La ciudad no es para mí

A los pueblerinos que subieron a la tribuna sólo les faltaba la cesta de mimbre y la gallina

La ciudad no es para mí
Rajoy y Zapatero en el congreso. EFE.

Ayer vimos no uno sino dos hemiciclos. Cuando salía Rajoy estábamos ante un discurso de hombre de Estado, serio y responsable. Cuando salían los portavoces de otros grupos, estábamos ante Cine de barrio y echaban Cateto a babor.

A los pueblerinos que subieron a la tribuna o comparecieron ante los medios a defender mezquinamente lo suyo sólo les faltaba la cesta de mimbre y la gallina de La ciudad no es para mí. Desde Erkoreka traduciendo al vascuence (¿se dice así?) «pan» y «vino» hasta un portavoz con nombre de personaje del Tenorio (¿Centella?) quejándose de que el discurso de Rajoy era «de derecha», pasando por ese cruce de Tom Hanks y ZP que atiende al nombre de Alfred Bosch (ERC) diciendo que en la España que dibuja el líder del PP «no cabemos» y negándose, en consecuencia, a subir a la tribuna (eso sí sin renunciar al sueldecito). O Duran, incapaz de disimular la cejijuntez payesa tras su fachada de gentleman cosmopolita, al espetarle a Rajoy que no aluda a «diversidad y a pluralidad». Está pidiendo Rajoy «sangre, sudor y lágrimas» para enfrentarse al mayor desafío desde la Transición y salen los catetos, calada la funda mental hasta la cejas, con sus mohines de la dehesa y sus ridículos particularismos.

Pero quienes se llevaron la palma en emular a Paco Martínez Soria fueron los colaboracionistas de ETA. Amaiur ni compareció ante los medios, enrabietado por haberse quedado sin grupo propio, lo que demuestra su exquisito fair play; y Uxue Barkos y Erkoreka (again) echaron en cara al presidente en ciernes que no aluda al conflicto vasco.

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