A Contracorriente

Enrique Arias Vega

La juerga y la universidad

Dos estudiantes, muy bueno uno y muy malo el otro, me han puesto a caer de un burro por uno de mis últimos artículoa, en el que glosaba la presunta calidad docente de la Universidad de Salamanca, según decía una encuesta reciente.

Los dos han conocido el contenido de mi texto de oídas, por supuesto, ya que no hay ningún alumno que lea un periódico ni por casualidad. Pero aun así se han enterado.

El buen alumno ya no está en Salamanca. “Me habría sido imposible aprobar ni un solo curso —ha argumentado, para justificar su marcha—. En Salamanca no estudia nadie, ni se va a clase, ni existe rigor académico, ni se producen actividades extraescolares complementarias,… Todo se reduce a ir de marcha y a divertirse lo más posible”.

A fe que debe conseguirse, lo de la diversión, digo, a tenor de las ojeras del mal alumno: “La verdad es que lo paso de puta madre”, confiesa. Y eso que sólo ha perdido un curso: “Aprobar no es tan difícil —arguye—, basta con apretar un poco antes de los exámenes finales”.

No sé, de verdad, quién tiene razón o no: si el informe académico comparativo comentado el otro día, o las confesiones espontáneas de estos universitarios.

El buen estudiante del que les estoy hablando —rara avis, al parecer, en estos tiempos— remacha su argumentación explicando que hay alumnos que se tiran ocho años o más matriculados en nuestras aulas para prolongar artificialmente su estatus universitario y así poder seguir de juerga.

De ser cierta esa afirmación, y no tengo por qué dudarlo, uno comprende ahora, retrospectivamente, el cabreo del bueno de Enrique Battaner cuando era rector de esa Universidad y se desesperaba porque el botellón dichoso mereciese más interés por parte de los alumnos que la adecuación de programas y seminarios, el equipamiento y la capacitación del profesorado, los cursos de postgrado y las salidas profesionales.

De ser cierto todo esto, insisto, a lo mejor conseguimos así más matriculaciones de alumnos, pero entonces sería en beneficio de discotecas y bares y no del mayor saber académico.

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Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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