LA VERDAD SOBRE LA MUERTE DE “EL ESTUDIANTE”
“La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera”.
Guillermo de Ockham
Desde que leí por primera vez la “Meditación XVII” de “Devotions Upon Emergent Occasions and Death’s Duel” (1623), cada vez que recibo la triste nueva de que alguien ha finado sus días en el planeta Tierra, vuelvo a rememorar indefectiblemente los renglones que otrora escribiera John Donne (“La muerte de todo hombre me disminuye, porque formo parte de la humanidad; por eso, no preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”), según opinión compartida por crítica y público lector, excelente poeta metafísico inglés. Ergo, como lamento profundamente el fallecimiento (que no miento) de cualquier hombre (hembra o varón), hoy, aquí y ahora, verbigracia, siento, sin excepción, todas las muertes acaecidas en el orbe, especialmente, las acontecidas inopinada y recientemente en Lorca, tras el “presismo” y terremoto o seísmo y réplicas ocurridos en la citada localidad murciana. Sobre todo, porque dos de las personas fallecidas eran mujeres que estaban embarazadas.
Sin embargo, el motivo precipuo o la razón esencial de ponerme a redactar estas líneas es haber leído informaciones contradictorias (ni que estuviéramos en una guerra —que acaso lo estemos; no descartemos de antemano esa posibilidad— sin cuartel) a propósito del óbito del disidente cubano Juan Wilfredo Soto García, “El Estudiante” (alias con el que fue rebautizado por sus compañeros de ideas y calabozo, al haber sido detenido por primera vez a la temprana edad de los 16 años), miembro de la Coalición Central Opositora y militante del Foro Antitotalitario Unido, en el hospital provincial Arnaldo Milián Castro, de Santa Clara, ciudad central de la isla caribeña, a unos trescientos kilómetros de distancia de La Habana.
Me sumo a la iniciativa de la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT), coalición internacional de organizaciones no gubernamentales (ONGs), creada en 1986, que busca o tiene como principal objetivo luchar contra la tortura, las ejecuciones sumarias, las desapariciones forzadas y cualesquiera otros comportamientos que sean cruentos, violentos, infames, inhumanos o despreciables; organización, itero, que ha remitido una carta abierta a Raúl Castro, actual presidente de Cuba, haciéndole llegar y saber su honda preocupación por las controvertidas circunstancias que han rodeado el fallecimiento del citado discrepante cubano, pidiéndole que ordene una investigación inmediata, independiente, exhaustiva e imparcial a fin de que se conozca toda la verdad sobre el caso y que, en el supuesto de que los haya, los presuntos responsables de la muerte del opositor al régimen, una vez juzgados y hallados culpables, no queden impunes. De igual modo, le solicitan al máximo mandatario cubano que los resultados que arroje dicha investigación se hagan públicos y que, si fuera distintivo, pertinente y relevante, se les garantice a los deudos del finado que serán compensados.
No obstante ha trascendido un informe médico de Juan Wilfredo del año pasado, en el que pueden leerse los diversos padecimientos de salud del disidente, se sospecha que la muerte por pancreatitis aguda, causa de la defunción, según el parte médico que se les entregó a los familiares, obedezca más a la paliza que le dieron varios agentes de la policía que a la suma de enfermedades que sufría: colesterol (malo), diabetes, hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca, entre otras.
Según la versión del periodista Guillermo Fariñas, Premio Sajarov de la Eurocámara a la libertad de conciencia 2010, célebre por sus pulsos al castrismo en forma de huelgas de hambre, que logró hablar con el interfecto, Soto García se hallaba sentado en un banco del parque Vidal. Dos policías se le acercaron y le pidieron que se identificara. A renglón seguido, le obligaron a que circulara. Él les contestó que era un hombre libre y que se quedaba donde estaba. Los agentes lo esposaron y golpearon. Lo llevaron a la sede policial y, desde allí, al hospital. Esto ocurrió el jueves, 5, del corriente mes. Juan Wilfredo murió el domingo, 8.
Muchas veces, demasiadas, ni aun haciendo un uso recto, correcto, de la navaja que le pedí prestada a Guillermo de Ockham, uno consigue pelar o mondar convenientemente la fruta más apetitosa y jugosa del mundo, la verdad.
Ángel Sáez García
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