Miguel Agarrabeitia

La mujer, desde un principio, columna en la Iglesia

"Es tan grande el corazón de la mujer, que se agranda y expande a otras latitudes de misión"

La mujer, desde un principio, columna en la Iglesia
M. Agarrabeitia

Cuántos sacerdotes hallaron en sus vidas el consuelo de una mujer que les dio amor humano y también sacrificado

(Miguel Agarrabeitia).- No hace mucho tiempo el Sr. Arzobispo de Valencia decía: «Sin sacerdotes no hay ni Iglesia ni evangelización» pero yo digo que, sin la mujer nada de nada. Ni Papas, ni Obispos, ni sacerdotes, ni religiosos, y es que, además de la vida recibimos la educación en la Fe, que es el principio de la vocación ya que la oración aprendida de los labios de la madre es el mejor alimento espiritual que un nacido pueda recibir.

La Primavera se adorna todos los años con el color blanco de tantos niños y niñas en su Primera Comunión, y todo ello gracias a la mujer Catequista que siembra en sus corazones con la enseñanza el conocimiento de Jesús, que despertará en sus vidas la semilla del amor.

Cada vez que en la pantalla del televisor, en medio-plano, aparece la presencia de la mujer multiplicada por tres, en comparación a la del hombre, en la participación de la Misa Dominical y así mismo en cada una de las iglesias.

Y es tan grande el corazón de la mujer, que se agranda y expande a otras latitudes de misión para llevar a manos llenas su generosidad. Y no hay rincón en el mundo donde niños, enfermos, ancianos…dejen de recibir a manos llenas el amor bondadoso de una mujer siempre dispuesta a entregar en bien de todos, todas sus fuerzas y energías.

En cuantas comunidades y grupos la presencia de la mujer es imprescindible, como en Caritas, Manos Unidas, en la Acción Católica, en grupos de matrimonios parroquiales y en gran manera, tocante a lo espiritual cuántas mujeres dedicaron su vida a la oración y contemplación y , recordando un poco, así por encima, aquellas que con un corazón inquieto, fundaron para almas exquisitas, Conventos y Monasterios siendo Prioras o Abadesas.

Y los pobres, que Jesús dijo, siempre estarán presentes, tienen en la mujer unas manos generosas que aplacan tanta necesidad en nuestra tierra y más allá de las fronteras, y ahí están siempre solícitas a poner remedios.

Benditas y santas mujeres que, como esposas y madres llevaron a la conversión a esposos e hijos, y cuántos sacerdotes hallaron en sus vidas el consuelo de una mujer que les dio amor humano y también sacrificado como mi muy apreciada esposa que tuvo que esperar 13 años mi Dispensa del Celibato Sacerdotal, para poder casarnos por la Iglesia, ya que ella era una creyente y evangelizadora mujer.

Doctora en la Iglesia mujer tenemos que con sus enseñanzas y experiencias religiosas nos dieron una lección de profunda religiosidad desde lo más profundo del alma. Hoy se abre una gran puerta a la mujer, que dedicada al estudio de la Teología, nos harán tener una nueva, actual y profunda idea de la Iglesia y del Cristianismo para este mundo tan necesitado de amor… y contestando a Ivone Gevara que dice: ¨La Iglesia va a perder a las mujeres que piensan¨ yo le puedo afirmar que no solo se quedarán las mujeres que piensan, sino también, las que de una manera generosa y constante hacen a la Iglesia más creíble y fortalecida.

Cantos de sirena intentan alagar a la mujer con la propuesta al sacerdocio, pero tu libertad, mujer, y el poder de hacer futuros sacerdotes vale más. En ese túnel desconocido sería caer en un pozo muy profundo.

Y finalmente, muy posible, alguna mujer me podría ayudar a completar la labor, muchas veces callada que, yo no haya enumerado aquí para que todos podamos decir con gozo y alegría ¡Viva la madre que parió¡

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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