Y llegó la hora fatídica, las 12:19 del mediodía, cuando temblaron las aguas del Mediterráneo ante tal injusticia, cuando los políticos clavaron sus puñales ensangrentados en miles de familias desnudas, cuando consumaron la mayor aberración que he visto en mi vida a un medio audiovisual de una categoría excepcional y con unos profesionales magníficos. Canal Nou realizó el último fundido a negro.
Aunque realmente no fue un fundido, en donde la imagen se desvanece suavemente hasta el color del alma de sus asesinos, fue a corte, como un disparo en la sien, como cercenar la cabeza del cuello con un golpe seco de hacha, sin una milésima de segundo entre la vida y la muerte.
Ver los últimos instantes de la emisión, con la policía por los pasillos del Canal, fue una vergüenza de la que se van a arrepentir, sin duda. Pasarán mil fallas, dos mil Romerías de les Canyes, tres mil Hogueras de San Juan, y volverá a la memoria de todos este cierre inhumano logrado por los mismos que no supieron gestionar adecuadamente la evolución de Canal Nou. Porque ese es el problema real de este «canalcidio», de este nuevo escándalo nacional, esta vez con un medio de comunicación.
Reitero como siempre la suma importancia de las cadenas autonómicas para que no paralicen la cultura y la información de cada rincón de España. Estoy absolutamente en contra de coartar la posibilidad de que cada autonomía pueda tener un medio local y especializado en su tierra, con su idioma, con su gente y en libertad, claro. Quizás sea esto lo más difícil, porque lo que les gusta a los políticos es controlar cada titular del Telediario y regalar espacios a los que comen mansamente de su mano. Así es difícil que nada funcione.
Presiento que esto lo van a pagar en las urnas, y eso sí que les va a doler. Me temo que estas imágenes del cierre de Canal Nou no se van a olvidar jamás, pero creo que en poco tiempo volverán a estar en el aire, coincidiendo con la entrada de políticos y gestores racionales, justos e inteligentes, y que valoren la inmensa cultura y costumbres de un pueblo como el de la Comunidad Valenciana, que necesita de una televisión propia que apoye sus intereses. Los que hay ahora no sirven.