Juan Pérez de Mungía: «El harem de Sánchez en su cortijo familiar»

El harem de Sánchez
El harem de Sánchez

Ha estallado una bomba en el seno del poder sanchista. El favorito del harem ha estallado a sus pies. El escándalo que envuelve a la familia de José Luis Rodríguez Zapatero — ex presidente y mentor político de Sánchez— no es un asunto privado ni un negocio familiar que pueda ni siquiera  la hacienda pública de la mano de Montero. El contubernio no puede pasar desapercibido cuando Zapatero se reune con el administrador de la trama en una finca patrimonio del Estado. Es una prueba definitiva de que el Estado español ha sido capturado, convertido en botín y gestionado como una empresa mafiosa donde las mordidas, los rescates millonarios y los favores se distribuyen entre los allegados del poder sanchista. Esto no es un negocio familiar. Es el puro reparto del botín. Es la prueba irrefutable de que Pedro Sánchez no gobierna España: la posee como un capo de la Cosa Nostra. El Estado es su patrimonio privado. Ni el linchamiento mediático de la oposición por Lo Pais puede esconder la aventura mafiosa del capo de la mafia.

Sánchez es ese cacique prostibulario del que hablaba Neruda, antes de ser asesinado; se sirve del Estado para administrar recursos y premiar a esbirros y canallas de toda ralea. El mismo equipo que amañó las primarias de 2017 sigue al mando. Ahora sus herederos. Sánchez, Ábalos, Koldo y Cerdán falsificaron votos, actas y censos para aupar a Sanchez, el doctor plagiario. Hoy emerge Bolaños como administrador de la justicia. No fue un “error de juventud”. Fue el método. El mismo método que hoy aplica al país entero. Sánchez siempre encuentra a su Savonarola. Y Begoña Gómez, la “primera dama” del Falcon, no se queda atrás. Ha negociado a través de encausados, Víctor de Aldama y Koldo (16/04/2021) con Zurab Pololikashvili, secretario general de la OMT, socio estratégico de Air Europa, para cobrar su premio con el Africa Center.

El patrón se repite en todos los ámbitos. La red de favores al desnudo, el concubinato sanchista desde el hermano hasta su red de contactos:  una red de proximidades donde el poder público se confunde con su propio patrimonio, donde las adjudicaciones, los rescates y los contratos se canalizan a través de intermediarios que luego devuelven el favor en forma de pagos a la familia socialista. Plus Ultra, la aerolínea con capital venezolano, recibió 53 millones de euros de fondos públicos en marzo de 2021 del Gobierno de Pedro Sánchez. Una parte de ese dinero público terminó, a través de Análisis Relevante, en las cuentas de Zapatero y sus hijas. Pero Sánchez es un buen hombre, no conoce personalmente a Zapatero. Begoña Gómez ya tenía firmado el convenio con la filial de Globalia, y conocía a Zurab Pololikashvili, secretario general de la OMT, socio de Air Europa y Wakalua. La OMT acabó consiguiendo el Palacio de Congresos de Madrid gratis durante 75 años. Aldama coordinaba también la visita del presidente de República Dominicana, Luis Abinader. El mismo Aldama que coordinaba la visita de Abinader y los pagos a la familia Zapatero. El mismo Abinader que guarda la fortuna de los socialistas corrompidos que descubrieron su ambigua identidad sexual. Y Begoña, la embajadora plenipotenciaria de su cónyuge, usa a su arbitrio el Falcon presidencial con innumerables viajes, para blanquear capital en la República Dominicana, un secreto de Estado. Todo fluye. Todo se devuelve.

Mientras 47 familias lloran a sus muertos de Adamuz y miles de damnificados de la DANA siguen en barracones, las hijas de Zapatero recibieron 198.000 € de la misma marca blanca que cobró del rescate de Plus Ultra, Análisis Relevante S.L., la sociedad administrada por Julio Martínez Martínez —amigo personal de Zapatero y “conseguidor” a sueldo de Plus Ultra—, mientras el propio expresidente facturó 463.000 euros por supuestas “ideas” y “consultorías”. El verdadero redactor de los informes, Sergio Sánchez (25% socio minoritario de una mercantil fantasma), cobró apenas 18.000 euros en seis años. El contraste es obsceno: 36 veces menos por el trabajo real. No es acción política. Es una organización criminal con DNI. El accidente ferroviario de Adamuz del 18 de enero de 2026 —47 muertos, 152 heridos— no fue un “fallo técnico aislado”, como pretende el informe preliminar de la CIAF. Fue el resultado previsible de recortes sistemáticos en el mantenimiento de ADIF (95,1 millones menos en 2020 bajo Isabel Pardo de Vera, imputada en el caso Koldo), la mafia rechazo un sistema barato y eficaz como el NGRT de una pyme malagueña que no iba a cubrir las mordidas. Lo de siempre, adjudicaciones opacas a empresas vinculadas a tramas corruptas (AZVI-Ferrovial).

La corrupción no es anecdótica; es estructural. Los mismos actores que amañaron las primarias del PSOE de 2017 alteraron actas y censos. La mafia del Peugeot conjurada para asaltar el poder con la bendición comunista de la red en canal. Sánchez, Ábalos, Koldo y Cerdán hicieron cuanto fue necesario para aupar al puto jefe, a que Sánchez ganara las primarias. Ese fue el método de ascenso. Ese es el método de gobierno. Auparon a Sánchez a la Secretaría General y ahora gestiona ministerios, fondos europeos y rescates. “Pars pro tuto”: Sánchez el capo di tutti capi de la famiglia socialista, un asesino compulsivo de instituciones que suelta terroristas, importa delincuencia y enriquece a los suyos mientras los damnificados de la DANA, La Palma o Adamuz esperan ayudas, que nunca llegan, en barracones.

Y el discurso que sostiene al presicrata de ala fija es pura liturgia vacía: “justicia social”, “transición ecológica”, “inmensa mayoría”… frases que no describen la realidad; la sustituyen para justificar cualquier cosa. Es el PSOE feminista que esconde la prostitución. Pura mendacidad deliberada, un criminal consciente que se resguarda en el respeto a urnas falsarias tras el silencio cómplice de la monarquía de Felpudo VI. La UCO, la Guardia Civil, la Fiscalía Anticorrupción y la UDEF ya han destapado esa tela de araña: blanqueo de capitales, mordidas en mascarillas, contratos irregulares, tráfico de influencias, prevaricación administrativa, manipulación de pruebas y control judicial. El propio Sánchez está salpicado hasta el cuello: su Gobierno rescató Plus Ultra, su entorno cobra, su mujer intermedia, sus lugartenientes amañan elecciones internas. El PP calla por complicidad con Bruselas que mira hacia otro lado mientras se dilapidan fondos públicos, propios y europeos.  Hay que gritar fuerte: ¡ya basta!

Pedro Sánchez debe ser procesado. No como un político controvertido, sino como el jefe de una organización criminal que ha patrimonializado el Estado. Los delitos son evidentes: malversación, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, prevaricación, falsedad documental. La evidencia documental es abrumadora. Gota a gota se dibuja su biografía. Vamos a recordar su trayectoria como recordamos la de Al Capone, un negociador implacable que se presenta como modelo en las escuelas de negocio estadounidenses. Cada día que pasa sin que un juez lo cite a declarar es un día más de humillación para la democracia española. No es venganza. Es justicia mínima. Sin procesamiento del máximo responsable, la corrupción no se erradica: se normaliza. Y un Estado donde el delincuente en jefe se siente impune deja de ser un Estado de derecho para convertirse en el feudo de un autócrata y su corte de mangantes. El pueblo español está exangüe pero no es idiota. La corrupción se mastica. La muerte hace campaña. Los abucheos, el rechazo social, el silencio de sus propios compañeros históricos son el veredicto previo. Ahora falta el veredicto judicial. Procesen a Sánchez. Caiga quien caiga. Desmonten la mafia. Devuelvan el Estado a los ciudadanos. Antes de que sea demasiado tarde.

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