Padre Nuestro Unamuniano de Mañueco, implorando a la Divinidad que haga su santa voluntad

PADRE NUESTRO UNAMUNIANO DE MAÑUECO, implorando a la Divinidad que haga su santa voluntad, según costumbre, y, si es posible que sea una voluntad misericordiosa, en este año de la Misericordia.

Nada nuestra que estás en la nada,
santificada sea tu nada,
venga a nosotros tu nada
hágase tu nada en la tierra como en el cielo.

No nos des hoy nada de pan como cada día
en que nosotros tenemos que trabajárnoslo duramente
con el sudor de nuestra frente, según fue tu maldición que aparece en el Génesis tan poco amorosamente.

Y nos nos perdones nada
como ni siquiera el pecado original, en el que nada
tuvimos que ver nosotros, te has dignado perdonarnos,
puesto que no nos has repuesto nada al Paraíso terrenal,
según tu primitivo plan.

Y en donde habríamos retornado si verdaderamente nos hubieras perdonado y redimido por la sangre de tu hijo Jesucristo,
Por esa obra te hubiéramos conocido en la verdad, en la bondad y en el amor de tu perdón.

Y además, ¿por qué tendrías que perdonárnoslo a nosotros
si nosotros no pecados nada en aquella Nada terrenal que nunca conocimos nada?

Nosotros en cambio, los humanos, sí que perdonamos a veces a los que nos ofenden;
no siempre, es cierto, y también es cierto que tendríamos que sacar de nuestro corazón más paz, más piedad y más perdón que son valores magníficos del alma humana,
pero no siempre ahondamos en ese manantial de virtud filantrópica que ya recomendaban los filósofos más humanos seiscientos años antes de Cristo.

No nos dejemos caer en la tentación de entregarles los bienes y riquezas que intentarán sonsacarnos los sacerdotes de cualquier fe, como ya lo vienen intentando y a menudo consiguiendo desde los tiempos de Babilonia, de Nínive o de Egipto, pues es costumbre muy antigua entre los sacerdotes que se ocupan de interpretar la voluntad de la Divinidad de turno, que solamente ellos conocen.

No te olvides de impedir, si lo tienes a bien, que caigamos en la tentación de darles nada a esos intermediarios que piden en tu nombre y se guardan tu voluntad entre los arcanos que solamente ellos conocen.

Y aunque no nos libres del mal que el destino nos tenga preparado, pues para eso todo ocurre según tu divina voluntad, haz lo que puedas en el mal que el mundo que nos rodea nos depare, si es que esa es tu voluntad.

Y si no es esa, pues para algo eres tú el único libérrimo en hacer tu Santa Voluntad y Gana, pues nada.

Amén.

Juan Pablo Mañueco (2016)
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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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