Lamenta la secularización, la sequía vocacional y la existencia de un clero «cansado»

Asenjo afirma que el principal problema de la Iglesia está en su interior

El arzobispo de Sevilla traza un panorama desolador de la Iglesia en España

Los medios de comunicación social enmascaran y silencian lo religioso, considerado como algo pernicioso

Una auténtica radiografía de la Iglesia en España y del papel de los laicos con sus luces y sus sombras pero con el mensaje de la esperanza como telón de fondo, fue lo que hizo ayer el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, en la conferencia que pronunció en el Alcázar en un acto organizado por la Orden de Caballeros de San Clemente y San Fernando al que acudieron numerosas personalidades de la política sevillana, la judicatura, la cultura y el mundo empresarial. Lo cuenta Amalia F. Lérida en ABC Sevilla.

Tras las presentación del presidente regidor de la citada Orden, Antonio María González-Pacheco y Vázquez, el prelado comenzó su intervención plagada de una serie de reflexiones y datos que han centrado los análisis y debates de las asambleas plenarias de los obispos españoles, «conscientes de que el enorme cambio cultural que se ha producido en España en los últimos años ha extendido entre nosotros la indiferencia religiosa».

Monseñor comenzó a hablar, a partir de las notas que ha tomado en esas asambleas, por la cara de la moneda. Refirió el crecimiento de la participación de los fieles en las celebraciones litúrgicas, el estilo humano y cercano de tantas personas e instituciones, la fidelidad de muchos cristianos a su vocación, el testimonio de los misioneros y un largo etcétera que daba paso a la cruz de la «rutina, la resignación, la desesperanza, la secularización y la disolución del testimonio cristiano en la vida pública».

Confesó que la secularización ha sido objeto muchas veces de las conversaciones de los obispos y de cómo tiene su reflejo en la cultura y en los «medios de comunicación social que enmascaran y silencian lo religioso, considerado como algo pernicioso».

«Hemos visto también -añadió- que el hedonismo, el materialismo y el utilitarismo hacen difícil vivir en la atmósfera de tensión moral que exige el Evangelio y son fuentes de diferencias sociales. Pero, si los factores externos condicionan la vida de la Iglesia no la condicionan menos algunos factores internos».
Aseguró que las Iglesias europeas en general tienen un problema doméstico «al que una pastoral de futuro debería prestar la máxima atención».

Se refiere a la secularización interna, la «raíz fundamental de nuestros problemas que se manifiesta en estilos de vida y talantes muy secularizados por parte de sacerdotes y consagrados, en programaciones pastorales ramplonas y demasiado respetuosas con la nueva cultura que silencian aspectos nucleares del mensaje cristiano».

Para que no quedara duda recapituló diciéndolo de una manera «simple y un tanto provocativa: el problema principal al que la Iglesia ha de hacer frente hoy en España se encuentra en su interior. Es más un problema de casa que de fuera».

Luego citó ejemplos como la crisis de catequización, la endeble transmisión de la fe en el hogar, el colegio o el descenso de vocaciones.

Por lo que respecta al clero secular la crisis afecta a toda España pero es más aguda en la mitad norte donde, en algunas diócesis cerca del 80% supera los 70 años y está sin relevos a corto plazo. En cuanto a los seminarios, el recorte en ocho años ha sido de casi 800 seminaristas y las ordenaciones sacerdotales registran 20 personas menos de cada cien entre sus filas. Pero ahí no queda todo. Los religiosos han disminuido en Europa un 45% y el número de vocaciones misioneras en el Viejo Continente en más de un 80%.

Tras esta sequía de vocaciones habló de «uno de los capítulos más brillantes de la historia de la Iglesia de España» que no es otro que el flanco de la pastoral social. Es decir, la labor de Cáritas, Manos Unidas y otras entidades de esta naturaleza ligadas a la Iglesia católica que dedican a asuntos sociales más de lo que reciben del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.

No pasó por alto monseñor Asenjo a los medios de comunicación «que para los obispos es uno de los desafíos más importantes que tiene la Iglesia, si quiere estar desde su fe en el corazón de la sociedad».
Reconoció que «tenemos muchos medios minúsculos -se habla hasta de 15.000 publicaciones de cofradías, diócesis y parroquias- pero nos falta un gran diario y una gran revista católica capaces de crear opinión pública católica».
 
Los laicos también fueron objeto de la intervención del prelado. Se enorgulleció de que «tenemos un grupo muy consciente de su misión en la Iglesia» si bien «algunos van hacia una privatización de la religiosidad que tiene luego escasas repercusiones en la vida pública».
«Es lo que podríamos llamar -apostilló- la religiosidad vergonzante».

En una palabra, según Asenjo «la Iglesia carece de un catolicismo militante, activo, con una implantación fuerte y evangelizadora en la vida pública». Por ello, agregó que la promoción de un laicado, bien formado, con empuje y sin complejos en todos los ámbitos de la sociedad es hoy una prioridad».
Dijo que está convencido de que la nueva evangelización no avanzará sin la apuesta de los laicos y citó a Juan Pablo II cuando el 4 de mayo de 2003 dijo en Madrid que «se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo».

Al filo ya de terminar su intervención insistió en «la necesidad de robustecer la presencia no vergonzante sino confesante de los católicos en la vida pública» y animó a todos, «porque no tenemos tiempo que perder», a evangelizar pues es nuestra razón de ser.

Luego citó varios textos de diferentes papas y acabó las referencias con la recomendación que dio Benedicto XVI en Santiago de Compostela durante su reciente visita a España: «Es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajos los cielos de Europa».
Monseñor Juan José Asenjo terminó, no obstante su disertación, aseverando que «en compañía de Cristo resucitado afrontamos el futuro con la esperanza y el ánimo que nos da su palabra».

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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