¿Se acabará el prestigio de los vinos españoles y franceses en las próximas décadas?¿Pasarán a ser los vinos noruegos y holandeses y el espumoso inglés los más codiciados por los entendidos? ¿Hasta qué punto el calentamiento global está afectando al vino? Los cambios en la producción, como consecuencia del cambio climático, ya han comenzado. ¿Cómo nos afectará el futuro? (Puede ver y comentar mis predicciones en la página siguiente).
Dos expresiones se han ido incorporando paulatinamente, aunque in crescendo, a nuestro vocabulario coloquial, tras su previa irrupción en las preocupaciones científicas, políticas y ecologistas, así como en los medios de comunicación. Hablamos cada vez más de “calentamiento global” y de “cambio climático”, y casi nos estamos acostumbrando a aceptar que las cosas estén como están. ¿Sucederá lo mismo, si como ya empieza a suceder, estas expresiones se inmiscuyen en nuestra vida cotidiana y nos cambian radicalmente la vida? Cada vez estamos más cerca de que ello ocurra, y quizás la preocupación que hay actualmente al respecto en el sector del vino nos pueda servir como ilustrador ejemplo.
Antes de entrar en las viñas, recordemos que ambas expresiones citadas se utilizan hoy día para referirse al incremento experimentado en la temperatura de nuestro planeta, tanto en la atmósfera como en los océanos. Existe un “efecto invernadero” natural que mantiene a la Tierra a una temperatura más caliente de lo que estaría sin dicho efecto, y haciéndola por lo tanto habitable, pero, actualmente la acumulación de dióxido de carbono debido a la actividad humana está haciendo que la subida de la temperatura sea superior a lo aconsejable, lo que implica cambios contraproducentes en nuestro sistema: desertización en unas zonas e inundaciones en otras por el deshielo de los polos, etc.
A lo largo del último siglo la temperatura media global ha crecido aproximadamente 0,6º C, según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), lo que puede que no parezca mucho, pero de cara al año 2100 se habla de que la temperatura media global puede haber subido unos cuantos grados centígrados más, incluso los más pesimistas hablan de casi 6º C. Ello, incluso con las estimaciones más prudentes, implica cambios relevantes y muchas veces catastróficos: inundaciones, sequías, olas de calor, extinción de especies animales y vegetales, eventos meteorológicos imprevisibles, y, dentro de todo esto, se producirán también cambios de gran importancia en las explotaciones agrícolas. Cambios que de hecho ya se están empezando a apreciar y que se están teniendo en cuenta en los planes de inversiones empresariales.
Así que hemos de hacernos a la idea de que el cambio climático está afectando ya a la agricultura, y por ello, a los viñedos, y también a la industria vitivinícola. Y en breve, igualmente afectará al consumidor, que acaso tenga que adaptarse a nuevos lugares de producción y seguramente a un incremento de los precios. O que quizás consuma vinos peores, si quiere seguir fiel a las mismas procedencias y estilos que actualmente degusta.
El futuro del vino en España. Como muestra de una incipiente preocupación por el asunto, el año pasado se celebraron en Barcelona las Primeras Jornadas sobre Calentamiento Global y Vino, organizadas por The Wine Academy, donde se presentó un estudio que desvelaba que en la mayoría de las regiones catalanes productoras de vino, la viticultura sería inviable, por razones climáticas, en un plazo de 40 a 70 años. Y este estudio es claramente extrapolable a otras regiones españolas, con lo que la situación es un lógico motivo de alarma para los más avisados. Los cultivos de viña, si continúa la tendencia actual, se irán desplazando hacia el norte de Europa, de modo paulatino pero continuado, con lo que muchas de las regiones vitivinícolas más afamadas de nuestro país, parecerían condenadas a desaparecer.
Y este mismo año se ha celebrado en Zaragoza un Congreso Internacional sobre Clima y Viticultura, patrocinado por la Organización Internacional de la Viña y el Vino, donde se profundizó tanto en las causas de la situación existente como en los posibles remedios. La prevención, la detención del proceso, trasciende lógicamente al sector vitivinícola y está en manos de los gobiernos y de las organizaciones internacionales. Pero sí se están estudiando ya algunas medidas para mantener la vigencia del sector, aunque se acepta que en muchos casos habrá traslados de los cultivos a otras zonas y algunas de las actuales pasarán a ser destinadas a otros menesteres. Las principales medidas tienen que ver con el riego de precisión, debido a que la falta de precipitaciones y su aleatoriedad serán cada vez hechos más frecuentes. También se estudia la modificación genética de las levaduras para que en la fermentación no se produzca tanto alcohol. Y lo que va resultando cada vez más evidente es el adelanto en la época de la vendimia.
El ascenso por Europa. Debido a que las uvas blancas suelen necesitar más frío, su escalada hacia al norte del continente ya ha empezado a producirse. Los famosos blancos alemanes ya no disponen de una temperatura adecuada para que no merme su calidad, por lo que los fabricantes están buscando terrenos en Noruega para empezar a plantar sus vides, y, en cambio, piensan utilizar las tierras de cultivo actuales para producir vinos tintos. El famoso “vino de hielo” alemán está casi desapareciendo ya que, por ejemplo, el pasado mes de diciembre se tuvieron temperaturas de 15º C, cuando estas uvas suelen cosecharse a 7º C bajo cero. Las noches frías de verano han pasado a mejor vida, y el afamado riesling también se está resintiendo, planeándose que sus cultivos se realicen nada menos que 400 Km. más al norte. Así que países sin tradición vitivinícola, como Polonia, Holanda, Dinamarca y Suecia, se quieren apuntar al carro y ya han solicitado a la Unión Europea su derecho a cultivar viñas y fabricar vino. Y los cultivos de merlot y cabernet-sauvignon se situarán en el futuro en Alemania. Alguna casa de Champagne, incluso, también se está trasladando al Reino Unido. Todo un cambio que en unas décadas hará que el panorama del vino en la zona mediterránea no goce del esplendor actual.
Puede que no necesariamente el calor produzca vinos peores, pero lo que sí es seguro es que los vinos serán distintos a los de ahora, si se producen en las mismas zonas y no se toman otras medidas, por lo que los efectos comerciales y los posibles cambios en el consumidor final serán inevitables. De todos modos, no olvidemos que aún estamos a tiempo de frenar la alarmante situación, mediante la adopción de medidas globales, sí, pero también empresariales, sociales y hasta individuales, que pueden, si no invertir la tendencia, al menos moderarla y que podamos seguir degustando placenteramente nuestros vinos, a los que amamos y a los que tantos agricultores y bodegueros dedican tanto esfuerzo e ilusión.
Si quiere saber cómo será el futuro si no cambian las cosas, vaya a la página siguiente.
¿Cómo será el futuro si no cambia la tendencia?
· Solo con un ligero aumento de la temperatura en las próximas décadas, se empezarán a producir pequeños cambios en la corriente del Golfo de México, que cambiarán la temperatura y las precipitaciones de forma drástica en muchas zonas de Europa, afectando inicialmente a una región tan emblemática como Burdeos y a los vinos de albariño de las Rías Baixas gallegas.
· Las plagas en las viñas se incrementarán peligrosamente. De hecho, ya está habiendo casos que antes no se producían con tanta intensidad, como un reciente brote de hongos en Burdeos o una importante plaga en todo el sur de Alemania, lo que está incrementando el uso de pesticidas. Nuevos enemigos, como la mariquita asiática, están tocando a la puerta.
· Los vinos tintos perderán color, a la vez que se harán más alcohólicos y pesados, cambiando también su acidez. Los vinos de La Mancha, por ejemplo, serán irreconocibles dentro de tan solo unos treinta años si los comparamos con los actuales. Los vinos alsacianos tienen ya hoy día un 2º más de alcohol que hace quince años.
· Las cepas que se verán menos perjudicadas, por sus características, serán, entre otras, la petit verdot o la graciano entre las tintas, y la verdejo o la viognier entre las blancas.
· Los viñedos se irán desplazando hacia el norte como consecuencia del cambio climático: se prevé que a corto plazo lo hagan unos 20 ó 30 Km, pero conforme pase el tiempo, este desplazamiento será cada vez más pronunciado. Esto implica que muchas regiones que ahora son vitivinícolas no lo serán dentro de cincuenta años.
