Poema XVI: Soneto en espejo a la catedral de Toledo
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Recogemos aquí el 16º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.
Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.
Soneto en espejo a la catedral de Toledo
A Ángel Vegas y Gustavo García Pérez, amigos, y a los diez campaneros de la «Gorda» de Toledo, que nos obsequiaron con esta despedida tan mágica como emotiva
Con tantos siglos como lleva estando
Toledo regia y cimera en su otero,
hemos sentido ímpetu montañero
de escalar el templo que San Fernando
erigió en el siglo trece, evocando
que en vida y ruta somos pasajeros.
Vinimos a la torre, campaneros,
tras «la Gorda» o San Eugenio. Sonando,
nos ha enseñado el cielo toledano
y al santo, sorprendido y despertado.
Torre cuyas tres coronas en tiara
su escalinata nuestro paso ya bajara.
Sensación de arbotante visitado
y octogonal planta dejó en la mano…
* * *
Mas no toda la seo es su campano,
ni la custodia de Arfe, tan nombrado,
en que columnas y ángeles tallara.
Sólo el retablo mayor se llevara
tiempo muy largo y lento y no sobrado.
Más… el Transparente aun, del sol hermano.
La sala del Cabildo está pintando
Juan borgoñés, por orden de Cisneros,
y uno tras otro obispos compañeros
su cruz y púrpura quedan llevando.
La casulla a Ildefonso otorgando
premia María a su fiel caballero.
Al salir por la puerta es altanero
el adiós campanil que está sonando.
* * *
O la Gorda se voltea de adentro,
o son siete sastres y un zapatero
que afirma la leyenda viven dentro,
junto a la campanera y el campanero.
Aunque en día risueño y milagrero
tal vez San Eugenio sea epicentro
del galante tañido bullanguero.
Que pronto volveremos a su encuentro
a todos la noticia les tranfiero.
Mas ahora, en Toledo, voy al centro,
aunque apenas al marchar me concentro
por escuchar tañer tan campanero
de la Gorda y los diez que viven dentro.
Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)
Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor
Himno a Castilla
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Recogemos aquí el ‘Himno a Castilla» compuesto por el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco.
Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.
Himno a Castilla
¡Sal a la calle, Castilla,
a proclamar la esperanza!
¡Madre nutricia frondosa,
recobrarás tu pujanza!
En cinco partes partida
quieren talarte las alas,
pero el fuego de tu yesca
se inflamará en nuevas llamas.
Han aventado tu cuerpo
como una res troceada,
han aventado tu cuerpo
¡No podrán talar tu alma!
Lo que se sabe de un todo
cuestión de tiempo es que arda,
todas tus partes, Castilla,
retornarán a tu barda.
¡Sal a la calle, Castilla,
a proclamar la esperanza!
¡Madre nutricia frondosa,
recobrarás tu pujanza!
Desde la bárdula Castro
te abrazaste a La Montaña
para levantar castillos
y sentirte castellana.
En Burgos ya te erigiste
en gótica hilera larga.
A Logroño le llevaste
tus neveros de linfa alba
y el dulce son de tu lengua
mitad ibera y romana.
Del Duero fuiste a beber
en su ballesta soriana
y en Ávila y Segovia
libaste de sus fontanas,
Valladolid y Palencia
te dieron su espuma blanca.
Cruzaste por la Transierra
a Madrid, Guadalajara,
Toledo alcor, Cuenca en risco,
Campo en Montiel y La Mancha,
Ciudad Real y Los Montes
Alcaraz y Calatrava.
¡Levántate, iza, y, erguida,
pon con otras tu palabra,
que todas las tierras, todas,
tener voz han en España!
Castilla, muéstrate bella,
satisfecha de tu habla.
¡Que suene fuerte y sonora
tu palabra castellana,
clamando por ser ya libre
y por no sentirse esclava!
¡No le faltará a esta tierra
ni alto cielo ni semilla,
que en raíz de fértil sierra
plantó su casta Castilla!
¡Salid, salid a la calle,
a proclamar la esperanza!
¡Madre nutricia, Castilla,
recobrarás tu pujanza!
¡No le faltará a esta tierra
ni alto cielo ni semilla,
que en raíz de fértil sierra
plantó su casta Castilla!
Castilla, muéstrale a todos
la hermosura de tu casa.
Que ilumine tu belleza
la antorcha que nos abraza.
Somos nosotros, Castilla,
los que iniciamos la marcha,
que nos retorne a tus brazos,
nos reponga a tu morada.
¡Salid, salid a la calle,
a proclamar la esperanza!
¡Madre nutricia, Castilla,
recobrarás tu pujanza!
¡Erguid alta la cabeza!
¡Cruzad la calle en alianza!
¡Ved de nuevo cómo empieza
Castilla a ser la que avanza!
¡Ved que viene sin tardanza
y que aflora primavera
a la tierra comunera
de Castilla al fin entera!
Madre nutricia, en tu savia
vibra otra vez la confianza
si enarbolamos la lanza
en que ondea la esperanza.
Dejarás pronto de ser
como una res troceada.
y serán agua pasada
quienes cercenan tus ramas.
¡Sed Castilla! Que no se hierra
ni a cultura ni a la entraña,
y entre las otras de España
tendrá futuro esta tierra!
¡Salid, salid a la calle,
a proclamar la esperanza!
¡Madre nutricia, Castilla,
recobrarás tu pujanza!
Copyrigth © Juan Pablo Mañueco
Derechos de reproducción reservados
Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)
Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor
Poema XVII: Ávila
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Recogemos aquí el 17º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.
Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.
Ávila
A Claudio Sánchez Albornoz, maestro de castellanía y de humanidad
Ávila en vilo vela tras la bruma,
que en foco cruzo y amor a cada piedra,
vuelo trae de almenas que son hiedra
y canto quieto en que mi tiempo esfuma.
Por solada ruta que suena y suma
siglos, ser soy que empiedra
huella suya en que medra
mi senda joven, que hoy la noche ahúma.
Hemos cumplido años, Ávila, y asuma
que quien te visitó con fuerza clara
y esbozo y trama y ofrendas en la mente
hoy vano es quiera seguir tu corriente.
Te sentó mejor tiempo que pasara.
Lucirás tras la niebla. Yo, en tu bruma.
Pero si vivo, risueño y dichoso
fue aquel joven de recorrerte brioso,
también hoy, al intuirte entre focos y tu poso.
Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)
Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor
Poema XVIII: Cuenca
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Recogemos aquí el 18º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.
Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.
Cuenca
Entre imposibles cosas que en natura
alargan su figura,
la sobre Huécar locura
a la que el río arrullos le murmura,
ésta que en Cuenca a la roca arco le hace,
por ti más la abrace,
pues piedra me procura
recuerdo tuyo y a tu amor cerradura.
Bella Cuenca fue sin duda aventura
tan grata, amable y pura
que aún en su recuerdo crece y nace
formidable ventura
del tiempo que allí ambos fuimos. Y enlace
roca, arco, casa dura
con la floresta verde y con la altura
que si hacia el cielo apunta
y con el azul ya parece junta,
a la hoz a que asoma
no la vista desploma:
siega ojo a hoz. Y a sí se ve, en su estructura.
Poema XIX: Colores castellanos, desde Usanos
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Recogemos aquí el 19º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.
Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.
Colores castellanos, desde Usanos
A Cristina de Diego y Benjamín Marián
A la propia Castilla, cuya imagen se tardará mucho en desvincular de los tópicos del 98
Viajero bajo el mar claro de nubes,
prendido entre montes blancos flotantes,
prendado entre alcor y otero verdeantes,
viendo que a mí también vuelas y subes,
sintiendo aroma de arboladas uves,
notando, en infinito azul, colgantes
níveos ir soñando ser brillantes,
creyendo en albar gasa ver querubes,
mirando cande nieve en sierra alzada,
bermeja tierra en dehesa no labrada
y negras rayas de lluvia alejada,
la alegría y dicha vi, aquí la tuve,
en Campiña de Usanos
al cielo alcé las manos,
y tú, y ella y ésta mi tierra incube,
si me faltan aquellos grises montes lejanos
o tu verdor, sereno azul y el albor cercanos
al lugar de donde le tomo el color a Usanos.
Poema XX: Sirena de Santoña
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Recogemos aquí el 20º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.
Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.
Sirena de Santoña
Relatan que la sirena
si canta entre la tormenta
es porque bonanza buena
en su corazón presienta.
En cambio sirena gime
en medio de la bonanza,
porque siente que aproxime
temporal hasta su danza.
¿Qué pasará si bonanza
no vive nunca en mi vida?
Que perderé la esperanza
de una canción no gemida.
Si mi canción siempre canta
no es porque tenga alegría,
sino que siente tormenta
noche a noche y día a día.
No digáis, aunque gemía
que estoy en paz y en alianza,
porque a la sirena mía
no va a llegar la bonanza.
Así que soy lo contrario
del canto de la sirena,
que en su acento solitario
llora al reír, ríe en pena.
Yo siempre gimo en mi ola
no por la bonanza plena,
sino porque siento sola
y en mi adentro a la sirena.
