Ojo al parche que el pelirrojoa de la Casa Blanca es capaz de cualquier cosa.
La situación podría parecer un guion reciclado de 2019, pero el tono ha cambiado. Donald Trump ya no se refiere a Groenlandia como “una gran operación inmobiliaria”, sino que la presenta como un objetivo estratégico del que afirma que Estados Unidos hará “algo, por las buenas o por las malas”.
La mayor isla del mundo ha pasado de ser objeto de memes a convertirse en un tablero clave en la lucha entre Washington, Moscú y Pekín.
En medio de esta disputa geopolítica, Groenlandia atraviesa un momento político complejo: hay un fuerte anhelo de independencia respecto a Dinamarca, un resentimiento inuit aún latente por décadas de políticas coloniales, y una población que responde con un mensaje claro y directo: “Groenlandia pertenece a los groenlandeses”.
Qué busca realmente Trump en Groenlandia
Trump y su equipo han dejado claro su propósito: controlar el territorio, no solo utilizarlo como base militar.
Los puntos recurrentes en sus discursos y en el debate estratégico son evidentes:
- Posición militar:
- Control del paso entre el Atlántico Norte y el Ártico (la brecha GIUK: Groenlandia–Islandia–Reino Unido), esencial para rastrear submarinos y buques rusos.
- Refuerzo del papel de la base de Thule, vital para radares y defensa antimisiles.
- Competencia con Rusia y China:
- Trump repite que, si Washington no actúa, “Rusia o China ocuparán Groenlandia”.
- Presenta la anexión como una cuestión de “seguridad nacional” y “seguridad económica”.
- Recursos naturales y rutas:
- El deshielo permite nuevas rutas marítimas y acceso a minerales críticos y tierras raras.
- Interés por parte de empresas petroleras y mineras estadounidenses, a las que Trump ya ha convocado para discutir tanto sobre el Ártico como sobre Venezuela.
- Control político, no solo presencia:
- A pesar de que un antiguo tratado de defensa con Dinamarca ya permite bases en Groenlandia, los expertos destacan que no es necesario “poseer” la isla para garantizar seguridad.
- No obstante, Trump insiste: “Cuando la poseemos, la defendemos”.
En la práctica, el plan contempla:
- presión diplomática sobre Dinamarca,
- negociación económica con Copenhague,
- y una estrategia cada vez más directa hacia la población groenlandesa.
Aquí surge la cuestión del resentimiento inuit.
El resentimiento inuit: una herida que Trump cree poder aprovechar
En Washington se ha instalado una idea: hay un “profundo resentimiento inuit” contra Dinamarca que podría abrirle puertas a Estados Unidos. Tanto Trump como altos funcionarios han hablado abiertamente sobre “explotar” ese malestar histórico con la metrópoli danesa.
Este resentimiento tiene raíces profundas:
- Durante años, las autoridades danesas llevaron a cabo políticas coloniales que impactaron directamente a las comunidades inuit:
- Separación forzada de niños inuit de sus familias en los años cincuenta bajo el pretexto de “integrarlos”.
- Reubicaciones masivas desde pequeños asentamientos costeros hacia bloques de apartamentos en Nuuk, muchas veces sin su consentimiento.
- Investigadores locales mencionan un daño intergeneracional, cambios drásticos en la identidad comunitaria y una sensación generalizada de ser considerados “ciudadanos de segunda”.
Esta memoria se traduce en:
- campañas simbólicas contra figuras coloniales danesas,
- una narrativa extendida sobre injusticias históricas,
- y una mayoría social que ya no ve a Dinamarca como modelo natural, sino como un socio incómodo que se tolera mientras se prepara la salida.
Trump considera que este resentimiento podría inclinar la balanza hacia Washington. Su equipo contempla varias estrategias según han filtrado análisis e informes de centros especializados:
- Ofrecer a Groenlandia un estatus de territorio asociado o incluso convertirla en estado dentro de EEUU, desvinculándola de Dinamarca.
- Proponer un ambicioso plan de inversión:
- Infraestructuras,
- creación de empleo en sectores energético, minero y logístico,
- ayudas directas a las familias.
- Considerar incluso pagos directos por persona para facilitar un referéndum favorable a la anexión.
En resumen: su apuesta consiste en presentar a Estados Unidos como la vía rápida para liberarse de una metrópoli que muchos inuit consideran responsable de años de abusos.
Sin embargo, el problema para Trump es que esta estrategia está generando efectos contrarios.
De proestadounidenses a anti-Trump: reacción inuit y groenlandesa
Los conocedores cercanos a la isla coinciden en algo incómodo para la Casa Blanca: hasta hace poco existía un clima social más bien proestadounidense y anti-danés. La presencia militar estadounidense no generaba rechazo masivo, y el imaginario cultural americano tenía buena aceptación.
Las cosas han cambiado considerablemente:
- El explorador Ramón Larramendi, con cuatro décadas observando Groenlandia, resume este cambio drásticamente: “Trump ha logrado generar un sentimiento antiamericano” mientras acerca nuevamente a la población hacia Dinamarca.
- Según su perspectiva, si Washington hubiera planteado un estatus asociado con enfoque “seductor” y respetuoso hacia las sensibilidades locales, podría haber tenido opciones favorables.
- En vez de eso, las amenazas sobre “hacer algo por las buenas o por las malas” han activado una respuesta nacionalista verde y blanca típica.
El punto decisivo ha sido la respuesta conjunta del ámbito político groenlandés:
- Los cinco partidos representados en el Parlamento (Inatsisartut) han suscrito una declaración conjunta con varios mensajes clave:
- “El futuro de Groenlandia lo deben decidir los groenlandeses.”
- “No queremos ser estadounidenses ni daneses; queremos ser groenlandeses.”
- Rechazo explícito al “desprecio” mostrado por Trump hacia la isla e insistencia en detener cualquier “intromisión” externa.
El texto subraya que:
- Groenlandia se rige por el derecho internacional y su Estatuto de Autonomía.
- Sus ciudadanos eligen su propio gobierno y parlamento, que ya colabora con EEUU y otros países occidentales desde una posición autónoma.
En consecuencia, el intento por capitalizar el resentimiento inuit contra Dinamarca ha desencadenado otro tipo nuevo: uno dirigido ahora hacia Washington.
El escenario interno: tendencias políticas en Groenlandia
Mientras Trump intensifica su retórica, Groenlandia enfrenta su propio debate interno sobre lo que le espera. Las últimas elecciones anticipadas fueron convocadas precisamente bajo un clima caracterizado por:
- Un deseo mayoritario por alcanzar independencia,
- Preocupación ante las amenazas provenientes desde Washington,
- Y dudas acerca de si sería viable romper rápidamente con Dinamarca.
Algunos rasgos centrales del panorama político local son evidentes:
- Mayoría independentista social:
- Encuestas recientes indican que una gran parte desea separarse eventualmente de Dinamarca.
- El objetivo no es convertirse en un satélite estadounidense sino establecerse como un estado propio reconocido.
- División acerca del ritmo y modelo:
- El partido Inuit Ataqatigiit (izquierda ecologista) defiende mantener el statu quo a corto plazo,
proteger el medio ambiente,
avanzar hacia la independencia gradualmente. - La oposición más soberanista exige:
independencia “ya”,
expansión minera,
mayor turismo y pesca,
reglas ambientales más flexibles para financiar al nuevo Estado.
- El partido Inuit Ataqatigiit (izquierda ecologista) defiende mantener el statu quo a corto plazo,
- Eje económico–climático:
- El deshielo abre nuevas rutas comerciales pero también amenaza modos tradicionales de vida.
- Parte del electorado teme repetir patrones coloniales: cambiar un amo por otro mientras se ofrece empleo fácil en minas o plataformas.
En este contexto, la presión ejercida por Trump está teniendo efectos paradójicos:
- Refuerza el discurso sobre cómo Groenlandia debe decidir sola sin depender ni de Dinamarca ni tampoco de Washington;
- Une a partidos que suelen discrepar sobre casi todo excepto respecto a una línea roja común: no aceptar ninguna anexión forzada o condicionada por amenazas.
¿Cómo podría acercarse Trump al control práctico sobre Groenlandia?
Sobre el papel, no hay una vía legal sencilla para que Estados Unidos “se adueñe” de Groenlandia sin contar al menos con el consentimiento tanto de Dinamarca como del propio territorio groenlandés.
Las opciones discutidas entre diplomáticos estratégicos se agrupan en tres enfoques posibles:
1. La vía del pacto con Dinamarca
Una compra o cesión negociada del territorio similar a lo ocurrido con Alaska en el siglo XIX.
Sin embargo, presenta obstáculos importantes:
- Oposición frontal del gobierno danés al considerar esta idea “inaceptable”, viéndola como amenaza para la seguridad europea;
- Advertencias sobre cómo cualquier movimiento violento en Groenlandia podría desestabilizar toda estructura dentro de OTAN tras1945 ;
- Un rechazo casi total entre los ciudadanos europeos hacia esta propuesta.
Hoy parece políticamente inviable esta opción.
2. La vía groenlandesa: referéndum e cambio simbólico
Trump podría intentar implementar dos fases:
- Apoyar públicamente la independencia
de Groenlandia respecto a Dinamarca:- Financiar infraestructuras,
- Prometer acceso preferencial al mercado para productos pesqueros o minerales,
- Crear programas educativos junto con empresas estadounidenses.
- Una vez alcanzada dicha independencia,
presentar una “asociación estratégica”
que convierta efectivamente a Groenlandia en:- Territorio asociado,
- O incluso nuevo estado dentro del país si existe mayoría suficiente para ratificarlo desde Washington.
Elementos positivos:
- Sintoniza bien con deseos groenlandeses por romper vínculos daneses;
- Se apoya también sobre narrativas relacionadas con “autodeterminación”.
Elementos negativos:
- El actual rechazo explícito hacia ser estadounidenses ,,;
- Temores acerca caer bajo otra dependencia externa;
- Fragmentación interna respecto cuánto sacrificar medio ambiente buscando ingresos adicionales.
3. La vía coercitiva o fuerza bruta
En sus discursos, Trump no ha descartado recurrir al poder duro. Ha mencionado hacer algo aunque les desagrade e incluso no descarta usar fuerzas armadas ,,,. Algunos escenarios discutidos incluyen ,,,,:
- Refuerzo significativo militarmente hablando tanto desde Thule como otros puntos estratégicos.
- Establecimiento ampliado zonas estadounidenses vigentes.
- Condicionamiento ayudas junto cooperación aceptando estatus político especial.
- Presiones diplomáticas extremas dirigidas hacia Copenhague junto Unión Europea.
No obstante este camino tendría costos extremadamente altos:
- Profunda fractura dentro OTAN así como relaciones transatlánticas ,,;
– Posición crítica parte Congreso estadounidense donde senadores republicanos ya muestran oposición ante idea anexión forzada ;
– Respuestas jurídicas junto políticas ONU podrían surgir alegándose infracción principios soberanía territorial integridad nacional.
Bajo tales circunstancias incluso poblaciones críticas hacia dinamarqueses podrían cerrar filas junto Copenhague ante agresiones externas tal cual comienza intuirse reacciones partidos groenlandeses ,,,.
Hacia dónde puede llevar este pulso
El margen operativo disponible para Trump existe aunque se reduce notablemente:
– Dentro mismo territorio groenlandés cada amenaza adicional refuerza noción identificación independiente tanto respecto Copenhague así también Washington. Que todos partidos hayan alineado contra presiones externas es síntoma madurez política más allá debilidad ,,.
– En Copenhague junto Europa; actualmente simboliza defensa orden internacional basado soberanía derecho justo cuando UE busca incrementar influencia región ártica ,,.
– En Washington; parte establecimiento militar político considera tratado vigente defensa suficiente sin necesidad arriesgar choques diplomáticos innecesarios ,,,.
Si realmente desea acercarse control efectivo sobre este remoto rincón planetario tendrá elegir entre dos estrategias marcadamente distintas:
– Mantener tono elevado arriesgando crisis OTAN alimentando nacionalismo creciente entre groenlandeses;
– O moderar discurso apostando acuerdos graduales cuidando sensibilidades locales ofreciendo algo ausente hoy; proyecto donde palabra clave sea autogobierno real garantizado .
Por ahora; habitantes repiten frase común comunicados mítines redes sociales : “No queremos ser estadounidenses ni daneses; queremos ser groenlandeses.”,,. Mientras hielo se derrite rutas articas abren pregunta ya no gira solo entorno qué hará Trump sino cuánto estará dispuesto arriesgar mundo ese pequeño trozo mapa blanco.
