Don Antonio Machado, el Bueno y el menos Bueno, y la Verdad que hay que buscar.

Don Antonio Machado, el Bueno y el menos Bueno, y la Verdad que hay que buscar.

A DON ANTONIO MACHADO, EL BUENO Y MENOS BUENO
y la Verdad que hay que buscar.

¿Tu verdad? No, la verdad;
y ven conmigo a buscarla.
La tuya guárdatela.

Antonio Machado.
Proverbios y Cantares. LXXXV

I Tú, Antonio.

Sonar suena, moderadamente, bien, Antonio
Machado, que a veces te considerabas bueno
en el buen sentido de la palabra, y otras un demonio
de maldades que negabas en ti y veías en el otro lleno.

«¿Tu verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela»
. Pero resulta, Antonio, de contradicciones pleno,
que la Verdad llevan muchas generaciones buscándola
y no la hallan. No la hallan… Aunque han rastreado ya todo terreno.

Ni filósofos, ni teólogos, ni teósofos, ni filólogos, Antonio,
han conseguido saber cuál es ese lugar sereno
donde habita y brota la verdad, de la cual dar testimonio,
porque otro filósofo, teólogo, teósofo, filólogo lo cambia luego.

Y por otro lado está el igualmente rastreable testimonio propio
de los que jamás creyeron que haya existido la verdad en nuestro
mundo mudable, variable, volátil, tan poco lógico
que mandan los peores, los menos éticos, incluso ya sabes lo que dijo nuestro gran Quevedo.

II. El gran Francisco de Quevedo

Ya sabes que contaba que la Verdad y la Justicia se hicieron el propósito
una vez de bajar hasta la Tierra, pero no hallaron a ellas alojamiento
que resultase bueno. «¿La Verdad y la Justicia? ¡Valores sólidos
pero no en mi domicilio, váyanse a alojarse en el ajeno!».

Y después que no hallaron territorio
en la ciudad donde asentarse, fueron
a buscar acomodo
en los campos y desiertos
próximos.

Pero hasta ellas enviaron requisitorias y requerimientos
quienes usurpaban sus símbolos retóricos
entre las naciones y los pueblos,
empezando por los jueces y sacerdotes de cada territorio.

Un poco de tiempo
más estuvieron entre nosotros
la Verdad y la Justicia, alojadas en casa de la Simplicidad algunos momentos.

Hasta que viendo que no había socios
que con ellas quisieran juntar sus hechos,
determinaron dejar este planeta y territorio
y volverse al cielo
para nunca más estar entre nosotros,
dejando en este desafortunado suelo
sólo a quienes portan sus símbolos y estandartes, con que mantener su dignidad, sus relevantes negocios
y sus privilegiados puestos.

Ya sabes, Antonio,
que hay testimonios semejantes desde tiempo de los griegos.
Y egipcios, Antonio, y babilónicos,

E incluso al Dios cristiano –nuestra Verdad- le pasó eso.

Eso mismo tan repetido y tan crónico
que quien busca la verdad o dice serlo,
es paradójico…
¡pero debe abandonar de malos modos el terreno
y pronto melancólico
debe subirse o es enviado al cielo!

Mientras que aquí, con sus símbolos, otros siguen con el viejo
y provechoso
y cerrado a pocos dedos
negocio.

III Pobres de nosotros, en estos y quizá en todos los tiempos.

Ya sabes, Antonio,
que hay testimonios semejantes desde tiempo de los griegos.
Y egipcios, Antonio, y babilónicos,
E incluso al Dios cristiano –nuestra Verdad- te repito que le pasó eso.
Y a todos los regímenes políticos históricos
que uno tras otros se suceden prometiendo ser justos y verdaderos,
sin que, ¡oh, regímenes políticos melancólicos,
nunca lleguen a ser lo (mismo) que uno tras otro prometieron!

Así que, “¿Tu verdad? No, la verdad; la tuya guárdatela”, Antonio, suena moderadamente bien, es cierto.
Pero hallarla…
ni siquiera para quién a veces se consideraba bueno

y otras veces te considerabas un demonio, que veía en los otros,
lo que no quería verse en sus propios íntimos recovecos,
le resultó posible, y es que resulta harto difícil rastrear la verdad entre nosotros, Antonio.
¡A ver si va a ser verdad que la Verdad es sólo un concepto
que existe allá en el celeste, etéreo, ideal territorio…!

¡Tan en abstracto! Y que sólo existe de verdad la verdad de cada cual concreto,
y, desdichado hallazgo, que la única verdad constante del mundo y de todas sus sucesivas civilizaciones, religiones y justicias y regímenes políticos, es el amiguismo, el nepotismo y el dinero.

JPMañueco (2016)

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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