Hugo Chávez ha sido, probablemente, el líder más importante aparecido en Hispanoamérica en las últimas décadas. Su proyecto no ha dejado indiferente a nadie y ha suscitado rechazos y adhesiones. Ambas, quizá, demasiado radicales. El hecho cierto es que Chávez, después de Fidel Castro, ha sido el único líder hispanoamericano que tenía un proyecto más allá de su nación y que ha intentado ponerlo en práctica. Es evidente que el proyecto chavista (o «bolivariano») no ha triunfado en la medida deseada por Chávez. Pero, ¿ha fracasado? Todo dependerá de dos factores: que haya un líder para continuar el proyecto; y que el proyecto se redefina. Ambas cosas van a resultar muy difíciles, aunque no necesariamente imposibles.
I. ¿Es realmente posible constituir un “eje bolivariano” como contrapeso a USA en Sudámerica?
Se ha acusado al presidente venezolano, Chávez, de promover la revolución “bolivariana” por toda Sudámerica. Se ha dicho que su mano estaba detrás de los movimientos producidos en Ecuador o en Bolivia. Se ha comentado el interés de Chávez en crear una red sudamericana de gasoductos y de oleoductos así como sus intentos de coordinar una política común con la Argentina de los Kirchner, con Brasil y con la Cuba de los Castro.
El propio Chávez ha advertido desde hace años que los EE.UU. querían invadir Venezuela y asesinarle para impedir ese proyecto. Ahora se vuelve a manejar la hipótesis del asesinato que habría sido efectuado siguiendo el modelo usado por Israel para asesinar a Arafat.
Varias preguntas son relevantes:
¿Existe ese proyecto de eje bolivariano? ¿Es posible? Y, si fuera posible, ¿es viable?
II. ¿Existe ese proyecto de eje bolivariano?
Si analizamos la cuestión de una forma desapasionada tenemos que reconocer, de entrada, que Chávez ha sido uno de los pocos líderes hispanoamericanos que ha tenido un “proyecto para Hispanoamérica” (él decía “Latinoamérica”). Estaremos de acuerdo o no con ese proyecto, pero hay que reconocer que tenía un proyecto, a diferencia de la mayor parte de los líderes presentes y pasados del continente, que sólo tenían una visión puramente nacionalista. En ese sentido, no resulta tan absurdo el calificativo de “bolivariano” con el que califica su Estado.
III. El proyecto, por tanto, existe, pero ¿es posible?
No cabe duda de que la herencia hispánica constituye un elemento cultural importante de cohesión entre los Estados a los que ese proyecto afecta. Pero esa cultura común también existía antes y los proyectos de integración hispanoamericana fracasaron. Lo novedoso de Chávez es que el difunto presidente venezolano ha empleado una estrategia económica y una estrategia política para llevarlo adelante. El aspecto central de la estrategia económica ha sido el aprovechamiento común de los hidrocarburos. De ahí el proyecto de construir una red continental integrada de gasoductos y oleoductos. Si esta red se consumase se conseguiría una cierta independencia energética que hasta ahora no existe y que sería importante. En tanto en cuanto Venezuela dispone de considerables fondos, pudiera llegar a ser “posible” el eje energético hispanoamericano.
IV. Pero ese proyecto ¿es viable?
El proyecto existe y no es imposible pero es difícil que pueda ser viable, en mi opinión. Y ahora más que nunca. Hay cuatro razones, a mi juicio.
1) Razón cultural.
La pretensión de una integración hispanoamericana tiene que sostenerse sobre algo más que un voluntarismo. Se necesita un fundamento real. Ese fundamento no es ni puede ser otro que una cultura compartida.
Esa cultura es la cultura hispánica y tiene tres elementos esenciales: la lengua española, la religión católica y la conexión con España.
Durante mucho tiempo esos elementos se han combatido precisamente por quienes buscaban el proyecto de integración que, de este modo, dinamitaban las bases que podían dar solidez al mismo.
No es menos cierto, sin embargo, que ante la cercanía de la muerte Chávez dio un giro espectacular con sus declaraciones públicas de religiosidad católica. Sin embargo, no queda claro si ese reconocimiento de la religión católica ha sido algo puramente anecdótico o tiene una dimensión estructural. Sólo si el «eje bolivariano» asume estos elementos podrá construir sobre roca su proyecto.
2) Razón económico-jurídica.
La construcción de redes de oleoductos y gasoductos interconectados no es suficiente para crear una “unidad económica” hispanoamericana o «bolivariana».
Para alcanzar esta unidad sería necesario algo más que, por el momento, no se atisba en el horizonte: un Derecho común para los actores económicos. De momento, no sólo no hay normas “comunes” sino que se avizora un preocupante desprecio por el respeto de las reglas jurídicas establecidas (como en el caso de Bolivia o Argentina).
Creo que este factor ha sido muy minusvalorado por los «chavistas» y tiene una importancia excepcional.
3) Razón política.
La segunda razón para argüir falta de viabilidad al proyecto sería política. ¿Qué idea política podría aglutinar al continente?
¿El odio a los EE.UU.? No parece que sea suficiente… sobre todo cuando hablamos de sociedades que son todas, pese a sus variantes, de cultura occidental con el agravante de que en la sociedad de los EE.UU. el elemento hispano es cada vez más importante.
¿La democracia? Difícil de creer cuando se apoyan movimientos revolucionarios…
4) Razón psicológica.
Guste o no guste a algunos la «psicología de los pueblos» existe. Y guste o no guste, Chávez tenía un carisma para una parte importante de la población venezolana. Chávez ganó unas eleccciones democráticas. No sólo por su «carisma» entre ciertos sectores, pues no es menos cierto que la situación de las capas más desprotegidas de la población venezolana mejoró con él.
Será muy difícil que haya un líder que pueda tomar su relevo. No se avizora en Venezuela un líder con su carisma. Y el problema de los líderes de los otros Estados del «eje bolivariano» es que son líderes de países con mucha menos riqueza que Venezuela y, por tanto, con menor capacidad de «apoyar» económicamente un proyecto político.
Chávez pasará a la historia, sin duda, por haberse atrevido a formular e intentar poner en práctica uno de los más ambiciosos proyectos de integración hispanoamericana.
Sin embargo, mucho me temo que también pasará a la historia por no haber podido realizarla por haber elegido los medios equivocados.
