Josep Miquel Bausset

El Año de la Vida Consagrada

Los consagrados y las consagradas hemos de ser signos de fraternidad y servidores de la caridad

El Año de la Vida Consagrada
Josep Miquel Bausset

Buscamos (y queremos transmitir) la misericordia y la compasión de Dios, antes (y más) que el sacrificio, y la gracia más que la Ley

(Josep M. Bausset).- Hoy día 30 de noviembre, primer domingo de Adviento, se inaugura el Año de la Vida Consagrada, que será clausurado el 2 de febrero de 2016.
Este año se ha convocado con tres objetivos. Primero para recordar con memoria agradecida los 50 años de la publicación del decreto conciliar Perfectae caritatis, sobre la renovación de la vida consagrada.

El segundo motivo es el de abrazar el futuro con esperanza, sabiendo que la crisis de nuestra sociedad y de la Iglesia toca plenamente a la vida consagrada. Así, lo hemos de asumir «como una ocasión favorable para el crecimiento en profundidad». Finalmente, el tercer objetivo de esta celebración es el de vivir el presente con pasión, para evangelizar la propia vocación y dar testimonio de la belleza del seguimiento del Señor.

Con el lema, «Evangelio, profecía y esperanza», este año dedicado a la vida consagrada quiere dar gracias a Dios por la obra del Espíritu Santo que, a lo largo des tiempo, difunde la riqueza de la práctica de los consejos evangélicos a través de los múltiples carismas que existen. Por eso los consagrados y las consagradas hemos de ser iconos del amor Trinitario, medianeros de comunión y de unidad, y centinelas de alegría y de esperanza.

Enraizados en el Evangelio, los consagrados y las consagradas hemos de ser signos de fraternidad y servidores de la caridad, además de memoria viviente de la forma de vivir de Jesús de Nazaret.

En medio de las incertidumbres de nuestro mundo, los consagrados y las consagradas hemos de ser portadores de esperanza.
En medio del odio y de la violencia, hemos de ser artesanos de paz.
En medio de las divisiones y de la discordia, hemos de ser sembradores de unidad.
En medio de la dispersión, hemos de ser profetas de comunión.
En medio de tantas situaciones de muerte y de destrucción, hemos de ser apóstoles de vida y de resurrección.
En medio del dolor y de la desesperación, hemos de ser heraldos de consuelo.
En medio de tantas tristezas, hemos de ser mujeres y hombres de alegría.

En medio de un mundo que pisotea los derechos de los más débiles, arrinconándolos y marginándolos, hemos de ser defensores de los pobres y de los desvalidos.
En medio de tantas mentiras, hemos de ser servidores de la verdad.
En medio de una sociedad que ensalza el dinero, el poder y el prestigio, con nuestra vida hemos de ser mensajeros de pobreza y de sencillez de vida.
En medio de tantas personas que no cuentan para nadie, hemos de ayudar a devolver la dignidad a aquellos que la han perdido o les ha sido robada.
En medio del aburguesamiento y de la frivolidad de nuestra sociedad, la vida consagrada está llamada a ser testigo de autenticidad en frontera, en las periferias de nuestro tiempo.

En nuestra vocación de servicio al Evangelio y a los hombres y mujeres de nuestro mundo, los consagrados y las consagradas buscamos (y queremos transmitir) la misericordia y la compasión de Dios, antes (y más) que el sacrificio, y la gracia más que la Ley. Queremos ser testigos de una manera de vivir que rompa con la las maneras de hacer del mundo, con la superficialidad vacía, y con todo aquello que va contra los más débiles de la sociedad. Con nuestra vida, como portadores del Espíritu y de la Palabra de Dios, queremos ser una contestación ante el debilitamiento de la fe y una apuesta a favor de los pobres y de los oprimidos, de los últimos y de los que no cuentan para nadie.

Como ha dicho el dominico Timothy Radcliffe, «solo encontraremos el sentido de la vida religiosa, si comprendemos que ésta, es una respuesta a la búsqueda de sentido de la vida humana». Por eso este año de la vida consagrada que hoy comenzamos, ha de renovar en nosotros la llamada a la confianza y a la esperanza, para así ser testigos y servidores del amor. Testigos y servidores del Evangelio. Testigos de Jesús Resucitado.

Éste es nuestro reto en este año, en el cual hemos de revivir, de rehacer y de renovar nuestro compromiso en el seguimiento de Jesús el Señor.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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