En la vasta y dramática meseta castellana, donde los inviernos se clavan como un puñal y los veranos achicharran, el cambio de estación no es un simple apunte en el calendario. Es un evento sensorial. El aire huele distinto, la luz se inclina con otro ángulo y la tierra, esa tierra arcillosa y caliza de la Denominación de Origen Ribera del Duero, parece contener la respiración. Es en este momento de transición, en el preciso instante en que notamos que el sol se pone mucho más temprano, cuando una bodega con alma familiar elige un compañero para el brindis: el Carmelo Rodero 9 Meses 2024.
Este vino, con su imagen renovada estrenada en esta añada, es mucho más que un líquido en una botella. Es la cristalización de un sueño, el fruto de un terruño extremo y el testigo de una filosofía inquebrantable. Hoy, nos adentramos en Bodegas Carmelo Rodero para descubrir no solo un vino excepcional, sino la historia que late dentro de cada copa.
- El Sueño de un Hombre, la Herencia de una Familia
- El Terruño: Donde Nace la Diferencia a 890 Metros de Altitud
- La Añada 2024: Un Relato de Clima y Equilibrio
- Filosofía en la Bodega: El Respeto por la Baya
- Carmelo Rodero 9 Meses 2024 en la Copa: Un Viaje Sensorial
- El Brindis Perfecto para el Cambio de Estación
- Más que un Vino, una Herencia Líquida
El Sueño de un Hombre, la Herencia de una Familia
Hablar de Bodegas Carmelo Rodero es, inevitablemente, hablar de ilusión. Es la materialización del sueño que un día movió a Carmelo Rodero a fundar su proyecto personal en Pedrosa de Duero, Burgos, en 1991. En una época donde Ribera del Duero comenzaba a ganar su merecido reconocimiento internacional, Carmelo no era un recién llegado; era un hombre de campo, un ganadero que entendía los ritmos de la tierra y que vio en el viñedo una pasión que lo trascendería.
Su visión era clara: crear vinos que expresaran con fidelidad absoluta el carácter único de su terruño. Esa ilusión inicial, ese impulso fundacional, no se ha diluido con el tiempo. Al contrario, se ha potenciado. Ahora, son sus hijas, Beatriz y María Rodero, quienes con una ilusión renovada perpetúan la misión de su padre: extraer el fruto más genuino y auténtico de estas tierras altas.
Beatriz Rodero, como directora técnica y enóloga de la bodega, es la guardiana de esta esencia. Bajo su batuta, la filosofía de la bodega se mantiene inquebrantable: dejar expresarse a la fruta con nitidez y una marcada frescura. No se trata de forzar el vino, de imponerle un estilo prefabricado. Se trata de escuchar a la viña y guiar el fruto hasta la botella con el máximo respeto. Es una conversación constante entre la persona y el territorio.

El Terruño: Donde Nace la Diferencia a 890 Metros de Altitud
Para comprender el Carmelo Rodero 9 Meses 2024, hay que empezar por el origen. Los viñedos de la bodega no son un bloque homogéneo. Se trata de una constelación de pagos seleccionados, un total de 170 hectáreas que despliegan un mosaico de virtudes intrínsecas. Pero todos comparten una seña de identidad crítica: la altitud.
Estas viñas crecen a una media de 890 metros sobre el nivel del mar. Algunos de los viñedos que dan vida al ‘9 Meses’ se sitúan incluso entre los 824 y 855 metros. Esta elevación no es un dato trivial; es el factor determinante. A esta altura, los días son luminosos y cálidos, pero las noches son frías, incluso en pleno verano. Este choque térmico diario es un regalo para la uva.
La uva, en este caso siempre la reina Tempranillo (el Carmelo Rodero 9 Meses 2024 es un 100% Tempranillo), responde a este estrés madurando lentamente. No tiene prisa. La maduración lenta y prolongada permite que los azúcares, los ácidos y los compuestos fenólicos (aquellos que aportan color, taninos y aromas) alcancen un desarrollo armónico y complejo. La uva no se «achicharra», sino que se perfila, ganando en elegancia y manteniendo una acidez vibrante que será la columna vertebral del vino. Es, en esencia, el secreto para lograr vinos con intensidad frutal pero, a la vez, con una frescura incomparable.

La Añada 2024: Un Relato de Clima y Equilibrio
Cada añada es un diario de viticultor, una historia climática única que queda impresa para siempre en el vino. La cosecha 2024 en Ribera del Duero ha sido, sin duda, fascinante y ha dejado una huella distintiva en el Carmelo Rodero 9 Meses.
El ciclo comenzó con un otoño seco y temperaturas ligeramente superiores a la media, lo que permitió una buena acumulación de reservas en las cepas. El invierno que siguió se comportó con moderación: precipitaciones moderadas y heladas puntuales, concentradas principalmente en la segunda quincena de enero. Afortunadamente, estas heladas no causaron daños significativos en las yemas, permitiendo un desborre sano y uniforme.
Llegó el verano y, con él, el calor. Se registraron temperaturas máximas elevadas, con dos olas de calor significativas en julio y agosto. Este fue un momento crucial. El calor intenso impulsó una notable concentración de azúcares y polifenoles en las uvas, prometiendo un vino con cuerpo y estructura. Sin embargo, el guion climático tenía un giro final.
Las precipitaciones de finales de septiembre y primeros de octubre fueron el elemento clave. Estas lluvias, lejos de ser un problema, aportaron una dosis de frescura vital. Ralentizaron el proceso final de maduración, evitando que las uvas se pasaran y permitiendo que la acidez se mantuviera firme. Este fenómeno permitió una vendimia escalonada y tranquila, donde se pudo seleccionar el momento óptimo de recolección de cada parcela.
El resultado son uvas con un excelente equilibrio entre grado alcohólico, acidez y madurez fenólica. Es el triángulo perfecto que todo enólogo persigue. Y es, precisamente, este equilibrio el que define al Carmelo Rodero 9 Meses 2024.

Filosofía en la Bodega: El Respeto por la Baya
Si el trabajo en el viñedo es meticuloso, en la bodega es casi reverencial. La filosofía de Beatriz Rodero se aplica aquí con precisión de relojero. Uno de los pilares técnicos más importantes de Bodegas Carmelo Rodero es la vinificación por gravedad.
¿Qué significa esto?
Significa que, una vez que las uvas llegan a la bodega, se evita el uso de bombas agresivas que puedan dañar las bayas. En su lugar, el mosto y el vino se mueven por la fuerza natural de la gravedad a través de los distintos depósitos. ¿Por qué este esfuerzo? Por una razón de peso: no dañar las bayas.
Un bombeo intenso puede romper las pepitas, liberando taninos amargos, o estrujar los hollejos en exceso, extrayendo compuestos herbáceos no deseados. Al utilizar la gravedad, se preserva la integridad de la fruta. Se trata de preservar en ellos la auténtica personalidad del viñedo que tanto ha costado cultivar. Es un proceso más lento y delicado, pero que garantiza una materia prima más pura y expresiva.

Carmelo Rodero 9 Meses 2024 en la Copa: Un Viaje Sensorial
Llegamos al momento de la verdad. Servir este vino en la copa es abrir la ventana a Pedrosa de Duero.
Vista: Un rojo picota intenso, con ribetes violáceos jóvenes y brillantes. Limpio y luminoso.
Nariz: El aroma es una explosión de fruta pura. Son aromas intensos de frutos rojos y negros los que toman la delantera. La cereza ácida y el arándano fresco son inmediatos, pero rápidamente dejan paso a matices más finos: unas pinceladas de regaliz, un fondo de vainilla sutil (herencia de su paso por barrica) y un toque mineral, casi pedregoso, que es el sello del terruño.
Boca: La entrada en boca es fresca y equilibrada. Es aquí donde se nota el trabajo de la altitud y la lluvia de septiembre. La acidez es vibrante, incisiva, pero nunca agresiva. Limpia el paladar y prepara el terreno para una textura amplia y envolvente. Los taninos están presentes, son finos pero con un agarre sedoso que estructura el vino a la perfección. La fruta roja vuelve a aparecer, acompañada de una sensación de untuosidad que no resulta pesada. El final es persistente, delicioso, y deja un recuerdo de fruta madura y frescura que invita, irremediablemente, a seguir bebiendo.

El Brindis Perfecto para el Cambio de Estación
La bodega no podía haber elegido un embajador mejor para celebrar la entrada del otoño. El Carmelo Rodero 9 Meses 2024 es el compañero ideal para esas tardes que se acortan, para el momento de llegar a casa y cambiar el ritmo. Su frescura nos ayuda a olvidar que el invierno está cerca, no por ignorancia, sino porque nos recuerda la vitalidad y la energía que la tierra es capaz de almacenar.
Es un vino versátil. Puede acompañar desde unas simples tapas de jamón ibérico hasta un cordero asado o unos quesos curados castellanos. Su equilibrio lo convierte en un aliado perfecto para la mesa.
Con un PVP de 19€, se sitúa en una relación calidad-precio excepcional. Ofrece la complejidad y el carácter de un vino de alta gama de Ribera del Duero con una accesibilidad que lo hace perfecto para el consumo diario y para ocasiones especiales.
Más que un Vino, una Herencia Líquida
El Carmelo Rodero 9 Meses 2024 es la culminación de un ciclo. Es el fruto de un año de trabajo en el viñedo, guiado por la sabiduría de Beatriz Rodero y el legado de Carmelo Rodero. Es el resultado de un terruño extremo que impone carácter, y de una filosofía de trabajo que prioriza el respeto por la fruta.
Beberlo no es solo un acto hedonista; es conectar con una historia familiar, con un paisaje concreto y con una pasión que se transmite de padres a hijas. Es un brindis por el pasado, el presente y el futuro de una bodega que ha sabido mantenerse fiel a sí misma. Un brindis, en definitiva, por la esencia misma de Ribera del Duero.
