La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Una Iglesia que abrace de verdad a los transexuales

Lo siento, pero no puedo. Soy un cristiano errante, débil, hedonista, apasionado por lo mundano. Pero nunca me he salido del camino que busco que sea siempre el que marque mi discurrir vital: ser cristiano hasta el final, tener verdadera fe en la vida eterna, en el mensaje que encarnó con su vida y su muerte Jesús de Nazaret. No disfruto yendo a la contra, no anhelo provocar… Solo me exijo ser sincero conmigo mismo, con mi conciencia. Lo siento, pero no puedo comulgar con la carta que los obispos de Alcalá de Henares y Getafe (el primero es el mío) han escrito sobre la nueva legislación con la que la Comunidad de Madrid busca regular una correcta vivencia de la transexualidad, facilitando el derecho al cambio de sexo. En dicha carta, nuestros pastores llaman a la “emergencia cívica de los católicos” y a no “mirar hacia otro lado o juzgar de manera indiferente el proyecto de ingeniería social que estamos sufriendo en el ámbito personal, familiar, social y político”.

No soy teólogo, sino un laico a pie de calle, pero tampoco me son ajenos pronunciamientos como estos: “Es el imperio de la técnica promovido por quienes detentan el poder global mediante el Gran Dinero. El precio a pagar es renunciar a toda verdad sobre el ser humano. Ya no se trata solo del relativismo, es la entronización del nihilismo. Con estos presupuestos, uno puede definir su orientación sexual, prescindiendo del lenguaje del cuerpo”. Tampoco me es ajena esta argumentación: “Conviene contemplar en su conjunto las distintas piezas del puzle: injusticia social (con la síntesis del marxismo y el liberalismo), ecología idolátrica y fragmentada, anticoncepción, esterilización, aborto, ‘amor romántico’, divorcio, ‘amor libre’, técnicas de reproducción asistida, ‘pornificación’ de las relaciones personales y de la cultura, sexualidad sin verdad, usurpación deliberada de la filiación natural de los niños, manipulación hormonal/amputación y extirpación de órganos sanos/reasignación de la identidad personal, eutanasia y suicidio asistido, manipulación de embriones, ‘poliamor’, realidad virtual sustitutiva, etc., son solo una parte de los escalones, programados, científica y sistemáticamente, en orden a la deconstrucción de la ‘identidad-misión’, querida por Dios para el ser humano”.

Insisto, llevo años escuchando y leyendo con atención este argumentario que se podría resumir en esta frase que redacto a mi libre albedrío, sin temor a equivocarme: “Vivimos inmersos en la ideología de género”. Esto lo han defendido y defienden la abrumadora mayoría de los sacerdotes, obispos y papas en las últimas décadas de apogeo de la técnica. Lo conozco perfectamente. Y… lo siento, pero no puedo aceptarlo.

Sí, la familia recibe muchas amenazas y la Iglesia debe clamar contra ello. Pero no podemos dejar pasar por alto los casos individuales. ¿Cuántos homosexuales lo son desde que tienen uso de razón? ¿Cuántos transexuales llevan una vida de miseria absoluta, de soledad, de abandono, de incomprensión por sentirse esclavos de su propio cuerpo? “Es demasiado fácil apelar a la libertad y a la felicidad, la vida es a veces un valle de lágrimas y hay que aferrarse a la Cruz como Jesús lo hizo”. Esta es la respuesta de la gran mayoría de pastores ante estas situaciones. Entro en sus cabezas y los entiendo, pero no puedo evitar responderme: “A lo mejor lo fácil es apelar siempre a la inmaculada doctrina y, con el escudo de que se respeta a todo el mundo, no pasa nada si evitamos dejarlos tirados sin más y no hacemos como que su sufrimiento no existe. Tal vez podemos abrazarlos en silencio o recordar esto: Dios nos hizo también para ser felices. Empezando por esta vida terrenal, si es posible”.

Si es por facilicidades, me quedo con lo que me clama el corazón y lo proclamo a los cuatro vientos: si eres homosexual, acéptate y sé feliz buscando encontrar a alguien de tu mismo sexo con el que compartir tu vida. Si eres transexual y vives un infierno en vida, aun consciente de lo doloroso que ha de ser afrontar una operación de cambio de sexo, no seré yo el que te arroje la primera piedra si lo haces y buscas vivir acorde a tu auténtica naturaleza. ¿Que algunos pueden conocer el cáliz del dolor y saberse equivocados al fin? Por supuesto que los habrá, pero es su vida y deben caminar según su razón y su corazón. Lo que es evidente, por mucho que algunos lo nieguen, es que la inmensa mayoría de los que se conforman con vivir una vida de mentira acaban devastados.

Si soy yo el que me equivoco por escribir esto y llega un día en que lo veo así, seré el primero en pedir perdón. Pero hoy no quiero callarme en este fuego que me abrasa por el miedo a que me tachen de provocador o mal cristiano.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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