La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Paz en Peñíscola

Frente a la línea de chiringos y tiendoletas, culminando un islote unido a la barra brava, se erige esbelto y bello el castillo de Peñíscola, sede de un pontífice que acabó siendo tachado de hereje y cabezón. Ilegítimo o no, Benedicto XIII, el Papa Luna, continúa enrocado en sus dependencias palaciegas, donde en esta noche resuena un recital de música barroca y renacentista. Entre los visores, hay uno especialmente bisoño, que trata de desentrañar los armoniosos pero complejos ecos musicales. Sin embargo, los elementos se lo impiden: a un lado cuenta con un señor cargado de tinto hasta el punto de que sus ojos son ya rojo-pasión; al otro, un niño de cuatro años no deja de pegar patadas mientras no deja de visionar su minúscula videoconsola.

Sin duda, se trata de una noche especial en el castillo. Junto a las mazmorras, en una gruta ocupada por creíbles imágenes de cera de furibundos y ancianos templarios, Nietzsche y Unamuno mantienen un furibundo debate acerca de la necesidad de la existencia de Dios. La disputa llega a oídos del cielo, que replica con una tormenta de rayos iracundos. Pronto, todo el pueblo original de Peñíscola, construido desde lo alto hasta los pies de la muralla, en un andaluzado trazado de recovecos, callejuelas y cuestas, queda iluminado por un manto blanco celestial. Y eso que aún quedan algunas lunas para el derroche de la lluvia de las Perseidas…

San Lorenzo derramará sus lágrimas para todo el mundo, pero, en esta noche fresca en la ciudad castellonense, el llanto corresponde a Concha Buika. Situada abajo, en las profundidades del mar, se erige en este momento sobre una ola furiosa. En el cénit, inicia el compás de un estatuario taurino, así como el canto de ‘Ojos Verdes’. Al caer el agua, la musa revolucionaria ya ha empuñado la espada y cierra el momento trascendental entonando ‘Mi niña Lola’. En el preciso instante en el que brota la sangre del morlaco y esta se funde con el manantial que brega contra los barcos, concluye el recital de música barroca y renacentista.

El silencio es ya el dueño de todo. El beodo entregado al morapio duerme quedo; el crío, sin pilas su juguete, ha optado por rezar por la causa imposible del Papa Luna. Nietzsche y Unamuno se abrazan emocionados tras encontrar la solución a su jeroglífico. Han cesado los rayos enfadados. Ni siquiera se escucha el tañer de campanas. Tampoco las olas, pues Concha Buika es ya el mar en sí.

Definitivamente, hay paz en Peñíscola.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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