«Entremés de don Quijote», de la obra de teatro «Con Machado, esperando a Prometeo»

"Entremés de don Quijote", de la obra de teatro "Con Machado, esperando a Prometeo"

Extracto de la obra de teatro «Con Machado, esperando a Prometeo» (2015) de Juan Pablo Mañueco

Machado

“ENTREMÉS DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA Y DE LAS RESTANTES COMARCAS CASTELLANAS”

(En escena Antonio Machado, Gerardo Diego y el Intruso, mismo decorado anterior)

EL INTRUSO.- De todas formas, Castilla no se puede eliminar, ni aunque lo quieran.

GERARDO DIEGO.- Nos protege el propio idioma castellano. El idioma explica que Castilla es una unidad.

ANTONIO MACHADO.- ¿Cómo puede ser eso?

EL INTRUSO.- Él mismo protesta contra la afrenta política que se ha cometido contra Castilla, e indica qué tierras componen Castilla.

ANTONIO MACHADO.- ¿El propio idioma?

EL INTRUSO.- Sí. Y lo seguirá indicando dentro de veinte años o de dos o tres siglos a los políticos de entonces. Hasta que una generación de políticos entre en razón y lo escuchen.

ANTONIO MACHADO.- ¿Y de qué forma lo hace?

EL INTRUSO.- ¿Sabe usted, maestro? (Lo dice azarado, turbado, algo aturdido). Yo también soy un poco poeta

ANTONIO MACHADO.- (Mirando a Gerardo Diego) ¿También él, Gerardo?

GERARDO DIEGO.- También él. La poesía tiene estas cosas, que ataca a muchos.

ANTONIO MACHADO.- ¿Y a qué viene esa información en este momento?

EL INTRUSO.- A que yo tengo una composición en que es el propio idioma castellano el que explica lo que es Castilla.

ANTONIO MACHADO.- ¿El propio idioma?

EL INTRUSO.- Sí. Y qué tierras comprende, con exactitud. Para información de quien quiera saberlo, hoy y mañana.

ANTONIO MACHADO.- A ver, a ver, ¿cómo es eso?

EL INTRUSO.- ¿Quiere usted que se la recite?

ANTONIO MACHADO.- Sí, por favor.

EL INTRUSO.- No me atrevo.

ANTONIO MACHADO.- Hágalo, una composición donde el propio idioma explica qué tierras integran Castilla debe oírse.

EL INTRUSO.- ¿En serio?

ANTONIO MACHADO.- Aunque sólo sea una vez, si es que no tiene mucha calidad.

GERARDO DIEGO.- Mucha calidad no puede tener, viniendo de quien viene.

ANTONIO MACHADO.- Estoy dispuesto a soportarla, pacientemente.

EL INTRUSO-. Está bien sea.

(El Intruso se aparta un poco de sus dos contertulios, rememora en su interior brevemente, busca en su teléfono móvil y luego recita lo siguiente. Antes de que lo haga, Gerardo le dice a Antonio:)

GERARDO DIEGO.- Por cierto, Antonio, conozco la composición y son seguidillas… El metro tradicional del folklore castellano, que existe y es muy rico, no te quepa duda.

ANTONIO MACHADO.- Ya. Sé por qué me lo dices. A todos se nos ha calentado la pluma y hemos dicho alguna inconveniencia.

GERARDO DIEGO.- Cierto.

ANTONIO.- No tengo la culpa si luego se toma por axioma. Pero escuchemos el poemilla.

EL INTRUSO.- Poemilla es. Sin ninguna enjundia, pero clarificador.

GERARDO DIEGO.- Venga.

EL INTRUSO-. Se titula. “Seguidillas de las Comarcas Castellanas”. Y tiene un subtítulo que explica por qué el idioma castellano se basta y sobra para indicar por sí mismo qué tierras componen Castilla.

ANTONIO MACHADO.- Vamos a verlo. ¿Cuál es ese subtítulo?

EL INTRUSO.- “El, la, los y las, y no hay más que hablar”

ANTONIO MACHADO.- ¿Los artículos del castellano? Aún no lo entiendo. Que empiecen esas seguidillas.

EL INTRUSO.- Pues allá va:

(El Intruso cambia el tono de voz y, mientras consulta su teléfono móvil, pronuncia:)

SEGUIDILLAS DE LAS COMARCAS CASTELLANAS
El, la, los y las, y no hay más que hablar

I. POR EL SUR

De Castilla a la Mancha
no va distancia.
Que la Mancha es comarca.

De Castilla a la Mancha
tan sin distancia
que Castilla se ensancha
donde la Mancha.

De Castilla a la Jara
nula distancia,
que la Jara es comarca,
como la Mancha.

De Castilla a la Sagra
sobra distancia
que viera quien mirara
misma sustancia.

Desde el Valle de Alcudia
no hay lejanía,
a Castilla separa
de Andalucía.

Cervantes lo dijera
en Rinconete,
que en val de Alcudia ubica
su Molinete.

ANTONIO MACHADO.- Una referencia literaria de peso. Y más hablándose de estas comarcas y estas tierras, tan cervantinas.

GERARDO DIEGO.- Desde luego. ¡Si sabría él lo que era el reino de Castilla y la comarca de la Mancha!

(En la pantalla de proyección, aparece un rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, alegres ojos y nariz corva, aunque proporcionada, los bigotes grandes y la boca pequeña, y el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies. Es Miguel de Cervantes Saavedra.)

MIGUEL DE CERVANTES.-

(Desde la pantalla.)

“En la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía, un día de los calurosos del verano, se hallaron en ella acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años: el uno ni el otro no pasaban de diez y siete”.

EL INTRUSO.- Es gloria pura. Parece música.

GERARDO DIEGO.- Nunca la prosa castellana podrá alcanzar niveles de calidad como los que obtuvo este alcalaíno.

EL INTRUSO.- Y bien claro deja dicho que el valle de Alcudia, la última comarca de Ciudad Real antes de entrar en Córdoba, separa Castilla de la Andalucía.

GERARDO DIEGO.- Tampoco Cervantes tenía dudas sobre cuál era su región.

ANTONIO MACHADO.- No diré ahora que o Castilla o Andalucía… (Ha dicho con picardía)

Ha quedado claro que para este castellano Cervantes que acaba de atravesar la Mancha él no siente haber salido aún de Castilla, cuando llega a “los fines de los famosos campos de Alcudia”.

GERARDO DIEGO.- Aun hay quien dice que ubicó a su don Quijote en una comarca y además poco caballeresca, desde el punto de vista literario, precisamente por la parodia que eso le proporcionaba a un libro paródico y cómico como es el Quijote.

(Hay un silencio y luego dice:)

…Pero que entraña un poco de chanza hacia esta tierra.

ANTONIO MACHADO.- Yo he oído también esa teoría. En lugar de llamarlo don Quijote de Castilla, o don Quijote de Aragón o don Quijote de Gaula, es decir, reinos existentes o imaginarios, pero reinos…,

GERARDO DIEGO.- (Interrumpiendo) …Según era propio de las novelas de caballerías serias: Palmerín de Inglaterra, Palmerín de Grecia, Oliveros de Castilla, Amadís de Gaula…

ANTONIO MACHADO.- Puso a su estrafalario héroe el apellido de una comarca poco prestigiosa en el ámbito de lo caballereso precisamente para que suscitara risa y chanza, zumba y cuchufleta, ya desde su título.

GERARDO DIEGO.-Libro de humor y de chanza, como es Don Quijote, escrito para procurar unas horas de entretenimiento, según se dice en el propio prólogo.

ANTONIO MACHADO.- Lo recuerdo.

GERARDO DIEGO.- El milagro consiste en que las lindezas de estilo de quien lo compuso, lo transformaron en el prodigio máximo de la prosa castellana, como no se espera ver otro semejante en nuestra lengua.

ANTONIO MACHADO.- Sin duda.

GERARDO DIEGO.- Pero el título ya entraña una comicidad apabullante. Suficiente para que el lector que lo tomara en sus manos rodara casi por el suelo, con solo leer el encabezamiento.

ANTONIO MACHADO.- ¿Tan cómico es ese título? Se lo pregunta el catedrático de francés que soy yo al catedrático de literatura que eres tú, Gerardo.

GERARDO DIEGO.- El título debió sonar al lector de la época algo así como si nosotros en nuestros días viéramos un libro titulado como “Don Pepito de las Hurdes”…

ANTONIO MACHADO.- ¿Don Pepito de las Hurdes?

GERARDO DIEGO.- Y referido a un presunto grandioso caballero, vencedor de mil combates inverosímiles, según estaba establecido para un caballero andante cien años antes, cuando realmente interesaban las novelas de caballerías.

ANTONIO MACHADO.- Comicidad desde el primer momento. Ya desde la portada.

GERARDO DIEGO.- Así es. Con todo mi respeto a esas dos bellas comarcas.

EL INTRUSO.- Se tirarían por el suelo de risa ante la ironía y la chirigota propuesta, ya desde la cubierta del libro.

GERARDO DIEGO.- En seis palabras, siete chascarrillos de humor. Difícil de mejorar, salvo para un genio como Cervantes.

ANTONIO MACHADO.- ¿En seis palabras, siete bromas?

GERARDODIEGO.- Cuéntalas.

ANTONIO MACHADO.- A ver,

GERARDO DIEGO.- “Historia”, que no relato o novela, sino esa otra palabra más altisonante, propia para un personaje o relato elevado. “Del “ingenioso”, o sea, alguien ocurrente, gracioso, cómico, pero quizá no muy en sus cabales.

ANTONIO MACHADO- Van dos.

GERARDO DIEGO.- “Hidalgo”, es decir, noble, pero del último escalón, la capa inferior de la nobleza. Ni siquiera un caballero, por lo que escribir sobre él una historia de caballeros y caballerías no era muy comprensible.

EL INTRUSO.- Tres jocosidades en tres palabras. Faltan cuatro más en las tres palabras restantes.

GERARDO DIEGO- Pues sigo: “Don”, un título honorífico importantísimo en el siglo XVII… En esa época ni siquiera Miguel de Cervantes tenía derecho a llevarlo.

EL INTRUSO.- Cervantes ni era noble ni tenía estudios suficientes que le autorizaran a utilizar ese título. Hubiera suscitado una carcajada universal entre sus contemporáneos, si se hubiera llamado a sí mismo “don Miguel de Cervantes”.

GERADO DIEGO.- Quinta palabra y dos rasgos de humor: “Quijote”, es decir, quijada grande y acaso un poco deforme”. Y además con el aumentativo en “ote”, un poco despreciativo en castellano… Lo que entendería el lector de la época: “Don Quijada Grandota”.

ANTONIO MACHADO.- Cinco palabras y seis rasgos de humor, efectivamente, ¿y la sexta?

GERADO DIEGO.- La sexta es el remate de comicidad final, el jocundo apellido del estrafalario fantoche, impropio de un caballero de leyenda: “de la Mancha”, comarca con más fama de agrícola y garbancera que por sus héroes caballerescos.

EL INTRUSO.- En resumen, ¿qué debió de leer o entender el que tomase el libro en sus manos por primera vez?

GERARDO DIEGO.- Relato del estrafalario pequeño noble don Quijada Grandota de las Hurdes.

EL INTRUSO.- O de las Batuecas, que, respetuosamente, en otras épocas también ha sonado a tierra de escasa nombradía caballeresca.

EL INTRUSO.- El lector de la época, sólo con leer el título, acabaría por el suelo.

GERARDO DIEGO.- Probablemente.

EL INTRUSO.- Un prodigio de ingeniería de humor, propio de un mago del idioma castellano. Seis palabras y siete cuchufletas seguidas, pero elegantísimamente dichas.

GERARDO DIEGO.- Cierto que, poco a poco, Cervantes se enamoró de su creación y fue dotándole de unas cualidades idealistas excepcionales, que han labrado su gloria. Pero el propósito cómico, y hasta chusco, inicial está declarado en su título.

ANTONIO MACHADO.- En cambio, lo que fue parodia un tanto cruel a una comarca rural con fama de dar más Sanchos Panzas que caballeros hoy es casi su pasaporte para ser la tierra más conocida de España, internacionalmente.

GERARDO DIEGO.- Por mor de las lindezas y prodigios de estilo aludidas, en un mago del idioma castellano.

EL INTRUSO.- Las vueltas que da la vida, cuando se mete un genio por en medio.

ANTONIO MACHADO.- Y esa fama que ha cogido por el estilo del autor, que no por la intención declarada desde la cubierta del libro sirve para que algunos saquen pecho tan ufanos.

EL INTRUSO.- Probablemente, no lo han leído. Porque quizá bajaran más bien la cabeza.

GERARDO DIEGO.- Y hasta a partir de esa facecia, casi cruenta, quieren sustentar ahora ínfulas de región política, que tampoco la Historia certifica.

ANTONIO MACHADO.- Y presuntos historiadores gastan tiempo y dinero ubicando a don Quijada Grandota en presuntos lugares por los que dicen que pasó y en los que dicen que estuvo.

GERARDO DIEGO.- Ganas de perder tiempo, dinero y tinta. El único lugar por donde don Quijada Grandota estuvo y pasó por la imaginación de un genio llamado Cervantes.

ANTONIO MACHADO.- Y sólo en dicho lugar cabalgaba un caballo decrépito y flaco, con una armadura oxidada que estaba fuera de las normas militares desde hacía cien años.

GERARDO DIEGO.- Sobran, pues, geografías de don Quijada Grandota y sesudos estudios al respecto, que demuestran por donde van las pérdidas de tiempo de nuestros investigadores y el papanatismo de nuestra cultura.

ANTONIO MACHADO.- En lugar de estudiar a Cervantes y su estilo que es lo que importa y lo que habría que desmenuzar y estudiar.

EL INTRUSO.- Ejem (Llamando la atención sobre sí mismo.) ¿Reanudo mi intervención o doy la misma por zanjada?

ANTONIO MACHADO.- Reanude usted, joven, pero sea pronto en su lectura, que escuchamos más bien por deferencia.

EL INTRUSO.- (Continúa su declamación).

Los Montes de Toledo
altos de piedras
que según yo lo creo
comarca fueran.

Y el valle del Alberche,
tan castellano
que de Ávila se vuelve
talaverano.

Después de ir por Madrid
tan madrileño
que al pasar desarruga
todo su ceño.

Serranía de Cuenca
otra comarca es,
y su relieve muestra
cada pared.

De Castilla a la Alcarria
lo podéis ver
que es el todo y la parte
del mismo ser.

Alcudia, Jara, Mancha,
Alcarria, Montes…
Serranía, la Sagra,
diversos nombres

que están dentro de marcas
de castellana
tierra. Son sus comarcas.

Entre ellas y entre el todo
no hay distancias,
diversos nombres sólo.

Por mostrar que lo son
por un artículo
empiezan, y esa unión

muestra su condición:
es el vehículo
de identificación.

Que en lengua castellana
una comarca
va siempre articulada.

ANTONIO MACHADO.- Bien, pues es un criterio de clasificación, ciertamente.

GERARDO DIEGO.- Desde luego, es objetivo. Nada partidista. Un criterio aportado por la Historia y por la lengua.

EL INTRUSO.- (Continúa su declamación).

Las Jaras, Manchas, Sagras,
las Alcarrias, Mesa
de Ocaña, la Sierra Alta

y Baja, la Campiña…,
¡damas fijadas
por lengua de Castilla!

(Pausa. El Intruso toma aire)

EL INTRUSO.- Bueno, y ahora continuamos viaje hacia el norte.

ANTONIO MACHADO.- ¡Ah! Hasta el norte también. ¡Pues a ver adónde paramos!

EL INTRUSO.- (Declama).

II. HACIA EL NORTE

Si fuéramos en laes
subiendo, llegáramos
en comarcales viajes
aventurando

de la Tierra de Ayllón
hasta la de Osma,
la Tierra de Pinares
y la de Soria.

De las Tierras Altas
a los Cameros
y luego hasta las Riojas
por sus senderos,

la Bureba y la Lora
y la Montaña
y, previa a la Costa,
está la Liébana.

ANTONIO MACHADO.- Bien. Hemos llegado al mar, supongo que aquí se frenará la canción.

GERARDO DIEGO.- Yo también lo espero. Si continuara ya no sería una canción comarcal, sino pesquera.

EL INTRUSO-:

¡De qué modo sencillo
lengua en Castilla
articula un pasillo
que nos deslinda
geográfico anillo
de la política!

Por mostrar lo que son
por un artículo
empiezan, y esa unión

muestra su condición:
es el vehículo
de identificación.

¿Tierra con un artículo?:
Geografía.
Comarca dentro un todo
que la cobija.

¿Reino o región política?:
Su nombre suena
por sí, sin otra crítica.

¡Bastara el castellano
a deslindar
a un ente soberano
del comarcal!

¡Supieran los políticos
su lengua hablar
y ya fueran científicos
para estimar

lo que es ente legítimo
al que historiar
y qué es un ente típico
de otro total!

ANTONIO MACHADO.- Oye, pues no suena mal y cumple su función.

GERARDO DIEGO.- Ya te digo que este acompañante mío tiene alguna ocurrencia válida. No tantas como él quisiera, pero sí alguna.

EL INTRUSO. (Concluye su declamación): Y ahora la coda de la canción, para quien la quiera oír.

III. CODA

Repitámoselo aquí
a señorías,
que ni quieren ni entienden
lo que es Castilla,

o quizá sí lo entiendan,
-o aquí lo aprendan-,
pero quizá sus jefes
que no les dejan

ni ese mínimo asomo
de coherencia,
que hay mucha oculta sombra
en el sistema.

Cantémoselo a
la autoridad:
¡El y la, los y las;
no hay más que hablar!

La lengua hoy se lo dice,
y mañana
igual se lo dirá.

Que no es cuestión política
sino lingüística
y lo de conocerla es mandato

constitucional,
máxime para señorías
que la han de guardar.

¡El y la, los y las!,
¡Y no queda más tema
que averiguar,

ni eruditos que vengan
para historiar
un relato tan fácil
de relatar,

previo pago de tasas
con que tapar
historias espúreas
que cobrarán.

Por mostrar lo que son
por un artículo
empiezan, y esa unión

muestra su condición:
es el vehículo
de identificación.

Y ahora si sobre Castilla
les queda algún dilema
por dilucidar

esta cosa sencilla
les voy a recomendar:
¡que canten el poema!

¡El y la, los y las!

ANTONIO MACHADO.- Bueno, pues no está mal la coplilla, joven. Me ha gustado el ritmo cantarín. Y lo que dice… pues, hombre, se puede considerar.

GERARDO DIEGO.- Está haciendo sus pinitos, Antonio, no hay que ser muy exigente con el muchacho.

ANTONIO MACHADO.- Ya veo ya.

GERARDO DIEGO.- Inclusive, alguna cosilla le va saliendo ya con algún mérito. A ver, muchacho, recítanos esa que tienes sobre la unidad de las comarcas castellanas, que es casi complementaria de la que nos has leído.

EL INTRUSO.- Es muy larga y no me la sé de memoria.

GERARDO DIEGO.- ¿Y para qué tienes tu teléfono inteligente? Antes me la has enseñado. Si es larga, la acortas, demontre. (Confidencial, en voz más baja). Normalmente, no es así. Le debe de intimidar tu presencia, Antonio.

ANTONIO MACHADO.- (En el mismo tono). Ya. Pasa mucho en ambientes culturales.

(Normalizando la voz).

A ver, amigo mío, me encantaría escuchar esa composición que tiene usted a la unidad comarcal castellana, o como quiera que se llame; algunos fragmentos, por lo menos.

EL INTRUSO.- (Manipula su aparato telefónico, pero se da cuenta de que los papeles que le ha entregado el Muchacho entorpecen sus acciones. Por fin, dice.) Gerardo, sostenme esto mientras la busco y la leo.

GERARDO DIEGO.- (Disgustado). Dame.

EL INTRUSO.- (Concluye sus preparativos y dice:) Está bien, aquí va.

EL INTRUSO.- Se titula: CANCIÓN QUE HABLA DE LAS COMARCAS CASTELLANAS.

Y dice así:

EL HOY

Te dividieron, Castilla,
hicieron leña a tu vara,
no les fue aun suficiente
Posguerra te despoblara,

al llegar la Transición
con igual o peor saña
contigo se comportasen,
¡hasta aventaron tu casa!

GERARDO DIEGO.- Un poco más abajo, amigo mío, que esa parte es muy larga.

EL INTRUSO.- (Reanuda su lectura:)

Pero es esa agua
que pasa
de una a otra ventana
por los ojos de los siglos a otros nuevos mañanas,
por los acueductos viejos que a otros siglos manan
y que tus viejas canciones cantan
por donde yo veo tus murmullos de muchacha,
reciente, amable, tan grata,
con trenzas recién trenzadas,
orlada
de todas galas.

Y, con los siglos, me llegan eternamente palabras,
con una luz muy fresca y muy clara.

GERARDO DIEGO –(A su acompañante, en voz baja). Ahora viene una idea que comparto, Antonio, como te he dicho. Atento.

EL INTRUSO.- (Continúa con su lectura)

¡Cómo van a poder enterrarte, aunque lo soñaran,
si por ti tantas bellezas, más eternas que los políticos de ahora, hablan!
¡Volverás, Castilla, a ser dueña de tu casa,
porque en su cantar se hizo a sí misma para siempre inmortal tu alma!

Sí, son esas palabras,
que tú guardas
y te aman,
esas voces, acentos, sentidos que forjaran
tus madrugadas
desde que empezó a alborear contigo la luz del alba,
esas músicas gratas,
las que tienden delgados hilos que te llaman:
¡Castilla, Castilla, vuelve a tomar la palabra!

Para mí, Castilla, eres tan eterna y tan de alborada,
como aquella niña cidiana
que, en forma discreta, habla;
y, después de haber dicho tan dulcemente su cláusula,
retorna otra vez, serenamente, a su casa.
“Esto la niña dixo e tornose pora su casa”.

No puede morir, ni menos ser enterrada,
una niña de “nuef años” que tan dulce y tierno habla.

Sólo has de conseguir que te reconozca España
un puesto entre las demás, hermana
de tus hermanas,
y si esto así lo hiciera la plural tierra de España,
mucho mejor se te viera, a ti, Castilla, y a España,
que es la madre de sus hijas, que a todas les ha de dar agua,
de ninguna ser madrastra
y menos de la que más por ella trabajara,

Mira que aún está latiendo tu corazón y que no calla,
Castilla, niña de “nuef años”, discreta niña cidiana.

GERARDO DIEGO.- (Hablan entre ellos, en voz baja) Verdaderamente, Antonio, esa niña de nueve años del Poema del Cid es el primer personaje plenamente conseguido de la literatura castellana, después de la propia figura de Ruy Díaz de Vivar, claro.

ANTONIO MACHADO.- Ambos nos sobrevivirán a todos.

EL INTRUSO.- (Continúa su lectura)

Diles a aquellos que quisieren ir a cortarte tus alas,
que los vientos han traído viajeras fogatas
en llamas,
caminos de siglos que unen como frutos del cerezo a tus comarcas
y que quieren estar con los otros pueblos de España
agavilladas,
de gala,
rientes por bardas
y pampas,
en el mismo racimo de estirpes y de uvas, que no sobrara
ninguna. Ni ninguna de las bayas
es despreciable en las vides que buenos frutos resguardan.

¡Cómo vas a serlo tú, Castilla, aunque estés ahora sin habla,
partida en tantos pedazos, silenciosa y olvidada!

Aunque estés ahora, tierra, tan muda cual flagelada,
tu cultura se percibe, tu cultura no se acaba.
Por escrito sí que hablas,
cómo hablan
tus ciudades, tus paisajes y esos tallos y mieses en parvas
que son tus varias
comarcas.

Algo erróneo ha de haber en esta España,
puesto que a ti te enmascara.
Para que primero a mediados del siglo XX fuerzas del mal te despoblaran
y luego, finando ya aquel mal siglo, tu propia casa
aventaran.

GERARDO DIEGO-. Un momento, eso me ha sonado bien, y no me había fijado en ello. ¿Podrías repetir esa estrofa?

EL INTRUSO.- (Azarado): ¿Cuál? ¿La última? Un momento (Manipula brevemente su teléfono, y vuelve a leer).

Algo erróneo ha de haber en esta España,
puesto que a ti te enmascara.
Para que primero a mediados del siglo XX fuerzas del mal te despoblaran
y luego, finando ya aquel mal siglo, tu propia casa
aventaran.

GERARDO DIEGO.- Entendido. Y exacto, a mi entender. Sigue por favor.

EL INTRUSO. (Retorna a su lectura).

(Continua en la obra «Con Machado, esperando a Prometeo) Juan Pablo Mañueco (2015)

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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