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Pienso que Zapatero es un muy mal presidente del Gobierno para España. Sin embargo, en días como hoy, veo claro que su catadura moral es, en varios aspectos, muy superior a la de la media ciudadana de este país. Entristecido, haciendo un zappeo por diversos medios digitales, compruebo hasta qué punto vivimos instalados en la decadencia ética. Con motivo de una fotografía en la que aparece el matrimonio Obama con la familia Zapatero, incluidas las dos hijas ¡menores! –con 13 y 16 años, respectivamente– del presidente español, se “aprovecha” el que éstas vistan al estilo gótico –una moda más, un estilo de ser y de sentir como cualquier otro– para mofarse miserablemente de ellas.
“La familia Monster visita a Obama”, titula Periodista Digital una nefasta crónica en la que se incluye esta frase absurda hasta la náusea: “Zapatero se arrepentirá toda su vida de haber querido emular el perfil familiar de Obama”. Al igual que hacen otros digitales, como el Semanal Digital, incluye foto-montajes en el que las ¡menores! aparecen deformadas cual monstruos horripilantes. Los “serios” El Mundo o ABC, que han colocado en su portada de hoy en papel la foto de marras, inciden con la chanza en sus páginas web. Miles de comentarios injuriosos, aberrantes y cobardes, muy cobardes, encabezados, por supuesto, por nicks que marcan su anonimato –ésa y no otra es la gran lacra de la Opinión en Internet–, aprovechan para pegar los palos más crueles a Zapatero… en la cara de sus hijas. Deplorable. El Mundo digital, ahora mismo, cuenta con más de 3.000 comentarios a tan sensacionalista noticia. La gran mayoría de ellos son de cobardes y rastreros que disfrutan insultando a unas ¡menores! por su forma de vestir o la talla de su ropa.
Creo que el presidente se equivocó incluyendo en la foto a sus hijas. Desde que es un personaje público, allá por el año 2000, cuando ganó las Primarias que le ascendieron al liderato del PSOE, siempre dejó muy claro que no quería que sus hijas aparecieran en ningún medio hasta que alcanzaran la mayoría de edad. La Ley le ampara en ese deseo. Y él y su mujer, en algo que para mí es digno de admiración, han sido meticulosos a la hora de preservar el anonimato para que sus hijas pudieran llevar una vida lo más normal posible. Sin embargo, esta foto, estoy seguro, era personal, un recuerdo familiar. Fue una indebida filtración o un interesado error –¿Quién colgó esa imagen en la galería del Departamento de Estado de EE.UU. en Flickr?– el que inició lo que no debería haber sido publicado. Es tristísimo que, avisando desde Moncloa que el presidente pedía la no publicación de la fotografía, lo que hacía ateniéndose a lo dispuesto por la Ley del Menor, fueran muchos los medios que no perdieran la “oportunidad” de traspasar la línea del morbo, el sensacionalismo y la delación. Se ha puesto en la picota a unas ¡menores! por el simple hecho de poder cargar contra su padre, el presidente del Gobierno.
Pese a que se amparen en la libertad de expresión y en un supuesto acto de valentía y compromiso al levantarse ante la “censura” –explican que desde Moncloa se pidió a la agencia EFE que no distribuyera la foto–, a los medios que así se excusan, no les cree nadie. Porque es una mentira como una casa que se erige muy por encima de la justificación poco creíble. Los medios que han publicado la imagen lo han hecho por morbo. Porque el morbo vende. Por dinero. ¿La libertad? La marca la Ley que es para todos. Yo no soy libre de matar a alguien. Si lo hago, voy a la cárcel. Los medios son libres para informar sin límites. No para, incumpliendo la Ley del Menor, publicar una foto de unas ¡menores! de las que sus padres han pedido que sean anónimas.
Entre titulares, montajes y comentarios que no son sino basura –con la honrosa excepción de los medios que hoy han perdido algo de dinero a cambio del respeto por la profesión periodística–, hoy me enorgullezco de tener un presidente –sólo en días como hoy, pues insisto en que para mí es un muy mal jefe de Ejecutivo para este país– que, antes que nada, es un padre que demuestra tener respeto por sus hijas, sin cohibirlas de ningún modo a la hora de vestirse con un estilo que, para ellas, es parte de su forma de ser y de sentir. Y es que, según he podido hasta leer y escuchar, hay quienes dicen aquello de: “¡Cómo va a ser buen presidente si no sabe ni gobernar su casa!”. Fiel retrato del que así piensa.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
