Una veintena de víctimas denuncian al sacerdote, de 78 años, que ha sido detenido por la Policía

Acusan a un conocido cura estadounidense de abusar de niños en Filipinas

Acusan a un conocido cura estadounidense de abusar de niños en Filipinas
La policía filipina escolta al sacerdote Pius Hendricks. EP

Un secreto que todos conocían. El caso del sacerdote estadounidense Pius Hendricks, de 78 años, quien actualmente se encuentra detenido por abusos sexuales contra menores en Filipinas, donde se desempeñaba desde hace casi cuatro décadas, revela hasta qué punto las denuncias contra los curas pueden ser ignoradas en uno de los países más católicos del mundo.

Una veintena de hombres y niños (incluido uno de 7 años) han declarado que el sacerdote abusó sexualmente de ellos. Según los investigadores, las acusaciones se remontan a más de una década, sin embargo se cree que serían varias generaciones de afectados, involucrando a docenas de niños, y que los abusos continuaron hasta unas semanas antes de su detención. Por su parte, la defensa de Hendricks insiste en que es inocente.

La detención de Hendricks representó la caída de un sacerdote que encabezó su parroquia por casi 40 años, reconstruyó la edificación, presionó a los funcionarios para que pavimentaran los caminos de la aldea, condujo a los enfermos al hospital, pagó las matriculas escolares de los niños pobres, repartía trabajos, préstamos y regalos. Pero también muestra la indiferencia ante las denuncias de delitos sexuales cometidos por religiosos.

«Hay una cultura de silencio, de tapar todo», apunta el reverendo irlandés Shay Cullen que trabaja con víctimas de abusos sexuales en el país asiático. El caso de Hendricks pudo haber quedado estancado de no ser por la intervención del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que abrió una investigación propia amparándose en un estatuto que permite procesar los delitos sexuales a menores perpetrados por ciudadanos estadounidenses dentro o fuera de su territorio y presionó al Gobierno filipino a actuar.

En el humilde poblado donde Hendricks pasó casi la mitad de su vida, su afición por los niños fue ampliamente discutida durante décadas por los aldeanos, los funcionarios locales y también por los miembros del clero. Si bien muchas personas creyeron durante mucho tiempo que era un pedófilo, casi nada se dijo abiertamente. Tampoco nadie actuó sobre las sospechas.

Actualmente, las acusaciones han divido a los habitantes de Talustusan, incluso a familiares, y han aislado a los denunciantes, quienes señalan que los beneficios recibidos por la población gracias al cura impiden a la gente ver sus delitos.

Autor

Pablo Santos

Experto en información religiosa

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