Comienzo de la novela LA CANÓNICA

 

Comienzo de la novela La Canónica

 

 

CAPÍTULO I. EN LA PLAZA DE SANTO DOMINGO, DE ARRIACA

 

 

 

A ESAS HORAS DEL mediodía ya herido por la flecha del paso del tiempo sobre el carro del divino sol, hétenos aquí que estamos en el interior de un libro, que se titula “Viaje por Guadalajara. ¿Dónde estáis los que solíais?”, más o menos a la altura del final del capítulo XXII, poco antes del comienzo del capítulo XXIII, debajo de la torre izquierda o torre del este de la parroquia de San Ginés, en la ciudad nobilísima de Arriaca, Muy Ilustre, Muy Heroica, Muy Noble y Muy Leal a todos los regímenes que le han ido perjudicando desde tiempos inmemoriales hasta estos nuestros días, en que todo sigue más o menos igual que en los últimos siglos, porque a las tendencias en política les cuesta mucho trocar y permutar los intereses y los territorios a los que sirven, sobre todo si no hay voluntad de cambio en tales tendencias, sino más bien gusto y complacencia por el daño causado entre los gobiernos de turno a las ciudades y provincias indefensas, como es la de Guadalajara.

 

Para ubicarnos mejor entre las geografías literarias, podríamos decir que nos encontramos en un día de verano del año 2014, cuando según puede consultarse en diversas fuentes de bibliografía literaria, que estudien la novela titulada “Viaje por Guadalajara. ¿Dónde estáis los que solías?” un forastero ha arribado a la ciudad de Guadalajara, para realizar un viaje de 12 horas, entre las 10 de la mañana y las 10 de la noche, por una ciudad que conoce de antemano, incluso parece que ha vivido anteriormente en ella, y que al recorrer sus calles, avenidas, restaurantes y comercios le van evocando diferentes recuerdos, menciones y reminiscencias del pasado, que ahora se le actualizan en su memoria.

 

Nos hallamos sentados en uno de los ocho bancos dobles, semicirculares, que forman un corro frente a la fachada alba, clara y nívea de la memorable iglesia de lo que iba a ser un convento dominico en Arriaca, situado extramuros a las murallas de la ciudad al otro lado de la plaza del Mercado, en el XVI, pero quedó en iglesia sólo, porque ya en aquellos tiempos cuando no alcanzaba el dinero y el presupuesto se agotaba, había que abandonar los sueños y quedarse con lo que se había podido edificar, en este caso sólo la iglesia dominica de lo que iba a ser convento y se quedó sólo en iglesia y casi ningún recinto conventual.

 

 

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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