Ver a la gente el sábado en el Nou Camp coreando «¡Abi, Abi, Abi!» fue uno de los momentos de mayor magia vividos en aquel estadio.
Tan pronto Abidal (de 33 años) correteó por la banda en un plácido Barcelona-Mallorca (5-0) una ola de entusiasmo invadió la grada. Tras superar un cáncer de hígado (se sometió para ello a un trasplante) el valiente deportista regresaba al terreno de juego. Tal como él se había propuesto, contra viento y marea.
Abidal es un ejemplo de autosuperación y constituye un mensaje de esperanza en unos tiempos en que los casos de cáncer proliferan y la fuerza mental del paciente se revela como factor clave de éxito para conseguir la sanación.
De ahí lo emotivo del reencuentro de la grada con Abi.