Percibo la llegada de la primavera al Ateneo barcelonés. Grato rato de tarde leyendo el primer capítulo en alemán de la novela de relatos «Verbrechen» de Ferdinand de Schirac. Hay gente. Runrún de conversaciones. Portátiles sobre las mesitas de mármol junto al estanque. Reconfortante cortado de media tarde. Pero irrumpe la humedad, preludio del anochecer. Retorno al interior y rápido vistazo a las novedades editoriales. Desembarco final en la gran sala de libros y revistas. Un mosaico de papel excitante.
(El recuento de muertos en Bruselas llega ya a 30 tras los atentados en el aeropuerto y en el metro; la inseguridad se adueña de Europa. El Ateneo es una oasis de paz en un continente turbulento).