No más Mentiras

Antonio García Fuentes

VIAJE A PAÍSES ALPINOS III

VIAJE A PAÍSES ALPINOS III

A las nueve y diez minutos estamos entrando en Barcelona, aquí encontramos brumas e incluso nos caen algunas gotas de lluvia; un termómetro electrónico de grandes dimensiones y que veo instalado en un edificio cercano, marca la temperatura (doce grados centígrados) a lo lejos se ve el famoso «Tibidabo» y a cuyos pies se extiende la ciudad… Bellísima montaña de 532 metros de altitud, la que hoy afea, la horrible torre (moderna) de comunicaciones, recientemente instalada en una de sus laderas.
Entramos por la denominada «Gran Vía de las Cortes Catalanas», pasamos por la Plaza de España, donde se encuentra la entrada a la Feria Internacional de Muestras y frente a la misma, una de las dos plazas de toros con que cuenta la ciudad.- La circulación no es muy densa, al menos en esta parte de Barcelona y pese a que hoy es lunes, lo que nos facilita la circulación puesto que tenemos que atravesar la ciudad.
Como vamos bien de tiempo, nos detendremos treinta minutos y lo hacemos en la denominada «Plaza de la Universidad», donde se encuentra el viejo e inicial edificio de la misma y que data del siglo XV o XVI (según nos dice el guía) algunos viajeros bajan a comprar algo urgente en una cercana farmacia o a dar un pequeño paseo por los alrededores, yo no lo hago ya que sigue lloviznando y el día es desapacible, por tanto este tiempo lo dedico a tomar notas de «esta primera noche de viaje».
Transcurrido este tiempo de descanso, se nos ofrece una visita «panorámica» de la ciudad (desde el autocar) y la realizamos, principalmente por las famosas «ramblas», el puerto y algunas de las calles adyacentes al barrio gótico, así como visita a la obra cumbre de Gaudí («La Sagrada Familia»).- Observo cerca del puerto y al pasar por las «atarazanas», cierta «abundancia» de vagabundos que en aquellos soportales, tienen instalada su residencia o lugar de pernocta; se ven aún acostados en improvisados lechos… nada nuevo, es «algo que también prolifera en la grande y rica ciudad desarrollada»… de cualquier lugar del mundo…. pobres diablos (pienso con sentimiento piadoso).
Terminado este corto recorrido, continuamos viaje y enfilamos la autopista que nos llevará a la frontera francesa y concretamente a La Junquera, último núcleo español y puesto fronterizo con Francia; donde llegamos sobre las doce de la mañana.- Tenemos prevista la comida en este lugar, en el que abundan diferentes establecimientos de hostelería, comemos en el restaurante «Puerta de España», donde se nos sirve una buena comida española, de la que vamos a sentir nostalgia en días próximos, ya que comeremos «al gusto de otros países».
Como vamos bien de tiempo, hemos descansado, tomado tranquilamente café y yo incluso puedo fumar tranquilo… «un buen trozo de mi habitual puro canario» (el resto lo fumaré en la trasera del autocar en el que jocosamente denomino «salón de fumadores».(En esa época aún no había llegado la prohibición de fumar aquí)
El día nos ha mejorado a la salida de Barcelona (esta mañana) y nos ha lucido un sol espléndido, si bien la temperatura ya es bastante fría (hace viento) hemos visto las vertientes de los Pirineos, cuyas cumbres hemos apreciado totalmente nevadas y las que muestran una bella estampa enmarcada en un cielo azul limpísimo y propio de esta España nuestra, que pronto dejaremos atrás.
Entramos en Francia sobre las tres de la tarde y nos acompaña el buen tiempo toda la tarde.- Vamos cruzando campos y extensas llanuras, todos bien cultivados y los que no describo por cuanto habría de repetirme en cuanto ya relaté en mi viaje del año pasado, en el que crucé Francia de Sur a Norte y en el que me sorprendió la inmensa riqueza agrícola de este país.
Mientras va cayendo la tarde, vamos pasando por las cercanías de Perpiñán, Narbona, Béziers, Montpellier, Nimes, Arlés… ciudades por las que «cruzamos» a muy buena velocidad, ya que las muy bien cuidadas autopistas francesas, permiten ello y pese a la abundancia de vehículos, la circulación es bastante fluida. Por ello a las seis de la tarde (ya es noche en Francia) llegamos a nuestro destino, cual es… Aix en Provence (capital, que fuera, de la antigua Provenza y donde realizara la mayor parte de su (hoy) famosa obra, aquel «pobre pintor» que en vida se llamó Vicent van Gogh)… llegamos un poco después al hotel «Mascotte», que es donde tenemos reservadas habitación y cena; y donde tomamos nuestros aposentos con verdadera necesidad de aseo y reposo; y ello por causas fáciles de comprender… «hemos recorrido aproximadamente mil cuatrocientos kilómetros y hemos permanecido casi veinte horas de un viaje agotador».
Hora y media después y como se nos ha propuesto «una visita nocturna a la ciudad» (nos encontramos en las afueras) subimos al autocar y nos encaminamos a visitar esta vieja y universitaria ciudad, ya famosa en el medievo… nos bajamos en el centro, hace un frío «polar», la ciudad se nos muestra casi desierta, a pesar de la temprana hora que es (al menos para nosotros) está poco iluminada y por todo ello esta visita, nos resulta poco atractiva y bastante desapacible, el comercio ya ha cerrado; algunos bares y restaurantes permanecen abiertos, si bien se aprecian poco frecuentados y por ello, la impresión que me llevo es de una ciudad solitaria, un poco abandonada en su limpieza otoñal (montones de hojas caídas del abundante arbolado lo atestiguan) triste en demasía; puede que sean las circunstancias climáticas y la verdad sea otra, pero «yo digo lo que vi», al recorrer sus viejas y antiguas calles, que son estrechas y mal pavimentadas y en las que abundan los obstáculos.
Volvimos una hora después al autocar y llegamos ateridos de frío y deseando volver al hotel para reconfortarnos de esta gélida temperatura, que acentuó un frío vientecillo que, «cortaba como afilado cuchillo», el rostro y sobre todo la nariz y oídos.
Cenamos aceptablemente bien y tomando un poco de vino «corriente de la tierra», el que nos cobran «a precio francés» («más del doble que en España») y después puedo reposar un poco en el hall del hotel donde me fumo mi segundo puro, aun cuando estoy deseando ir a la cama, pero mientras fumo… mantengo una agradable charla con Carlos (nuestro guía) todo lo cual me reconforta bastante de la vorágine de tan agitado día.
Sobre las once de la noche «caigo rendido en la cama».

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (Aquí más temas)

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Antonio García Fuentes

Empezó a escribir en prensa y revistas en 1975 en el “Diario Jaén”. Tiene en su haber miles de artículos publicados y, actualmente, publica incluso en Estados Unidos. Tiene también una docena de libros publicados, el primero escrito en 1.965, otros tantos sin publicar y mucho material escrito y archivado. Ha pronunciado conferencias, charlas y coloquios y otras actividades similares.

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