La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Europa y España también son musulmanas

Me da igual que me llamen ingenuo, utópico o entregado al más absoluto buenismo. Tengo una convicción profunda: la inmensa mayoría de la gente es normal; con sus defectos, pero no una alimaña asesina o que justifica monstruosidades como la del viernes en París. La inmensa mayoría de los musulmanes que viven en Europa no son violentos ni justifican en modo alguno el terrorismo. Casi todos forman parte de nuestras sociedades desde hace muchos años. Sus abuelos y padres vinieron como migrantes socioeconómicos: han ido a nuestras escuelas, viven en nuestros pueblos y barrios.

¿Dónde está el problema? No es en la educación: ellos, como todos, reciben correctamente el mensaje de que todos somos ciudadanos con los mismos derechos. El problema está cuando, al llegar a casa, muchos de los que viven en los extrarradios de las grandes capitales lo hacen en condiciones de marginalidad, en guetos, olvidados por el Estado que prácticamente renuncia a entrar y hacerse presente en dichos espacios. Esos jóvenes alumnos ven que el mensaje recibido en clase no concuerda con su realidad. Comprueban que no hay integración real, que es una mentira. Basta un contacto más estrecho con un imán desnortado o una mala compañía que frecuenta ambientes fundamentalistas, y ahí está: la llamada a la aventura, a la revolución de “luchar por los tuyos, por tu Dios”. Aunque ese joven haga años que no pisa la mezquita, que bebe, fuma y folla con chicas de su clase con ocho apellidos europeos.

Eso sucede especialmente en Francia y en Reino Unido, en París y en Londres. Apelo, por una vez, al modelo español. Con nuestros muchos defectos, nuestra sociedad es mayoritariamente acogedora y huye de discursos xenófobos. En Madrid, en Barcelona, hay barrios poblados en buena parte por musulmanes cuyos abuelos y padres llegaron un día en busca de una vida mejor. En 2007 entró en España casi un millón de migrantes; muchos latinos, muchos de África y Asia. Y no pasó nada (hoy algunos quieren hacer ver inasumible que 700.000 refugiados sean acogidos en toda la Unión Europea). Muchos viven en barrios de las grandes ciudades, otros en nuestros pueblos. Hay situaciones de marginalidad, pero Lavapiés (hablo de lo que conozco, Madrid) no es un gueto. No es tan radical la distancia entre lo que se dice en la escuela y lo que luego depara la vida real. Con nuestros muchos pasos a dar hacia la verdadera integración, el nuestro es un buen modelo a seguir. Hay convivencia, muchos relatos de normalidad, de sana vecindad. Hagámoslo ver.

España es lo que es por quienes han configurado su Historia: celtas, íberos, romanos, musulmanes, progresistas, conservadores, revolucionarios, nobles, cristianos, judíos, ateos, agnósticos, nacionalistas, emigrantes que luego volvieron… Todos han conformado nuestra identidad. España es convulsa, un soplo de viento, no una masa amorfa y sin alma, un bloque de granito. Hoy, somos lo que somos en buena parte por quienes han llegado por el Estrecho, en avión o en autobús. Desde Europa del Este, Asia, África y América Latina. Nuestra España de 2015 es diferente de la de 1970. No cerremos ahora nuestra puerta a las cientos de miles de personas que huyen de guerras de las que en buena parte somos cómplices. Es la hora de seguir siendo España y Europa, de no traicionar nuestra esencia. Por mucho que haya aparecido un pasaporte que, aparentemente, nos diga que una de las siete alimañas que nos han hecho llorar en París entró en Grecia como refugiado.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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