El impacto de la fotografía del niño Aylan Kurdi, ahogado a la orilla de una playa turca, demostró que una sola imagen puede producir un pesado dolor.
La televisión quiere conseguir sentimientos parecidos con muchos minutos de imágenes dramáticas, seleccionadas intencionadamente por los periodistas.
La televisión es imagen en movimiento, lo que impide centrar la mente en una sola escena insufrible: la visión estática de una fotografía vale más que mil “frames” animadas.
Para emular a la fotografía la televisión usa artimañas como los que descubrimos estos días en los informativos sobre los refugiados de Siria e Irak.
Sus figuras más repetidas son las mujeres y niños que deambulan por Europa, fruto de planos escogidos aposta de rostros doloridos que sustituyen la verdadera noticia…
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