtica payasada digna del Club de la Comedia, donde esta «famélica legión» apenas logra llenar los asientos, lejos del fervor popular.
Mientras tanto, Santiago Abascal no duda en calificar a Rufián como «estafador y gentuza», acusándolo de haber engañado a los catalanes y ahora intentar timar al resto del país.
Naranjo considera este frente como una invención de Sánchez para frenar su desplome ante problemáticas reales como la inseguridad, la inflación, el desempleo, la inmigración masiva y los altos precios tanto en vivienda como alimentos: «a la chavalería y en los barrios no se compra el miedo a la ultraderecha, pero sí se vive el pánico a la inseguridad, la inflación, el paro, la inmigración masiva y el precio de la vivienda y los alimentos».
Las divisiones internas solo agravan el fiasco político actual.
Es como un Frente Popular de Judea sacado directamente de La vida de Brian: Rufián es rechazado dentro de ERC, pero permanece aferrado a Madrid, deseoso incluso de presidir España mientras parece querer abandonarla; mientras tanto, Mónica García se enfrenta a Emilio Delgado, y Yolanda Díaz pelea con Irene Montero.
Naranjo advierte: «El día que todos ellos se den cuenta de que llevan ya siete años gobernando, o algo parecido, van a pasar un mal rato, los pobres». Y concluye con cierto sarcasmo: cuidado con esa famélica legión, más peligrosa que los fantasmas fascistas que imaginan.
| Aspecto | Crítica de Naranjo | Contexto actual |
|---|---|---|
| Escenografía | Púberes grititos y puños alzados | Ambiente similar a un viaje fin de curso, pocos congregados |
| Motivación | Supervivencia tanto para Sánchez como para Rufián | Según Abascal es una estafa nacional tras el timo catalán |
| Divisiones | Peleas internas reminiscentes del boxeo | Más gentuza que unidad, una auténtica payasada |
| Realidad | Ignoran paro, inflación e inseguridad | Los españoles priorizan su bolsillo sobre identidades |
Este desfile lleno de ilusiones contrasta con la dura realidad política.
La sátira aguda de Naranjo ilumina este circo político con una precisión notable.
